
Comprar un ventilador es una buena opción, porque tiene muchos beneficios. Proporciona un ambiente fresco a un precio muy asequible y sin demasiados gastos derivados. Además, puedes escoger uno especialmente para utilizarlo como parte de la decoración de tu hogar, de modo que siempre quede bien, tanto en verano como en invierno. Existen algunos, incluso, que tienen también función de lámpara y puedes utilizarlos de ambas formas.
En general, el aspecto más positivo del ventilador es su versatilidad combinada con la capacidad de refrigeración y el ahorro eléctrico y económico que supone. Son muy fáciles de utilizar e, incluso, algunos tienen mando a distancia incorporado para que su manipulación sea mucho más sencilla.
Además, gasta mucha menos energía que un aire acondicionado. Si tienes un ventilador que funciona a unos 20w o 60w, gastará casi un 50% menos de energía que lo que lo haría un aire acondicionado. Por otro lado, son ecológicos y no son nocivos para la salud, porque no dan aire frío, solo disminuyen la temperatura.
A pesar de todo esto, el ventilador también tiene algunos inconvenientes destacables: son peligrosos para los niños, pues si no se encuentran ubicados en lugares poco accesibles para ellos pueden llegar a hacerse daño con las aspas. Ten en cuenta que es un aparato que gira, por lo que atraerá sumamente su atención.
Además, aunque haga también de función de lámpara, no es un sustitutivo de ella. Es decir, se puede utilizar como luz complementaria para dar más ambiente al hogar, pero solo con la luz que desprende un ventilador adaptado a estas necesidades no se podrá iluminar correctamente una habitación tal y como lo haría una lámpara. Dentro del ventilador existen diversos tipos que tienen sus propias características:

El aire acondicionado puede refrigerar la temperatura ambiente y disminuir la de una habitación. El funcionamiento de estos aparatos consiste en enfriar y limpiar el aire, además de controlar la humedad de la habitación para que ésta no se exceda. Una de las mayores ventajas que tiene es que se puede regular la temperatura en función de calor que haga en cada momento.
Lo recomendable, normalmente, es poner una temperatura de alrededor de 23-24ºC, de este modo no se gastará tanta electricidad porque el aparato no necesitará hacer un esfuerzo excesivo. Además, gracias a él, el aire de la habitación se irá renovando poco a poco, lo que hace que mejore la respiración.
También, al bajar la temperatura de la habitación, se consigue aumentar la capacidad intelectual y física. Además, ayuda a prevenir las humedades ambientales, porque hace que el ambiente sea más seco. Y no necesita de demasiado mantenimiento, pues solo es necesario un cuidado periódico del filtro del aire. Son silenciosos, eficientes y fáciles de colocar e instalar.
Sin embargo, un elevado y brusco cambio de temperatura corporal dada por el aire acondicionado puede causar resfriados, enfriamientos, problemas de garganta e, incluso, aumentar el nivel de estrés. Además, el propio aire seco que previene las humedades tiene un efecto negativo en nuestro cuerpo: favorece la sequedad de los ojos y la piel y puede llegar a causar conjuntivitis.
Un mal mantenimiento del aire acondicionado también puede ser nocivo para la salud, pues se pueden esparcir ácaros y partículas con bacterias en el ambiente, lo que deriva en problemas de alergia o respiratorios. Y, más específicamente en relación a la energía que se consume, la factura del aire acondicionado siempre será mayor que la de un ventilador, así como el nivel de contaminación. También existen diferentes tipos:

Las bombas de calor son máquinas térmicas que consiguen alcanzar la temperatura idónea en cualquier espacio. En verano, lleva el calor del interior de las habitaciones hacia el exterior, refrescándolos. Este procedimiento se lleva a cabo de una forma muy eficiente, porque se transporta más calor que la energía eléctrica que consume.
Una de sus principales ventajas es lo versátil que es, porque se puede adaptar a cualquier sector, ya sea doméstico o comercial. No generan el frío, sino que transportan el calor de un lugar a otro, por lo que no se gasta prácticamente nada de energía. Esto significa, también, que su consumo eléctrico es mucho menor que el de otros métodos. Tiene, además, una doble funcionalidad, pues puede convertirse también en un aparato de aire acondicionado tal y como lo conocemos comúnmente.
Tampoco contamina, pues no emite CO2 a la atmósfera, la instalación es inmediata y el aire que genera es limpio y de calidad, pues dentro de las bombas se incluyen unos filtros que evitan el paso de bacterias, microbios y virus. Esto hace que se eviten los problemas de los resfriados, las alergias y los problemas respiratorios.
Pero, por otro lado, es un sistema de refrigeración mucho más adaptado a los climas templados, en zonas con temperaturas muy bajas solo llega a ser la mitad de eficiente. Aun así, hay una alternativa: la bomba de calor geotérmica, que lleva el calor al subsuelo en vez de al exterior.
Otro de sus inconvenientes es que necesita una unidad exterior y otra interior, por lo que genera problemas de espacio y estética; y también que la inversión inicial es bastante alta en comparación a otros métodos, pero a la larga el consumo de energía y electricidad compensa ese primer desembolso.

Es un sistema de climatización ecológica refrigerador que utiliza un enfriador por evaporación. Este enfriador se encarga de enfriar el aire mediante la evaporación del agua. Son muy distintos a los métodos convencionales, porque es un proceso totalmente natural. Pueden ser portátiles o fijos, mediante unidades externas.
Es un sistema ideal en lugares donde hay mucho aire caliente y poca humedad, pudiéndose instalar en viviendas, negocios o incluso edificios. Es una de las soluciones más innovadoras y respetuosas con el medio ambiente que hay hasta el momento. Son 100% ecológicos, mucho menos perjudiciales para el medio ambiente que los aires acondicionados, porque solo utilizan agua para el proceso.
Además tener una muy buena relación calidad-precio, ahorra mucha energía, hasta un 80% del consumo eléctrico total, y no consumen agua, porque el vapor se obtiene a través del aire. Funciona, además, con las ventanas abiertas, cosa que no sucede con los aires acondicionados; y también en espacios abiertos. Son especialmente favorables para climas secos, porque añaden humedad al ambiente y generan sensación de confort.
Pueden ser portátiles, por lo que es fácil trasladarlo de un lugar a otro de la casa, también tienen un mantenimiento sumamente sencillo, renuevan el aire interior, de manera que respiramos un aire limpio fresco y filtrado; y tienen una alta capacidad para regular la temperatura en cualquier tipo de clima.
Como único inconveniente cabe señalar que en los ambientes muy húmedos no es recomendable, porque añaden ese ‘plus’ de humedad que sí es beneficioso para los climas secos. También puede resultar incómodo el hecho de que, aunque no demasiado, son más ruidosos que los aires acondicionados.