
El Absolutismo y el Estado Moderno (Siglos XIV - XVIII)
Con sus particularidades y características especiales, el Estado Moderno existió prácticamente en toda Europa. La excepción la constituyeron Italia y Alemania, que no lograron unificar sus respectivos territorios hasta el siglo XIX y no conformaron un Estado centralizado. El Estado Moderno tiene como características la centralización, la delimitación de fronteras territoriales, la unificación de códigos legislativos, la formación del Ejército Nacional, la emisión de monedas y el poder absoluto del monarca, quien gobierna e impone leyes, así como también la burocracia estatal como forma de administración y la monarquía como forma de gobierno, que se centra en el concepto de soberanía (poder legítimo emanado de Dios) y la centralización administrativa. La política económica adoptada en el Absolutismo era el mercantilismo, la cual variaba de estado a estado. Los políticos tenían el control y reglamentaban la actividad económica mediante el intervencionismo para asegurar la riqueza y el poder. Las características de esta política económica eran el metalismo, forma en la cual los gobiernos intentaban concentrar la mayor cantidad posible de oro y plata dentro del país, y la balanza comercial favorable, cuyo principal objetivo era que las exportaciones superaran en número a las importaciones. Se importaba principalmente materia prima. El proteccionismo aduanero y la exclusividad comercial que la metrópolis imponía a las colonias, el cual se traducía en un monopolio comercial, también formaban parte de las características del tipo de poder instaurado en el Estado Moderno. Diversos autores defendieron el fortalecimiento de la monarquía y el poder centralizado en torno a la figura del rey, en cuyas manos deberían estar todos los poderes. Algunos de estos teóricos fueron Nicolás Maquiavelo (1469 – 1527), autor de El Príncipe, tratado en el que defendía los poderes del rey, Jacques Bossuet (1627 – 1704), que sostenía la teoría de que los reyes recibían el poder directamente de Dios, Thomas Hobbes (1588 – 1679), autor de Leviatán, y Jean Bodin (1529 – 1596), que abogaba por la soberanía y un poder perpetuo e ilimitado.
Mercantilismo (Siglos XV - XVII)
El capitalismo se convirtió en el sistema económico dominante, cuyo objetivo es la acumulación de capitales y la constante creación de lucro. A pesar de que algunas de las prácticas capitalistas, como la contabilidad y el sistema de crédito, ya existían en el siglo XV, la Revolución Industrial marcó oficialmente el inicio del capitalismo. La burguesía europea se vinculó directamente al avance del capitalismo, pues era la clase social que contaba con el capital necesario, el cual, aunado al comercio, podría utilizar en nuevos emprendimientos. La Reforma Protestante, que cuestionaba la idea de que era pecado ganar dinero, estimuló al capitalismo. La burguesía abrazó esta ideología, y el capitalismo pasó a ser la base del Absolutismo. Los estados absolutistas adoptaron medidas económicas y políticas para aumentar la concentración de riquezas, lo que se dio a conocer como “mercantilismo”. Las medidas más comunes eran el metalismo, que intentaba adquirir la mayor cantidad posible de metales preciosos, principalmente oro y plata; la exportación de más productos que los que se importaban, para mantener la balanza comercial favorable; el proteccionismo y la creación de monopolios comerciales, como por ejemplo las colonias.
Renacimiento cultural (Siglos XV - XVI)
Movimiento científico-cultural, el Renacimiento floreció en Europa durante los siglos XIV y XVI y su característica principal fue la reanudación de la tradición grecorromana, conocida como clásica. Durante la Baja Edad Media, marcada por la ascensión de la burguesía y la decadencia feudal, hubo un significativo fortalecimiento de las actividades comerciales y, como resultado, un crecimiento de las ciudades, características urbanas y sociales que se aprecian en menor escala durante la Alta Edad Media. Este fortalecimiento de la urbanidad favoreció los intercambios culturales entre los pueblos de diferentes regiones e influencias, lo que facilitó el surgimiento de nuevos valores y mentalidades, así como también la búsqueda de la racionalización. Este período se destaca por el desarrollo de la expansión marítima (grandes navegaciones) y por la refutación del poder de la Iglesia Católica; estos hechos recibieron la influencia de las nuevas mentalidades.
El Humanismo (Siglos XV - XVI)
El Humanismo fue uno de los movimientos importantes de este período, por medio del cual hubo una revalorización del hombre como centro de todas las cosas (antropocentrismo), en oposición al aspecto esencialmente mítico y religioso característico de la Edad Media. Los humanistas valoraban la razón y el cuestionamiento, así como también la observación de la naturaleza y su análisis, lo que fue fundamental para el desarrollo del pensamiento científico. Entre los humanistas del Renacimiento podemos citar como máximo exponente a Leonardo da Vinci, quien además de ser un gran artista se dedicó al conocimiento científico e inventó máquinas, entre ellas los prototipos de helicóptero y tanque de guerra, que solo en los siglos posteriores se desarrollaron completamente.
Revolución Científica (Siglos XV - XVII)
La Baja Edad Media trajo muchos avances, tales como el surgimiento de las ciudades y del comercio, que hicieron posible el acceso a nuevos conocimientos científicos y fomentaron un cambio de mentalidad con respecto a las ciencias, a la naturaleza y al papel del hombre. Entre los siglos XVI y XVII, la Revolución Científica fortaleció los cambios de pensamiento de la Edad Media. Entre los valores dominantes de esta revolución se encuentran la razón y la ciencia: cada vez más, la fe y la religión perdían estatus como valores fundamentales.
Expansión marítima europea (Siglos XV - XVII)
La expansión marítima europea se benefició de los avances técnico-científicos, del desarrollo comercial y de la acumulación de riquezas por parte del Estado. Tuvo su auge durante el siglo XV. El Estado centralizado, que permitió el apoyo a los mercaderes y burgueses, fue uno de los grandes facilitadores de la expansión. El perfeccionamiento de los instrumentos de navegación y la tecnología naval desarrollada facilitaron el inicio de las exploraciones marítimas, cuya finalidad era conocer y descubrir regiones aún desconocidas en búsqueda de riquezas y nuevos mercados. En 1488, Bartolomé Díaz dio la vuelta al Cabo de la Buena Esperanza. Una década después, Vasco da Gama llegó a Calicut, que se convertiría en la primera colonia portuguesa en la India. En el año 1500, Pedro Álvares Cabral llegó a Brasil. Las grandes navegaciones iniciaron un largo proceso, que llevaría a que varios países europeos se convirtieran en grandes metrópolis con posesiones coloniales.
El imperio marítimo portugués (Siglos XV - XIX)
La expansión ultramarina portuguesa comenzó en el siglo XV bajo el comando de la corona portuguesa, a partir de la batalla de Ceuta, en el norte de África, en el año 1415. Sin embargo, la colonización con poblamiento solo se hizo efectiva tiempos después, con la llegada a las islas de Madera y Azores, donde se instauró una economía de explotación con el cultivo de trigo en los Azores y caña de azúcar en Madera. La corona portuguesa intentó legitimar la conquista de nuevas tierras ante la Iglesia y los demás países europeos mediante la bula papal Romanus Pontifex, en el año 1454. Este documento estableció que el descubrimiento, la conquista y la colonización de las áreas del espacio atlántico, además de la esclavización, eran reconocidas como legítimas por la Iglesia. También tenía la intención de impedir la expansión marítima de los adversarios, que podrían llegar a cuestionar el monopolio lusitano.
Imperio marítimo español y colonización de la América española (Siglos XV - XIX)
La expansión ultramarina española comenzó luego del casamiento de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, en 1469, que unió estos dos reinos (Aragón y Castilla). La centralización del estado español permitió que la corona estuviera al mando del proceso de expansión mediante la financiación de viajes de exploración, siempre con intereses expansionistas. Los reyes españoles subvencionaron el primer viaje de Cristóbal Colón, que tenía el objetivo de cruzar el Atlántico y encontrar una ruta que lo llevara a Asia. En 1492, Colón, creyendo haber llegado a Asia, desembarcó en América, lo que dio inicio al proceso de conquista y colonización de este continente. Colonización Española. El inicio de la colonización fue difícil, entre otros motivos, debido a las barreras lingüísticas entre los españoles y los nativos, que sumadas al choque cultural entre ambos grupos, desembocó en la guerra y en el consecuente sometimiento de los indígenas, una de las estrategias encontradas por los españoles para dominar la región. Los indígenas comenzaron a trabajar para los españoles en un sistema de semiesclavitud en las minas y plantaciones. La corona adoptó el sistema de encomienda para regular la explotación de los indígenas por parte de los colonos y recaudar impuestos. A cambio del trabajo, los indígenas eran catequizados. Las enfermedades transmitidas por los europeos, el agotamiento y el hambre a los que se sometía a los indígenas hicieron que hubiera una disminución de la población. Comandados por Hernán Cortés, en 1519 los españoles llegaron a la actual región de México. En el año 1520, los españoles partieron rumbo a Perú, en búsqueda de metales preciosos, bajo las órdenes de Francisco Pizarro y de Diego Almagro. La corona española comenzó a colonizar en cuanto vio el potencial de América para la explotación. Después de fundar ciudades, implantaron un aparato de gestión que contaba con la institución del Cabildo, el cual tenía tres funciones administrativas y seguía las órdenes de Castilla, que era la metrópolis. Con México y Perú en el foco de la colonización, en 1535 se fundó el Virreinato de Nueva España y, en 1543, el Virreinato de Perú.
Imperio comercial inglés (Siglos XV - XIX)
En aquel entonces, España contaba con la flota marítima más grande de Europa y, junto con Portugal, lideraba varios emprendimientos comerciales y ultramarinos. Con el objetivo de reforzar la monarquía inglesa, se tomaron varias medidas durante los reinados de Enrique VIII (1491 - 1547) e Isabel I (1533 - 1603) para lograr la modernización, el poder y la riqueza tan anhelados. Como nueva potencia marítima, Inglaterra se manifestó como una amenaza para los dominios portugués y español. La concesión de monopolios comerciales a las compañías inglesas facilitó la búsqueda de materia prima y nuevos mercados para los productos ingleses.
La Reforma Protestante (1600)
Las crecientes nuevas ideas que circulaban por Europa, fruto del Renacimiento y de la Revolución Científica, así como los abusos cometidos por la Iglesia Católica, marcaron y fortalecieron las reformas religiosas al comienzo del siglo XVI en Europa. Durante la Edad Media, la Iglesia Católica, depositaria del monopolio de la fe y con riquezas acumuladas en la forma de tierras y dinero, condenaba prácticas tales como la usura (ganancias resultantes de la imposición de intereses), pero cobraba indulgencias y practicaba diversos actos contrarios a la doctrina católica, que contradecían lo que la propia institución predicaba, lo cual acabó por dejar a muchas personas insatisfechas con la Iglesia. En el año 1517, Martín Lutero publicó 95 tesis en la puerta de la Catedral de Wittenberg, en las cuales discordaba públicamente de la Iglesia y de sus prácticas: condenaba la venta de indulgencias, abogaba por la salvación del hombre por la fe y proponía la fundación de una nueva iglesia, la luterana, hito histórico que marca el inicio de la Reforma Protestante. Más adelante, en el año 1534, en Francia, Juan Calvino sostuvo principios morales rígidos, la contención de las ganancias y la salvación del alma a través del trabajo, prácticas estas que atrajeron a los burgueses al calvinismo, una nueva religión protestante.
La Inglaterra del siglo XVI
En la segunda mitad del siglo XVIII, Inglaterra estuvo en condiciones de lograr su desarrollo industrial. Este avance fue el resultado de procesos económicos y sociales que habían comenzado en el siglo XVI, con la institución del trabajo asalariado, la urbanización, la creación de un imperio comercial, la limitación del poder absoluto, la expulsión de los campesinos de sus tierras, etc. En el siglo XIV, la mayor parte de la población estaba formada por campesinos que cultivaban un lote de tierra y usufructuaban tierras comunes y colectivas. Sin embargo, las transformaciones económicas y sociales comenzaron a alterar este cuadro y los campesinos pasaron a perder tierras. Comenzaron a dedicarse a la cría de ovejas, ya que la lana abastecía a las manufactureras. El proceso de cercar las tierras para criar pasturas de ovejas recibió el nombre de cercamiento.
La Guerra de los Treinta Años (1618 - 1648)
En una Europa en la que cada príncipe intentaba ampliar su poder y espacio mediante conquistas marítimas y de territorio, la Guerra de los Treinta Años fue un conflicto violento que marcó al siglo XVII. Su motivación inicial fue religiosa, en el contexto de la rivalidad entre católicos y protestantes, pero se amplió debido al deseo de algunos príncipes europeos de abatir al Sacro Imperio Romano-Germánico, de la católica familia Habsburgo. En el año 1648, el Tratado de Westfalia marca el fin de la guerra y reconoce la independencia entre poder político y religioso, el derecho a las creencias personales y la soberanía del Estado Nacional.
Revolución Puritana (1642-1649)
Entre 1642 y 1649 tuvo lugar en Inglaterra una guerra de carácter civil que dividió a la población entre los fieles al rey y los que apoyaban al parlamento. Oliver Cromwell lideró la oposición parlamentaria calvinista y formó un ejército de carácter revolucionario, que valorizaba el mérito y desafiaba las antiguas costumbres feudales. Las tropas parlamentarias formadas por populares y defensores del parlamento defendían el acceso a la tierra, la libertad de culto religioso y diversas otras medidas que les posibilitaran acceder a los derechos. Con el apoyo de la población, el ejército aprisionó al rey Carlos I y expulsó del parlamento a aquellos que estaban a favor de la política de los Estuardo. Después de la derrota, en el año 1649 se ejecutó al rey, con la acusación de haber traicionado a la patria. Diversos miembros de la corte, que eran a favor de la monarquía, fueron expulsados del parlamento.
Revolución Gloriosa (1688 - 1689)
La Revolución Gloriosa o Revolución sin Sangre tuvo un carácter pacífico. Su escenario fue Inglaterra, entre los años 1688 y 1689, cuando el rey Jaime II fue destituido del trono. Este rey era católico y el parlamento inglés lo consideraba ineficiente, con políticas insatisfactorias para Inglaterra, pues se basaba en la tolerancia religiosa y en la formación de un ejército independiente. Luego de que naciera el hijo de Jaime II, que ya tenía una hija protestante, María, Inglaterra temió que el nuevo heredero significara una sucesión católica. Líderes del parlamento conspiraron para derrocar al rey y darle el trono a su hija María y a su esposo Guillermo, príncipe de Orange. La Revolución Gloriosa afianzó el poder del parlamento y afirmó su derecho a establecer impuestos. También aprobó el Bill of Rights (declaración de derechos), lo que debilitó al Absolutismo.
Formación de los Estados Unidos: las trece colonias (Siglos XVII - XVIII)
Dentro del proceso de expansión marítima, Inglaterra tenía una forma diferente de administrar sus colonias, proceso que se conoció como “colonización de poblamiento”. En esta modalidad de colonización, las tierras se usaban para la subsistencia de los colonos y, en un primer momento, la explotación del sitio mediante, por ejemplo, la extracción de materias primas, no era el objetivo. La colonización inglesa en América estuvo marcada por iniciativas particulares de muchas personas que buscaban la oportunidad de tener una nueva vida. En 1620 se fundó Plymouth, que más adelante daría origen a la colonia de Massachusetts. Posteriormente, se formaron nuevos núcleos en la costa atlántica de América del Norte, que recibieron el nombre de Nueva Inglaterra. Las colonias del norte exportaban pescado, madera y buques. Por su parte, las del sur sobrevivían mediante la agricultura extensiva con mano de obra esclava. La relación comercial entre las colonias, África y Europa se conoce como comercio triangular.
Guerra de los Siete Años (1756 - 1763)
La Guerra de los Siete Años se inició debido a una disputa de intereses económicos y coloniales entre diversos territorios europeos. Afectó no solamente a Europa, sino también a varias colonias. Las disputas territoriales enfrentaron a franceses e ingleses en lugares como los Estados Unidos y Nueva Escocia. La lucha era por la hegemonía económica. Las tropas francesas se aliaron a los indígenas y atacaron trece colonias de los Estados Unidos. Este país tuvo que unirse a Gran Bretaña para vencer, dejando de lado sus diferencias políticas y económicas. Inglaterra ganó, pero quedó en pésimas condiciones financieras. Como solución, transfirió a los colonos americanos los costes de la guerra, lo que exacerbó las diferencias entre la metrópolis y la colonia. Como consecuencia, las trece colonias se independizaron, en el año 1776.
Primera Revolución Industrial (1760 - 1860)
La Revolución Industrial aprovechó la evolución científica y el acopio de riquezas y materias primas resultante de la Expansión Marítima y de la colonización y tuvo como escenario la Inglaterra de fines del siglo XVIII. La primera fase de esta Revolución (1760 - 1860) se caracterizó por el descubrimiento del carbón como fuente de energía, lo que permitió usar la máquina de vapor –hecho que transformó el sector productivo, el transporte de materias primas, el desarrollo económico y la creciente industrialización. A lo largo del siglo XIX, otros países seguirían los pasos de Inglaterra en su proceso de industrialización.
La independencia de las trece colonias (04/07/1776)
A partir de 1760, Inglaterra pasó a interesarse más por las colonias como fuente de materia prima y mercado consumidor, pues tenía intenciones de fortalecer los lazos coloniales. Los colonos de Nueva Inglaterra comenzaron a preocuparse debido a los nuevos impuestos que se crearon y al monopolio del té. En 1773, los colonos de Boston invadieron buques ingleses y arrojaron al mar toda la carga de té. Como consecuencia, Inglaterra lanzó las Leyes Intolerables, las cuales exacerbaron el proceso de independencia. En 1776, durante el 2º Congreso Continental de Filadelfia, representantes de las trece colonias firmaron la Declaración de Independencia. Después de cinco años de guerra, los norteamericanos derrotaron a los ingleses y conquistaron el reconocimiento de su independencia.
Revolución Francesa (1789 - 1799)
En la época de la revolución, que tuvo lugar en el año 1789, la población de Francia estaba dividida en órdenes: el Primer Estado, compuesto por el clero, el Segundo Estado, compuesto por la nobleza, y el Tercer Estado, compuesto por los campesinos burgueses y sans-culottes. El Tercer Estado sustentaba al primero y al segundo, pues estos no pagaban impuestos y recibían pensiones de la corona francesa. La economía de este período estaba en crisis, pues Francia había sufrido muchas pérdidas en guerras tales como la Guerra de los Siete Años. Además, la producción de tejidos franceses competía con la industria textil inglesa y la agricultura sufría debido a la gran sequía de 1788. Como consecuencia, la producción de alimentos no era suficiente para toda la población, que vivía en la miseria y soportaba hambruna, tanto en el campo como en las ciudades. Como si esta crisis social y económica no fuera suficiente, también había ideas iluministas, que se oponían al absolutismo monárquico y los privilegios de la nobleza y del clero. En un intento por amenizar la crisis, se comenzaron a cobrar más impuestos del Tercer Estado, la única clase social de la que se recaudaban. Esto generó aún más disconformidad. Para resolver estos temas, se convocó al parlamento francés que se denominaba Estados Generales. El sistema de votación en la asamblea era un voto para cada Estado, siendo que el clero y la nobleza votaban en conjunto y defendían sus intereses comunes, lo que derrotaba siempre al voto del Tercer Estado. Debido a esto, al comienzo de la asamblea de los Estados Generales, el Tercer Estado propuso que se contaran los votos por persona, lo que los dejaría en ventaja, pues eran mayoría numérica. La nobleza y el clero no aceptaron la propuesta y el rey levantó la sesión. El Tercer Estado se sublevó y dejó la Asamblea de los Estados Generales para formar la Asamblea Nacional Constituyente. El 14 de julio de 1789, la población invadió la Bastilla (que era una prisión política y el símbolo del absolutismo), un hecho que trascendió como la Toma de la Bastilla y que marcó el inicio de la Revolución Francesa y el fin de la Edad Moderna. En medio a los cambios y a la violencia que se siguieron, la Asamblea Constituyente logró aprobar el fin de los privilegios feudales de la nobleza y el dominio de la Iglesia sobre los negocios del país. El 26 de julio, la Asamblea Nacional Constituyente proclamó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y confiscó las tierras de la Iglesia, lo que dejó al clero bajo la tutela del Estado. En 1791 entró en vigencia la nueva Constitución, cuyas principales innovaciones eran la igualdad jurídica entre los individuos, la separación entre el Estado y la Iglesia y la creación de los tres poderes. En 1792 se destituyó al rey y una nueva asamblea, denominada Convención, proclamó la República. Tres fuerzas políticas se destacaron en esta época: los girondinos, formados por la alta burguesía; los jacobinos, revolucionarios formados por la burguesía y el pueblo; y la planicie, que apoyaba al grupo que estuviera en el poder. El rey Luis XVI, apoyado por los girondinos, no logró escapar de la guillotina y los jacobinos iniciaron el período conocido como Terror, donde tuvo lugar una caza a los que apoyaban las ideas absolutistas, pero los mismos jacobinos y su líder, Robespierre, también acabaron en la guillotina. En 1794, tras su muerte, la Convención Nacional pasó a ser controlada por miembros de la alta burguesía. Se creó una nueva Constitución que establecía la continuidad del régimen republicano, controlado por el Directorio, durante el período comprendido entre 1795 y 1799. En este momento surgió la figura de Napoleón Bonaparte, quien, con apoyo de la burguesía y del ejército, lideró el Golpe de Estado del 18 de brumario. Una vez destruido el Directorio, se estableció el Consulado. Este fue el fin de la Revolución, de sus ideales y conquistas.