
Lo positivo es que, cuando un cachorro es pequeño, es manejable, juguetón y es un libro en blanco, puedes empezar a enseñarle desde cero. Se adaptan con mucha facilidad a los cambios y a tu vida. Y son monísimos, no lo vamos a negar.
Lo malo es que no tienes garantizado cuál será su carácter, tamaño o forma y tendrás muchas obligaciones: vacunaciones, sociabilización, su aprendizaje y el controlar sus necesidades básicas. Además, cuando cambie los dientes morderá todo lo que esté a su alcance, y es que la etapa en la que es más adorable dura realmente poco.

Lo positivo es que ya sabrás el tamaño que alcanzarán de adultos, y más o menos el carácter final que tendrán. Están en la etapa perfecta para el aprendizaje. Algunos ya vendrán con sus nociones básicas de educación y el tema de realizar sus necesidades básicas fuera de casa lo tendrán ya aprendido.
Lo malo es que se encuentran en la etapa de la adolescencia perruna, lo que significa el comienzo del celo. En este momento están un poco “dispersos”, sus hormonas mandan sobre ellos, y son pura energía.

Lo positivo es que se encuentran en la etapa con menos problemas veterinarios, pues con una revisión anual es más que suficiente. Eso sí… ¡Tendrás que tener en cuenta sus vacunas! Ya se conoce todo su físico y es un perro con su carácter definido. Son menos revoltosos que los cachorros o jóvenes, y están en la edad ideal para familias que adquieran su primer perro.
Lo malo es que la dedicación que tienes que tener con ellos es mucho mayor. Deben jugar, sociabilizarse con sus congéneres y, si eres deportista, te tocará hacer deporte con él para que se sienta un perro pleno.

Lo positivo es que no hay sorpresas, pues estos perros tienen su carácter bien forjado, suelen ser bastante tranquilos. Adoptar a un señor o señora perro es lo más gratificante que se puede sentir. Lo importante es que les des buenos alimentos, un sitio mullido para dormir y largos paseos.
Lo malo es que, debido a su edad, puede que tengas que invertir un poco más en sus gastos veterinarios. Además, no son apropiados para casas con niños si éstos no saben respetar que tienen un abuelo o abuela en casa.
Solo queda una última pauta: ¡déjate asesorar por las personas que están en contacto con los perros! A pesar de cualquier consejo, ese perrito del que te enamores será tu compañero eternamente, sin importar su edad.