27 de Junio 2022

KOI-456.04 destaca de entre todos los demás.
¿El motivo? Orbita alrededor de una estrella que es igual a nuestro Sol. Y lo hace, además, a una distancia que permitiría que en la superficie de ese mundo lejano las temperaturas fueran compatibles con la vida. El hallazgo, que aún debe ser confirmado por medio de nuevas observaciones, se acaba de publicar en Astronomy & Astrophysics.
El planeta fue descubierto por un equipo de astrónomos dirigidos por investigadores del Instituto Max Planck para la Investigación del Sistema Solar en Gotinga, Alemania. Su estrella, llamada Kepler 160, emite luz visible, como la nuestra, y no radiación infrarroja, como sucede con las enanas rojas, más débiles y pequeñas que el Sol, que alumbran a la mayor parte de los demás exoplanetas descubiertos hasta ahora.
Los telescopios espaciales como CoRot, Kepler o TESS han permitido el descubrimiento, durante los últimos 14 años, de más de 4.000 planetas extrasolares diferentes. La mayoría de ellos, sin embargo, son mundos gaseosos y gigantes, de tamaño comparable al de Neptuno, y además en órbitas relativamente cercanas alrededor de sus estrellas anfitrionas.
Pero los centíficos también han descubierto algunos planetas, aunque no demasiados, rocosos y con tamaños similares al de la Tierra. Y un puñado de ellos también se encuentran a la distancia correcta de su estrella para que sus temperaturas superficiales permitan la existencia de agua en estado líquido, un ingrediente, por lo que sabemos, esencial para la vida. "Sin embargo -explica René Heller, primer firmante del artículo- , la imagen completa de la habitabilidad implica también una mirada a las cualidades de la estrella". Y hasta ahora, casi todos los exoplanetas de menos del doble del tamaño que el nuestro y que tienen un potencial de temperaturas de superficie compatibles con la vida están en órbita de enanas rojas.
Las enanas rojas tienen una vida extremadamente larga, y por eso tienen a favor el hecho de que los planetas que las orbitan han tenido el doble de tiempo que la Tierra para formar y evolucionar vida. Pero la mayor parte de la radiación que emiten esas pequeñas estrellas es infrarroja, y no luz visible como la que conocemos. Muchas de ellas, además, emiten violentas llamaradas de energía que, como se ha comprobado ya en varias ocasiones, pueden "freir" literalmente a sus planetas y destruir, por lo tanto, la vida que pudiera haber en ellos.
Por último, para que el calor recibido sea suficiente para la vida, esos mundos tienen que estar tan cerca de sus estrellas (mucho más débiles que el Sol), que la gravedad estelar lllega incluso a deformarlos, abombándolos, y se piensa que las fuerzas de marea podrían ser lo suficientemente fuertes como para provocar en ellos violentos episodios de volcanismo global, lo que también sería fatal para la vida.
En otras palabras, estas condiciones desfavorables hacen que la habitabilidad de los planetas alrededor de enanas rojas sea una cuestión muy debatida entre la comunidad científica.
Pero en KOI-456.04 todo podría ser diferente. En su artículo, el equipo de científicos del Max Planck, junto a investigadores del Observatorio de Sonnenberg, la Universidad de Gotinga, la Universidad de California en Santa Cruz y la NASA, informan sobre el potencial hallazgo de un planeta cuyo tamaño es menos del doble que el de la Tierra, y que recibe una "iluminación moderada" de una estrella muy similar al Sol.
A cerca de 3.000 años luz de distancia, la estrella Kepler 160 ya fue ampliamente estuduada por la sonda Kepler, que la siguió entre 2009 y 2013. Su radio es apenas algo mayor que el del Sol, su temperatura superficial es de 5.200 grados (300 grados menos que el Sol) y su luminosidad es, también, prácticamente la misma, lo que la convierte en una auténtico "doble" de la estrella que ilumina la Tierra.
Desde hace ya seis años, además, se sabe que Kepler 160 es anfitriona de dos planetas, llamados Kepler 160b y Kepler 160c. Ambos son sustancialmente mayores que la Tierra y siguen órbitas muy cercanas a la estrella, por lo que las temperaturas convierten sus superficies en auténticos hornos, incompatibles con la vida. Pero una serie de pequeñas variaciones en el periodo orbital del planeta Kepler 160c proporcionó a los científicos la "firma" de un tercer planeta que, sin embargo, aún no había sido confirmado.
Ahora, Heller y sus colegas han vuelto a revisar esos viejos datos en busca de otro planeta adicional "oculto" en ellos. El equipo de investigadores ya había tenido éxito antes en tareas similares, al encontrar hasta 18 exoplanetas "perdidos" en los antiguos datos de Kepler.
Como consecuencia de lo anterior, las condiciones de la superficie en KOI-456.04 podrían ser, si se confirma por fin su existencia, muy similares a las de la Tierra. La cantidad de luz que recibe de su estrella anfitriona es aproximadamente el 93 por ciento de la luz solar recibida en la Tierra. Si KOI-456.04 tuviera, además, una atmósfera mayormente inerte con un leve efecto invernadero similar al de nuestro propio planeta, entonces su temperatura superficial sería de 5 grados Celsius en promedio, unos diez grados más baja que la temperatura global promedio de la Tierra.
Sin embargo, actualmente no se puede descartar por completo que KOI-456.04 sea, en realidad, una simple casualidad estadística o un error de medición en lugar de un planeta genuino. Hasta que se lleve a cabo la comprobación definitiva, el equipo estima que las posibilidades de que se trate efectivamente de un planeta son de alrededor del 85%. Pero obtener el estatus formal de planeta requiere del 99%.
Algo que deberá hacerse con nuevas observaciones específicas tanto desde futuros telescopios terrestres como espaciales. Entre ellos, la misión espacial PLATO, de la Agencia Espacial Europea, cuyo lanzamiento está programado para 2026 y cuyo objetivo es, precisamente, el de descubrir planetas del tamaño de la Tierra alrededor de estrellas similares al Sol, cuenta con una instrumentación lo suficientemente sensible como para conseguirlo. Por desgracia, la precisión requerida para esa comprobación está en el límite de la capacidad de los instrumentos actualemnte en servicio.