
Desde hace ya varios años esa sensación de tristeza provocada por el fin de las vacaciones y la vuelta a la rutina, conocida como la depresión postvacacional, recibe el nombre del “síndrome de los quince días”. Esto tiene una interesante razón para llamarse así, ya que sale cuando una persona se sobre esfuerza durante todo el año con la vista puesta siempre en el supuesto descanso de sus quince días de vacaciones. Y esto es algo relativamente moderno, aunque los días de las vacaciones lleven siendo los mismos o incluso menos desde hace años, y si debe a que esas vacaciones llenas de risas y sol cada vez parecen pasar más rápido, y cada vez se descansa menos.
Hace años, las vacaciones se formaban de 15 días en el sitio que se veraneaba todos los años con una especie de “rutina” formada por levantarse e ir a la playa. Esas siestas infinitas, horas al sol y bocatas en la orilla mirando a la gente ya no son algo que entre en la mayoría de las vacaciones de los trabajadores. Esos días en la playa llevaban a un aburrimiento que aparecía en un momento u otro, con ganas de volver a la rutina del resto del año, de la vuelta al cole, de comenzar de nuevo a funcionar.
Las vacaciones de hoy en día se basan en un cambio de escenario, pero no de estrés o rutina. Cambias el coche por coger un vuelo, una reunión por un tour en una ciudad, un día de trabajo por un paseo turístico de más de 20 km; mientras sigues consumiendo tu dosis diaria de contenidos y no paras de hacer ‘scroll’ en la tumbona. No tienes tiempo a querer volver, a buscar de nuevo retomar tu vida porque sigues en una continua agitación. Cada vez es más común escuchar que tus compañeros o conocidos vuelven más cansados de lo que se fueron, y es algo que seguramente hayas vivido tu también.
Aquí aparecen varios conceptos que pueden con nosotros en estos momentos de supuesto relax que deberían ser las vacaciones: el imperativo del rendimiento y el exceso de la oferta. Estamos tan acostumbrados a tener que rendir todo el año, que cuando nos estamos aburriendo en vacaciones sentimos que no estamos aprovechando. Esto viene ligado al exceso de oferta con la democratización del turismo, ya que cada vez es más barato viajar a muchas partes del mundo y queremos aprovechar esos días libres para hacerlo, pero el cuerpo nos pide parar. Y eso es completamente normal.
La solución es un cuanto utópica pero más que necesaria y la razón es que quince días son más que necesarios para reactivarnos y cargar las pilas. No hay que renunciar al viajar, visitar museos o recorrer ciudades extranjeras, solo hay que hacerlo en dosis más pequeñas y espaciadas, y aprovechar el groso de las vacaciones para simplemente aburrirse de estar de vacaciones, y así poder disfrutar incluso de la vuelta. Parar para volver a empezar, apagar para volver a encender.