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La peruana vivía por entonces en la Capital y llevaba un tiempo organizando comidas en las que se juntaban distintos políticos del momento. Entre ellos estaba Miguel Boyer, militante del PSOE y uno de los invitados frecuentes.
En uno de estos eventos, Isabel Preysler acudió como invitada ocasional. “Siempre había pocas mujeres en mis almuerzos” contaba Mona en una entrevista para ABC. “Un día una amiga me llamó para decirme que a Isabel le apetecía venir a mis lentejas y le dije que encantada. Así conoció Isabel a Miguel. Fue un flechazo. Pero como yo estaba pendiente de los demás invitados, fui la última en enterarme”.
En aquella comida Isabel y Miguel estuvieron acompañados de sus respectivos cónyuges, la ginecóloga Elena Arnedo y Carlos Falcó, marqués de Griñón. La relación entre ambas parejas fue tan buena que pronto empezaron a compartir viajes de vacaciones. Una amistad curiosa en la que entre dos de los miembros estaba surgiendo un romance.
“Cuando empecé a salir con Miguel, todavía no era ministro. Era un hombre casado, eso es muy cierto” afirmó Isabel a Pilar Eyre en su libro Mujeres, 20 años después. Aquí es donde apareció su romance, en el verano de 1982, un año importante en la historia contemporánea de España, siendo este el último de la Transición democrática. En las elecciones celebradas, el partido socialista ganó y Boyer adquirió el puesto de ministro de hacienda.
Lo que no se sabía por entonces es que este superministro mantenía una relación secreta con una mujer que también estaba casada. “La primera vez que Miguel y yo salimos juntos me llevó a comer a un restaurante a las afueras de Madrid” contaba Isabel. “Yo le dije “oye, vamos a tener cuidado, ¿eh? Que me conoce mucha gente””, “Estaba muy nerviosa. De repente entró un autobús entero de señoras que me miraban y se daban codazos. “La Preysler, la Preysler” gritaban las señoras diciendo mal mi apellido”.
La relación no podía hacerse pública en ningún caso. Miguel llevaba más de veinte años casado con Elena Arnedo, hija de la escritora Elena Soriano y de un intelectual militante del partido socialista. Miguel y Elena compartían unos valores e idea política comunes. Tuvieron dos hijos, Laura y Miguel, y a principio de los años 80 el matrimonio Boyer ya no era lo mismo.
Por aquel entonces apareció Isabel Preysler, que en el año 78 puso fin a su relación con Julio Iglesias, para irse con Carlos Falcó, con el que llevaba tiempo coqueteando y que le prometía a ella una vida feliz lejos de los celos de Julio, que además le era infiel desde el principio de su matrimonio. Isabel y Carlos se casaron en 1980 y tuvieron una hija, Tamara Falcó. “Carlos era liberal de verdad, yo podía ir a fiestas, bailar, divertirme… Julio más bien era un chico de derechas, conservador, celoso y posesivo” recordaba Isabel en una entrevista para Vanity Fair. “Carlos te hacía la vida muy agradable, entretenida y divertida” afirmaba.
Pero esta vida que tanto le gustaba a Isabel parece que no fue suficiente. En el 82 se encontró por causalidad a Miguel Boyer mientras comían lentejas, y su destino cambió por completo. “Es verdad que me fascinó Miguel” reconocía ella. “Era muy brillante, tenía mucho sentido del humor. No fue culpa de Carlos, fue mía, qué quieres que te diga. Lo sentí muchísimo por él, pero me enamoré”.
El matrimonio con Carlos había supuesto un salto a la aristocracia y a la alta sociedad, pero Isabel renunció a ello pronto por el flechazo que tuvo con aquel señor tan inteligente. Miguel dejó a su esposa, también inteligente y feminista, lo que provocó que recibiera muchas críticas bajo el dicho: “al final, todos los hombres son iguales”.
Lo cierto es que Elena supo desde un principio lo que estaba ocurriendo entre su marido e Isabel, pero decidió esperar a ver qué pasaba con la historia. Por su parte, Carlos Falcó no quiso creer que su esposa le estuviese engañando con el ministro, que para colmo era su vecino (uno vivía en la calle Arga y el otro en la calle Ripoll). Los amantes mantuvieron en secreto una relación que no era tan oculta. “Todos sabíamos que Isabel y Miguel se veían a escondidas en Marbella, en un apartamento en el Ancón, al lado de Jaime de Mora, que era quien los lo había chivado, pero no podíamos decir nada porque se trataba del superministro” escribía Pilar Eyre en Lecturas.
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La historia llegó a un límite donde los rumores eran tan claros que Carlos e Isabel dieron un comunicado de prensa negando posibles problemas en su matrimonio, a pesar de que muchos ya conocían la verdad. Cuando el marqués de Griñón aceptó todo lo que estaba pasando, decidió actuar igual que Elena, porque dio por hecho que los gustos de su esposa no tenían nada que ver con los del político. Miguel era una persona seria y política mientras que Isabel era una persona alegre a la que no le interesaba la política.
A pesar de esto, pudimos comprobar que ambos no eran tan distintos. El 5 de febrero del 85, celebraron una pequeña fiesta con doce invitados en el ministerio de Hacienda. El 3 de julio Miguel Boyer dimitía, y su amigo Carlos Solchaga le sustituía, pasando a ser este el presidente del Banco Exterior. Aquel día, Carlos volvió a dormir con la que aún era su esposa, Elena y al día siguiente rompieron definitivamente.
Isabel y Carlos Falcó confirmaron su ruptura el 14 de julio. “Yo hacía todo lo posible para no llamar la atención, pero todo se magnificaba y exageraba” contaba ella. Hoy día, Isabel sigue negando que ella no fue la culpable de la dimisión de Carlos de su cargo.
Poco después la dimisión de Carlos, Miguel Boyer e Isabel Preysler comenzaron a vivir juntos. Esta historia de amor se convirtió en uno de los temas más polémicos de los que se habló en España. Después del divorcio, la custodia de Tamara fue para su madre. Carlos Falcó se casaría años después con Fátima de Cierva, con quien tuvo dos hijos más, y después, con Esther Doña. Mantuvo una buena relación con su ex mujer hasta el final, cuando falleció por coronavirus en marzo de 2020.
Por su parte, la ex mujer de Miguel procuró mantenerse al margen, trabajando y rechazando recibir una pensión de su marido, de quien nunca habló públicamente. Tiempo después Elena se casó con el arquitecto Fernando de Terán, y se convirtió en el año 2003 en concejala del PSOE en el ayuntamiento de Madrid. Esta falleció en el año 2015 por un cáncer.
La boda entre Isabel y Miguel llegó el 2 de enero de 1988. Una unión discreta que celebró en los juzgados de la calle Pradillo de Madrid. La pareja Boyer-Preysler fue muy criticada en aquella época, entre otras cosas por la casa de Puerta de Hierro que se construyeron a finales de los 80, algo que se convirtió en una mofa para muchos por su poco gusto según opinaron. “La mansión de Isabel Preysler se convirtió en el símbolo de la decadencia socialista felipista” escribía Juan Luis Galiancho.
A pesar de esto y de la fallida experiencia como presentadora de televisión, Isabel consiguió convertirse en la reina del corazón en los años 90 y lo continuó siendo en los 2000. Había un completo interés por todo lo que hacía o dejaba de hacer. Isabel y Miguel fueron una pareja estable hasta que en el año 2012 Miguel sufrió un ictus del que finalmente pudo recuperarse. “Isabel me ha salvado la vida” declaraba Miguel agradeciéndole a su mujer todo lo que le había ayudado. Miguel Boyer falleció en septiembre de 2014.
Fue a partir de entonces cuando aparecieron los problemas familiares, y fue con respecto a la herencia, donde Isabel se enfrentó a los hijos del primer matrimonio de Boyer. Tan solo un año después, apareció la noticia de que Isabel Preysler había iniciado un romance con el escritor Mario Vargas Llosa, algo que creó controversia por la reciente muerte de su marido, y porque Mario ya estaba casado con Patricia Llosa, quien en su día dijo que se enteró a través de la prensa de que la habían dejado. Por aquel entonces, se recordaron los rumores que hubo en los 80 cuando supuestamente Boyer había intentado suicidarse por las infidelidades de Isabel. Algo muy comentado todo ese tiempo.
Actualmente, Isabel y el premio Nobel continúan juntos. Y nuevamente Isabel ha sido la protagonista de un revuelo mediático que ha durado mucho tiempo. “Me gusta pensar que por lo menos he vivido cosas diferentes, no solamente diferentes, sino que he vivido. Yo he visto mucha gente que pasa por la vida sin pena ni gloria, ¿no? Y sin sentir, sin darse cuenta de lo maravilloso de la vida… De lo único que me puedo arrepentir es de lo que no he hecho” contaba Isabel.