
Un volcán nace a través de un proceso geológico conocido como “actividad volcánica”, se forma cuando el magma, que es roca fundida debajo de la superficie de la Tierra, sube a la superficie y entra en erupción y su proceso se divide en varias etapas:
Formación de magma: El magma se forma en el manto terrestre, que es una capa situada entre la corteza y el núcleo, se crea a través de una combinación de la alta temperatura y presión que hace que las rocas se derritan, este magma es menos denso que la roca sólida, lo que le permite ascender hacia la superficie.
Acumulación en una cámara de magma: a medida que el magma asciende, a menudo se acumula en cámaras subterráneas o bolsas dentro de la corteza terrestre, estas cámaras de magma pueden variar en tamaño y pueden existir a diferentes profundidades.
Acumulación de presión: a medida que el magma continúa acumulándose en la cámara de magma, la presión dentro de la cámara aumenta, esta presión se acumula con el tiempo y eventualmente conduce a la erupción del volcán.
Erupción: cuando la presión en la cámara de magma se vuelve demasiado grande para contenerla, el volcán entra en erupción, la erupción puede ser relativamente leve, con lava fluyendo suavemente desde el cráter, o puede ser explosiva, enviando cenizas, gases y materiales piroclásticos a la atmósfera.
Formación de características volcánicas: los materiales expulsados durante la erupción pueden acumularse alrededor de la chimenea, creando varias características volcánicas, como una montaña en forma de cono o una caldera (un gran cráter).
Es importante señalar que no todas las erupciones volcánicas dan como resultado la formación de nuevos volcanes y algunos volcanes pueden permanecer inactivos durante largos períodos antes de volver a activarse.
Además, algunos volcanes se forman bajo el agua, lo que lleva a la creación de volcanes submarinos o islas volcánicas. ¿Los conocías?