
La monarca, de 96 años, falleció el jueves por la tarde, y las leyes de sucesión establecen que la corona se traspasa de forma instantánea, aunque el nuevo monarca todavía tendrá que afrontar una serie de procesos oficiales que detallamos a continuación.
La procesión para trasladar el féretro de Isabel II del palacio Buckingham al de Westminster ha conseguido transformar algunas de las calles más bulliciosas de Londres. El silencio que ha descendido sobre esas calles solo está siendo roto por el ruido de los tambores, las salvas que se disparan una vez por minuto y el repicar de campanas del Big Ben en el mismo intervalo de tiempo. Los seis cañones que está usando la artillería real de la tropa del rey estuvieron en servicio activo durante la Primera y la Segunda Guerra Mundial.
Uno de los momentos más emotivos se ha producido cuando el féretro ha pasado justo por delante de las estatuas de los padres de Isabel II, el rey Jorge VI y la Reina Madre, situadas en un lateral de la calle conocida como The Mall. En la retransmisión en directo que está realizando la BBC, parecía que estaban viendo pasar a su hija camino de lugar donde pasará cuatro días recibiendo las muestras de respeto de sus súbditos.
El ataúd de la monarca está cubierto por el Estandarte Real, sobre el que descansa la Corona Imperial de Estado en un cojín de terciopelo. La corona de flores cuenta con rosas y dalias blancas y una selección de follaje de Balmoral y Windsor, las dos residencias reales donde Isabel pasó más tiempo en los últimos meses de su vida.
El recorrido total duró 38 minutos y concluyó con un breve servicio religioso dirigido por el Arzobispo de Canterbury. El nuevo monarca Carlos III caminaba detrás del féretro acompañado de sus hermanos Ana, Andrés y Eduardo y de sus hijos Guillermo y Harry.
La reina consorte y la nueva princesa de Gales viajaron juntas hacia Westminster mientras que la duquesa de Sussex compartió otro vehículo con la condesa de Wessex, esposa del príncipe Eduardo. La multitud solo ha empezó a aplaudir cuando los miembros de la Guardia Real Inglesa se han quitado sus llamativos sombreros de pelo de oso en la puerta de Westminster para levantar el ataúd del carruaje donde ha viajado e introducirlo en el interior de la abadía.
Este miércoles por la tarde el nuevo monarca de 73 años se retiró a su finca de Highgrove después de dejar a su esposa, la reina consorte Camila, en la mansión Ray Mill House que ella tiene en Reybridge. La pareja abandonó Londres a última hora de la tarde para regresar a sus respectivas casas tras una semana repleta de actos públicos vinculados al fallecimiento de Isabel II el pasado jueves, lo que en el caso de Carlos ha incluido viajes relámpago a Escocia e Irlanda del Norte.
El avión real aterrizó en la finca de Camila alrededor de las 16.30 horas del miércoles en Reybridge después de que el matrimonio participara en la procesión que acompañó el féretro de la reina del palacio de Buckingham al de Westminster para asistir después a un servicio religioso. El hijo de Isabel II y rey aprovechará hoy jueves para descansar, ya que no tiene fijado ningún compromiso en su agenda, y se espera que dedique el día a la contemplación.
Highgrove House, el lugar donde ha elegido refugiarse, es una residencia privada que compró en 1980 a Maurice Macmillan, hijo del ex primer ministro Harold Macmillan, y que se encuentra a tan solo quince minutos en coche de Ray Mill House, la mansión donde Camila se instaló tras el divorcio de su primer esposo Andrew Parker Bowles en 1994.