
El reino de los francos (Siglos V-IX)
Reino poderoso durante la Alta Edad Media que contó con el apoyo de la Iglesia Católica. Fue el primer reino bárbaro cuyo rey Clodoveo I se convirtió a la fe cristiana en el 498.
La Iglesia y los pueblos bárbaros (Siglos VI-X)
La Europa Occidental del comienzo de la Edad Media no tenía unidad política, económica ni cultural. El cristianismo se volvió la única fuerza unificadora y la Iglesia Católica luchaba para eliminar las costumbres paganas que se oponían a su doctrina, que se habían esparcido debido a las invasiones de pueblos bárbaros. La Iglesia impulsó la evangelización de esos pueblos, un proceso lento y continuo que tenía un fuerte componente político, además de religioso.
El nacimiento del Islam (Siglo VII)
El islamismo comenzó alrededor del 610, cuando Mahoma recibió mensajes de Alá. Enfrentando resistencia, Mahoma abandonó la Meca, ciudad que era el centro de las peregrinaciones religiosas, y en el 622 se instaló en Medina, unificando así tribus beduinas y expandiendo su poder, hasta la conquista de la Meca, en el 629.
La expansión del islamismo (Siglos VII - XIII)
En el 632 los sucesores de Mahoma aprovecharon el debilitamiento de los Imperios Bizantino y Sasánida para expandir sus territorios. El poder de los árabes se expandió, especialmente al norte de África, y al final del siglo VII avanzaron hacia Marruecos, llegando a la Península Ibérica. Se establecieron en Paquistán, Afganistán y en otros territorios de Asia Central, y en el siglo XIII el Imperio se dividió en tres regiones.
Carlomagno y la dinastía carolingia (Siglos VIII - IX)
La dinastía carolingia en el reino de los francos tuvo inicio en el siglo VIII y su ascensión contó con el apoyo de la Iglesia Católica. La aproximación entre la Iglesia y los carolingios comenzó con la lucha para expulsar a los árabes musulmanes de Galia, y se fortaleció con la alianza para expulsar a los lombardos de Roma. Carlomagno asumió el trono franco en el 768 y consolidó la alianza con la Iglesia, expandiendo los dominios francos y reunificando gran parte del extinto Imperio Romano de Occidente.
La decadencia de los carolingios (Siglo IX)
La muerte de Carlomagno, en el 814, trajo consigo la separación del imperio de los francos. Sus descendientes establecieron una disputa y debilitaron la unidad política, lo que fragmentó el territorio. La disputa por los despojos del imperio solo terminó en el 843 con el Tratado de Verdún, que dividió el territorio franco en tres dominios.
Expansión de las ciudades medievales (Siglos X - XIII)
Los límites geográficos de Europa Occidental se expandieron entre los siglos X y XIII, transformando la sociedad y la economía. La población emigró del campo a las ciudades o hacia los entornos de las ferias comerciales, formando poblados cada vez más grandes. Inicialmente, las nuevas comunidades estaban subordinadas al señor feudal o a la Iglesia y se sometían al pago de impuestos.
Renacimiento (Siglos XII-XV)
La revitalización del comercio a partir del siglo XII expandió las perspectivas culturales de la sociedad urbana. El contacto con Oriente permitió el acceso a la filosofía y a la ciencia árabe. En toda Europa se implementaron innovaciones técnicas, lo que amplió el conocimiento en áreas como la medicina, la matemática, la astronomía y la alquimia.
Reino de Ghana (Siglo XI)
El reino de Ghana surgió antes del avance del islam en Sahel y su poder se originaba en el control de minas y en los cruces del comercio de caravanas.
Cisma de Oriente (Siglo XI)
La alianza entre el emperador del Reino Franco y la Iglesia Católica fortaleció a la institución, que con esa protección se independizó del Imperio Bizantino. Tal independencia causó la división de la iglesia en dos ramas: la Iglesia Apostólica Romana, con sede en Roma, y la Iglesia Ortodoxa, con sede en Constantinopla.
Cruzadas (Siglos XI - XIII)
Como expediciones militares de carácter religioso, las cruzadas fueron organizadas por la Iglesia Católica. El movimiento tuvo inicio en 1095, cuando el papa Urbano II pidió que los cristianos lucharan contra los turcos en Jerusalén. Los conflictos entre musulmanes y cristianos duraron más de 300 años, y en ese período ocho cruzadas partieron de Europa.
Mexicas y aztecas (Siglo XII)
Los mexicas llegaron a México del norte alrededor del siglo XII. Construyeron Tenochtitlán, la primera y más grande ciudad azteca, y expandieron el control azteca sobre el territorio, lo que llevó al surgimiento del imperio.
Imperio de Malí (Siglos XIII - XVI)
El Imperio de Malí sucedió al Reino de Ghana, y tuvo su auge entre los siglos XIII y XVI. El comercio entre el Imperio Malí y el Imperio Árabe era grande y la expansión de los territorios y del Islam se atribuyó al emperador Mansa Musa, que gobernó entre 1312 y 1337.
Inquisición (Siglos XIII - XVIII)
La Inquisición fue un órgano creado por la Iglesia Católica en 1233 cuyo objetivo era juzgar y castigar a los acusados de delitos de brujería, herejía y otros pecados condenados por la doctrina católica. Tuvo mucha actividad en Europa Occidental y también en territorios colonizados, como América.
La Guerra de los Cien Años (1337 - 1453)
La Guerra de los Cien Años fue una serie de conflictos entre Francia e Inglaterra que agravó la crisis por la que pasaba Europa. Desencadenó conflictos en el campo y en las ciudades, lo que ayudó a desestabilizar el sistema feudal y a fortalecer el nacionalismo.
Incas (Siglos XV - XVI)
En el siglo XV, los incas, que controlaban el sur de Perú, se expandieron y dominaron a los pueblos de la región. La base de la economía inca era la agricultura y la cría de animales adaptados al relieve andino.
Toma de Constantinopla (1453)
Los turcos, que ya habían conquistado otras ciudades para aislar a Constantinopla de los reinos cristianos, cercaron la ciudad y cortaron el abastecimiento por tierra y por mar. El debilitado Imperio Bizantino pidió ayuda, pero no logró evitar la invasión de la capital. La caída de Constantinopla hizo que los cristianos perdieran un territorio estratégico y dificultó el comercio con Oriente, lo que aumentó la necesidad de los europeos de descubrir nuevas rutas comerciales.
Introducción
La extinción del Imperio Romano de Occidente introdujo a Europa en una nueva era llena de transformaciones sociales: la Edad Media. La Iglesia Católica asumió el control de la vida social e intelectual de ese período, instituyendo normas de conducta e impidiendo cualquier manifestación contraria a su doctrina.
Introducción
Los cambios políticos, económicos y sociales causados por la separación del Imperio Romano de Occidente y por el avance de las invasiones bárbaras hicieron que la esclavitud se retrajera, así como también el abastecimiento de las ciudades por medio del comercio. De esa manera, la población urbana disminuyó y, como consecuencia, tuvieron lugar la ruralización de la sociedad y el fin de varios derechos garantizados por instituciones del período romano que ya no existían.
La Iglesia y los pueblos bárbaros (Siglos VI-X)
La Europa Occidental del comienzo de la Edad Media no tenía unidad política, económica ni cultural. El cristianismo se volvió la única fuerza unificadora y la Iglesia Católica luchaba para eliminar las costumbres paganas que se habían esparcido debido a las invasiones de pueblos bárbaros y que se oponían a su doctrina. La Iglesia impulsó la evangelización de esos pueblos, un proceso lento y continuo que tenía un fuerte componente político, además de religioso. En el siglo V, el primer rey que se convirtió fue Clodoveo I, lo que hizo que todo el reino de los francos también se convirtiera. Entre los siglos VI y VII, las misiones recorrieron Gran Bretaña evangelizando a esa región. En el siglo VIII, otra serie de misiones convirtió a parte de las tribus germánicas al este del río Reno. Entre los siglos IX y X, las misiones convirtieron a pueblos eslavos y escandinavos en los límites del territorio del extinto Imperio Romano de Occidente. Para ello se creó un nuevo alfabeto, el cirílico, utilizado en la conversión de los pueblos en las estepas rusas. El reino de los francos se volvió el principal defensor de la Iglesia Católica. La estrategia de conversión fue exitosa y alrededor del año 1000 Europa era un continente cristiano, rodeado de territorios controlados por el islam.
El reino de los francos (Siglos V - IX)
El reino de los francos se formó y se expandió bajo dos dinastías: la merovingia, entre los siglos V y VIII, y la carolingia, entre los siglos VIII y IX. Como este reino era poderoso durante la Alta Edad Media y contaba con el apoyo de la Iglesia Católica, los francos fueron los primeros bárbaros que tuvieron un rey convertido a la fe cristiana: Clodoveo I, en el 498.
Carlomagno y la dinastía carolingia (Siglos VIII - IX)
La dinastía carolingia en el reino de los francos tuvo inicio en el siglo VIII y su ascensión contó con el apoyo de la Iglesia Católica. La aproximación entre la Iglesia y los carolingios comenzó con la lucha para expulsar a los árabes musulmanes de Galia, y se fortaleció con la alianza para expulsar a los lombardos de Roma. Carlomagno asumió el trono franco en el 768 y consolidó la alianza con la Iglesia, lo que resultó en la expansión de los dominios francos y la reunificación de gran parte del extinto Imperio Romano de Occidente. Carlomagno fue coronado Sacro Emperador Romano por el papa León III, en el 800; el título continuaba existiendo, incluso después del fin del Imperio. El título legitimaba el poder de Carlomagno ante la Iglesia e indicaba su deber de proteger a los cristianos y de propagar la fe católica.
Renacimiento carolingio (Siglo VIII)
El crecimiento y la unificación del imperio de Carlomagno permitieron el desarrollo de la agricultura y el aumento de la población. El comercio se realizaba con musulmanes por el sur, que traían productos de lujo de Oriente, y al norte los escandinavos traían madera y armas. La estabilidad económica y la unidad política incentivaron la cultura, un movimiento conocido como Renacimiento carolingio. El estudio del latín se difundió por el imperio, la escritura fue reformada y los monasterios recibieron escuelas. Los monasterios se volvieron centros culturales, responsables de copiar manuscritos como la Biblia, y también de escritores de la cultura grecorromana. Para garantizar la unidad territorial era necesaria una administración centralizada, y se crearon divisiones administrativas: condados, ducados y marcas. Aunque los condes, duques y marqueses debieran obediencia al emperador, en la práctica esos nobles tenían una autonomía casi total, pues el control de sus actividades era casi imposible. Los vasallos tendían a obedecer a su soberano inmediato; así se iban creando las raíces del feudalismo.
La decadencia de los carolingios (Siglo IX)
La muerte de Carlomagno, en el 814, trajo consigo la separación del imperio de los francos. Sus descendientes establecieron una disputa y debilitaron la unidad política, lo que fragmentó el territorio. La disputa por los despojos del imperio solo terminó en el 843 con el Tratado de Verdún, que dividió el territorio franco en tres dominios. Incluso no habiendo logrado mantener la unidad política alcanzada por Carlomagno, es importante destacar que bajo el dominio carolingio la Iglesia Católica consolidó su poder y convirtió al cristianismo a gran parte de Europa Occidental.
Sociedad y economía en el feudalismo (Siglos V - XIII)
Las costumbres germánicas fueron asimiladas por los romanos en buena parte de Europa desde el siglo IV, y los lazos de fidelidad y unión entre los nobles, que se establecían en un ritual y componían las relaciones de vasallaje, eran una de ellas. Otra característica que se establecería a lo largo de ese período sería el debilitamiento del poder central, lo que creó una estructura política y administrativa descentralizada, cuyo poder estaría en cada feudo. El suzerano ocupaba una posición superior en relación al vasallo, a quien donaba un bien o feudo, que podía ser una cantidad en dinero o una parcela de tierra. Al vasallo le correspondía ayudar al suzerano cuando fuera necesario, tanto financiera como militarmente. Después del fin del reino franco, el vasallaje se difundió como forma predominante de relaciones sociales entre los nobles por los territorios de Europa Occidental. La donación del feudo concedía al vasallo derechos políticos y económicos, pero mantenía el poder del suzerano sobre la totalidad del reino. En el feudalismo, el monarca era la figura más poderosa en la jerarquía política y social. Los miembros de la nobleza medieval formaban lazos de dependencia entre sí, que se habían creado a partir del feudo. Esa fragmentación de la sociedad en innumerables pequeñas propiedades benefició a la Iglesia Católica, que se mantuvo como el eslabón unificador entre ellas.
La estructura de la sociedad feudal (Siglos V - XIII)
La sociedad feudal estaba dividida en tres clases: el clero, la nobleza y los campesinos o siervos. La nobleza se dedicaba a la actividad militar y a la administración de la tierra; los miembros de la Iglesia se dividían en alto y bajo clero; y los campesinos, que formaban la mayor parte de la población, eran prisioneros de la tierra y estaban subordinados a los señores, que eran los propietarios del feudo. La nobleza y el clero tenían los mismos intereses económicos. Siendo grandes propietarios de tierras y titulares de privilegios, se diferenciaban radicalmente de los campesinos, quienes solo tenían obligaciones. El clero, además, se atribuía a sí mismo el papel de intermediario de Dios, lo que lo ponía por encima de las leyes humanas.
Expansión de las ciudades medievales (Siglos X - XIII)
Los límites geográficos de Europa Occidental se expandieron entre los siglos X y XIII, transformando la sociedad y la economía. La población emigró del campo a las ciudades o hacia los entornos de las ferias comerciales, formando poblados cada vez más grandes. Alrededor del año 1000 ninguna ciudad europea tenía más de diez mil habitantes; en el siglo XIII, más de cincuenta ciudades habían superado ese número. Italia tenía las ciudades más urbanizadas de Occidente. Inicialmente, las nuevas comunidades estaban subordinadas al señor feudal o a la Iglesia, y se sometían al pago de impuestos. El crecimiento de las ciudades fue estimulado para aumentar el rendimiento tributario, pero con el tiempo los burgueses, habitantes de los burgos, como eran llamadas las ciudades, comenzaron a exigir el documento que les concedía derechos, privilegios y los emancipaba. La carta de foral, concedida por el rey o señor feudal, daba autonomía a una comunidad para la elección de un consejo, regulaba impuestos, tasas, y establecía el uso de tierras, derechos militares y de protección. Esa autonomía hacía que los habitantes de las ciudades se vieran libres de la servidumbre.
Unidad de producción feudal (Siglos XI y XIII)
La propiedad rural recibía el nombre de señorío y se dividía en tres partes: la reserva señorial, que estaba constituida por el castillo, los graneros, las áreas cultivables y el establo, siendo que toda la producción pertenecía al señor feudal; el manso servil, que era el conjunto de tierras explotado por los siervos; y el manso común, que eran tierras de uso de los siervos y señores, donde se practicaba la caza y se cultivaban bosques. Los señoríos eran casi siempre autosuficientes y pocos productos, entre ellos sal y metales, venían de otros territorios. Los siervos pagaban varias tasas a los señores feudales: la corvea consistía en el trabajo en la reserva señorial por un determinado período de tiempo; la talla obligaba al siervo a entregar al señor parte de su producción; y las banalidades eran la tasa sobre los servicios utilizados por los siervos, como el uso de los graneros, molinos u hornos del señor.
Cisma de Oriente (1054)
La alianza entre el emperador del Reino Franco y la Iglesia Católica fortaleció la institución, que con esa protección se independizó del Imperio Bizantino. Tal independencia causó la división de la iglesia en dos ramas: la Iglesia Apostólica Romana, con sede en Roma, y la Iglesia Ortodoxa, con sede en Constantinopla.
Cruzadas (Siglos XI - XIII)
Como expediciones militares de carácter religioso, las cruzadas fueron organizadas por la Iglesia Católica. El movimiento tuvo inicio en 1095, cuando el papa Urbano II pidió que los cristianos lucharan contra los turcos en Jerusalén. Los objetivos de la Iglesia eran varios, como expandir sus dominios, restituir la unidad cristiana con el Imperio Bizantino y obtener tierras para la nobleza europea. Los conflictos entre musulmanes y cristianos duraron más de 300 años, entre los siglos XI y XIII, y en ese período ocho cruzadas partieron de Europa. Para estimular el compromiso de los cristianos en las expediciones, la Iglesia prometía beneficios materiales y espirituales, como perdonar deudas y absolver pecados. Las Cruzadas no obtuvieron éxito religioso, pero en cambio impulsaron cambios que contribuyeron a la crisis del feudalismo, como la desorganización de la producción agrícola, el restablecimiento de las rutas comerciales entre Europa y Asia, la revitalización de las ciudades, el aumento de los intercambios culturales entre Oriente y Occidente y el comienzo de la reconquista cristiana de la Península Ibérica.
Inquisición (Siglos XII - XIX)
El Tribunal del Santo Oficio, más conocido como la Inquisición, fue un órgano creado por la Iglesia Católica en 1233 cuyo objetivo era juzgar y castigar a los acusados de delitos de brujería, herejía y otros pecados condenados por la doctrina católica. Tuvo mucha actividad en Europa Occidental y también en territorios colonizados, como América. En la Península Ibérica la Inquisición estuvo vigente hasta el siglo XIX, y solamente en Portugal más de 1.100 personas murieron en la hoguera en el período entre 1540-1794.
Aumento de la producción agrícola (Siglo XI)
La innovación de los instrumentos agrícolas y la creación de nuevos métodos de explotación de la tierra a partir del siglo XI aumentaron la producción y, como consecuencia, posibilitaron el aumento de la población de Europa. La tracción animal con una nueva forma de acoplamiento, permitió el uso del arado compuesto, que revolvía la tierra más profundamente y hacía que las plantaciones fueran más productivas. Además, la difusión e introducción de los molinos de agua y de viento facilitaron el cultivo y la molienda de granos. Se adoptó el sistema trienal de cultivo, que dividía la tierra en tres lotes, lo cual generaba dos cosechas por año. La calidad de la alimentación mejoró y la mortalidad disminuyó, causando el crecimiento demográfico.
La revitalización del comercio (Siglos XI - XIII)
Las Cruzadas brindaron la revitalización del comercio y el aumento de población de las ciudades, lo que intensificó los intercambios entre Occidente y Oriente. Las rutas más utilizadas por los mercaderes eran dos: al sur, por el Mar Mediterráneo, dominada por los italianos de Venecia y Génova, y una ruta terrestre al norte, en la región de Flandes, comandada por los alemanes. En los cruces de esas rutas surgían ferias, de las cuales la más importante era la de Champagne, en la región central de Francia, donde se comercializaban productos adquiridos en el sur y en el norte. Del sur predominaban las mercaderías de lujo de Oriente, como perfumes, seda, marfil, piedras preciosas y especias; del norte venían productos como granos, pieles de animales y madera. La revitalización del comercio hizo que el uso de la moneda se difundiera, y como cada país tenía su propia divisa se crearon bancos para hacer el cambio. Los primeros banqueros se establecieron en las ricas ciudades italianas que formaban parte de las rutas comerciales, pero enseguida se extendieron por el continente. Es importante destacar que el orden feudal no fue un obstáculo para el comercio.
Renacimiento (Siglos XII - XV)
La revitalización del comercio a partir del siglo XII expandió las perspectivas culturales de la sociedad urbana. El contacto con Oriente permitió el acceso a la filosofía y a la ciencia árabe (la matemática y sus tácticas de guerra estaban muy desarrolladas), y trajo innovaciones técnicas para Europa, lo que amplió el conocimiento en áreas como la medicina, la matemática, la astronomía y la alquimia. Obras clásicas de la cultura grecorromana, como las de Ptolomeo, Hipócrates, Euclides y Aristóteles, preservadas por los árabes, se tradujeron al latín, lo que revitalizó los estudios clásicos que habían sido olvidados por la Edad Media.
Universidades (Siglo XI)
La ola de racionalización y el objetivo de retomar los ideales clásicos influyó en el surgimiento de las primeras universidades, incluso en el siglo XI. El aumento de la población y de la información reforzó la necesidad de mejorar la formación de los clérigos, para combatir herejías, y la formación de los funcionarios públicos, que controlaban la administración. La Universidad de Bolonia surgió en Italia en 1088 de la unión de diversas escuelas, y era reconocida como el principal centro de estudios del derecho romano; la Universidad de Oxford surgió en 1096 y la de París en 1170.
Escolástica (Siglo XII)
La escolástica era una corriente de pensamiento que surgió durante el siglo XII, a partir de la simbiosis entre la Iglesia Católica y la cultura grecorromana, que aliaba la fe y la razón para entender la Biblia. Los fundamentos de la escolástica se enseñaban en las universidades y se difundieron ampliamente durante el Renacimiento.
Crisis económica y demográfica (Siglos XIII - XV)
El crecimiento demográfico en Europa llegó a su límite en el siglo XIV, dado que el crecimiento de la población fue más grande que la capacidad de producción de alimentos, lo que hizo que muchas personas pasaran hambre. La escasez de alimentos produjo un aumento disparatado de los precios; entre 1301 y 1314 hubo una carencia generalizada y entre 1315 y 1317 el norte de Europa fue devastado por el hambre. La peste negra, que ya había llegado a Europa entre los siglos V y VI, contribuyendo a la decadencia del Imperio Romano de Occidente, fue traída por los comerciantes a los puertos italianos y se arrastró rápidamente por el continente. A partir de la segunda mitad del siglo XIV, una serie de brotes recurrentes transformó a la peste en una pandemia que duró más de cien años y que mató alrededor de 20 millones de personas, un tercio de la población de Europa. Ciudades enteras fueron exterminadas y, como todavía no se conocían los orígenes ni la forma de transmisión de la enfermedad, se creía que la peste negra era un castigo divino.
La Guerra de los Cien Años (1337 - 1453)
La Guerra de los Cien Años fue una serie de conflictos entre Francia e Inglaterra que agravó la crisis por la que pasaba Europa. Las rivalidades políticas y económicas entre los dos reinos, principalmente los intentos ingleses de conseguir el trono francés, encendieron la guerra. Inglaterra dominó el inicio de la guerra, pero Francia revirtió la situación, expulsando a los ingleses de su territorio. La guerra desencadenó conflictos en el campo y en las ciudades, lo que influyó en la desestabilización del sistema feudal y fortaleció el nacionalismo, sentimiento fundamental para la formación de los estados modernos. Los ejércitos profesionales sustituyeron a los caballeros medievales y se emplearon nuevas técnicas bélicas.
La crisis del feudalismo: sublevaciones y desintegración del sistema feudal (Siglos XI - XV)
La crisis en Europa Occidental, en el siglo XIV, estimuló las sublevaciones populares tanto en el campo como en la ciudad, lo que produjo una desestabilización del sistema feudal. La mano de obra se volvió escasa y los señores feudales dejaron de recibir los impuestos que eran la base de sus ingresos. Para suplirlos, la explotación de los siervos aumentó, lo que hizo estallar sublevaciones entre los campesinos. La burguesía, que se enriqueció con el comercio, adquirió tierras de la nobleza y aseguró casamientos con la aristocracia, mezclándose así con esa clase social.
Crisis y transformaciones (Siglos XI - XV)
La decadencia del sistema feudal, el desarrollo de las ciudades, la recuperación del comercio y la ascensión de la burguesía urbana hizo que la ciudad se volviera nuevamente el centro económico y social en ese período final de la Edad Media. El campo fue perdiendo su espacio, porque la producción rural pasó a existir en función del mercado urbano. El sistema medieval, que no era flexible ni propenso a los cambios, comenzó a colapsar, así como el sistema de las clases sociales, en el cual la burguesía conquistaba cada vez más su espacio.
Las sublevaciones campesinas y urbanas (Siglos XI - XV)
En Francia, en 1358, surgieron varias sublevaciones campesinas que reivindicaban los privilegios de la nobleza. Dichas sublevaciones se conocieron con el término de jacqueries y se reprimieron con violencia. En Inglaterra e Italia tuvieron lugar sublevaciones del mismo tipo, desde el campo siguieron hacia las ciudades, aliando a campesinos y burgueses con el objetivo común de destronar a los nobles y al clero y quitarles sus poderes y privilegios. Las sublevaciones urbanas en Flandes (1323 -1328), Florencia (1378), Gante (1381) y París (1382), pusieron a las clases más pobres en contra de los burgueses y de la administración de la ciudad. La burguesía, que tenía capital económico, reivindicaba poder político y explotaba el descontento general a su favor.
El Imperio Otomano (Siglos XIII - XX)
Los turcos se convirtieron al islam alrededor del siglo X, cuando vivían como nómadas en las planicies de Eurasia. El islamismo prohibía el ataque y saqueo contra los musulmanes, y así los turcos se dirigieron hacia Anatolia, región ocupada por el Imperio Bizantino, que era cristiano. Al final del siglo XIII, los turcos se habían organizado en un territorio fuera de Anatolia, y el ejército turco liderado por Otomán I conquistó Asia Menor y el Estrecho de Dardanelos, controlando el pasaje entre Asia y Europa. Las regiones conquistadas se volvieron provincias del Imperio Otomano, gobernado de acuerdo a las reglas políticas, religiosas y culturales del Corán, pero con cierta libertad religiosa. Los judíos y los cristianos tenían derecho a la protección del gobierno siempre que pagaran una tasa específica, lo cual llevó a que parte de la comunidad cristiana se convirtiera al islamismo.
La toma de Constantinopla (1453)
El Imperio Romano de Oriente, también llamado Imperio Bizantino, tuvo a Justiniano como su emperador más importante. En su gobierno se creó el código de leyes que hasta hoy se estudia en las facultades de Derecho, el Corpus Juris Civilis Romani, o Código de Justiniano. Durante la existencia del Imperio, los bizantinos controlaron Grecia, Anatolia, Siria, Palestina y Egipto e intentaron sin éxito reconquistar los territorios pertenecientes al Imperio Romano en Europa Occidental. En el 568, los bizantinos perdieron sus territorios en Italia ante los bárbaros y después perdieron también Egipto, Siria y Palestina contra las tribus árabes convertidas al islamismo. Constantinopla era la capital del Imperio Romano de Oriente desde el siglo IV. La ciudad actualmente llamada Estambul quedaba en el Estrecho de Bósforo, en la unión entre el Mar Mediterráneo (Europa) y el Mar Negro (Asia), y estaba estructurada como una fortaleza. Los turcos, que desde el siglo XI intentaban conquistar la ciudad, ya habían conquistado otras ciudades para aislar a Constantinopla de los reinos cristianos. Ellos cercaron la ciudad y cortaron el abastecimiento por tierra y por mar. El debilitado Imperio Bizantino pidió ayuda, pero no logró evitar la invasión de la capital. La caída de Constantinopla hizo que los cristianos perdieran un territorio estratégico y dificultó el comercio con Oriente, lo que aumentó la necesidad de los europeos de descubrir nuevas rutas comerciales.
El nacimiento del islam (Siglo VII)
El islamismo nació en la Península Arábiga y en menos de un siglo conquistó Medio Oriente, el norte de África y el sur de Europa. La Península Arábiga es una región dominada por desiertos. Al sur, la comunicación marítima con otros pueblos posibilitó el nacimiento de ciudades con comercio y también se desarrolló la agricultura. En el resto del territorio vivían los beduinos. Siendo pueblos nómadas que se dedicaban al comercio, los beduinos vivían en tribus, hablaban árabe y tenían un único dios, Alá. El islamismo tuvo inicio alrededor del 610, cuando Mahoma recibió mensajes de Alá. Enfrentando resistencia, Mahoma abandonó la Meca, ciudad que era el centro de las peregrinaciones religiosas, y en el 622 se instaló en Medina, unificando así tribus beduinas y expandiendo su poder, hasta la conquista de la Meca, en el 629. Las revelaciones hechas a Mahoma fueron compiladas en el Corán, libro sagrado de los musulmanes. La muerte de Mahoma generó una división entre los musulmanes: chiitas, que proclamaban que el sucesor del profeta debería ser un familiar de Mahoma, y los sunitas, que defendían el uso de elecciones para elegir al sucesor.
La expansión del islamismo (Siglos VII - XIII)
En el 632, los sucesores de Mahoma aprovecharon el debilitamiento de los Imperios Bizantino y Sasánida para expandir sus territorios. El islam, que promovía la unidad política y religiosa, tuvo gran importancia en dicha expansión. En la segunda mitad del siglo VII, la capital del Imperio Árabe se transfirió a Damasco, en Siria, y se construyeron las mezquitas de Medina y Jerusalén. El poder de los árabes se expandió, especialmente en el norte de África, y al final del siglo VII avanzaron hacia Marruecos, llegando a la Península Ibérica. Se establecieron en Paquistán, Afganistán y en otros territorios de Asia Central, y en el siglo XIII el Imperio se dividió en tres regiones. La expansión del cristianismo en el siglo siguiente disminuyó sus territorios, así como la invasión otomana en Asia Menor.
Introducción
Sahel es una extensa área al sur del desierto del Sahara, en África, ocupada por diversos pueblos, que el islam progresivamente conquistó gracias al comercio entre el norte y el sur del continente. Entre los siglos VIII y XVI varios reinos se desarrollaron en la región, así como también ciudades-estado.
Reino de Ghana (Siglo XI)
El reino de Ghana surgió antes del avance del islam en Sahel, y su poder venía del control de minas y de los cruces del comercio de caravanas. El oro, que era abundante en el reino, se cambiaba por sal, producto importante como moneda de cambio por su capacidad de conservar los alimentos. La expansión del islam en Ghana comenzó con la conversión de los ministros y asesores del rey y debido al uso del árabe en la administración del reino. Con la nueva religión, Ghana unificó las tribus que formaban parte del mismo.
Imperio de Malí (Siglos XIII - XVI)
El Imperio de Malí sucedió al Reino de Ghana, y tuvo su auge entre los siglos XIII y XVI. Eran comunes las peregrinaciones a la Meca y a Medina entre los gobernantes de Malí. El comercio entre el Imperio Malí y el Imperio Árabe era grande y la expansión de los territorios y del islam se atribuyó al emperador Mansa Musa, que gobernó entre 1312 y 1337.
Mexicas y aztecas (Siglo XII)
Los mexicas llegaron a México del norte alrededor del siglo XII. Entre los siglos XIII y XIV ellos conquistaron los pueblos que vivían en la región y construyeron Tenochtitlán, la primera y más grande ciudad azteca. Diversas guerras entre los siglos XIV y XV expandieron el control azteca sobre el territorio y llevaron al surgimiento del imperio. Los aztecas mantenían documentos y el más conocido de ellos, el Códice Mendoza, fue escrito entre 1541 y 1542 a pedido de los españoles que habían ocupado la región. La agricultura de los aztecas utilizaba la irrigación y era rica. La decadencia y desaparición de los aztecas tuvo inicio con la llegada de los españoles en el siglo XVI.
Incas (Siglos XV - XVI)
Entre los siglos VII y I a.C. diversas comunidades al norte de los Andes se reunieron en un Estado teocrático. Algunos siglos después se desarrolló en la región, al margen del lago Titicaca, el Imperio de Tiahuanaco, basado en la agricultura y cría de animales. En el siglo XV, los incas, que controlaban el sur de Perú, se expandieron y dominaron a los pueblos de la región. La base de la economía inca era la agricultura y la cría de animales adaptados al relieve andino.