
En la era de la información, es fácil que ciertos mitos y creencias equivocadas se perpetúen y se acepten como hechos. A menudo, estas ideas erróneas persisten debido a su popularidad y repetición en la cultura popular. A continuación, exploramos ocho creencias comunes que la ciencia ha demostrado que son falsas.
Primero, la idea de que usamos solo el 10% de nuestro cerebro es un mito ampliamente difundido. Esta creencia, popularizada en películas y libros, sugiere que podríamos desbloquear habilidades mentales extraordinarias si usáramos el 100%. Sin embargo, la neurociencia ha demostrado que utilizamos prácticamente todas las partes de nuestro cerebro, y la mayoría de las áreas están activas casi todo el tiempo. Estudios de imágenes cerebrales han mostrado que incluso durante el sueño, nuestro cerebro está trabajando activamente.
Otro mito común es que los camaleones cambian de color para camuflarse con su entorno. En realidad, los cambios de color en los camaleones están más relacionados con la comunicación y la regulación de la temperatura corporal que con el camuflaje. Los camaleones utilizan los cambios de color para expresar su estado emocional, para advertir a otros camaleones, y para atraer a parejas, así como para adaptarse a las variaciones de temperatura.
La creencia de que el azúcar provoca hiperactividad en los niños es otro mito que la ciencia ha desacreditado. Numerosos estudios han encontrado que no existe una relación significativa entre el consumo de azúcar y el comportamiento hiperactivo en los niños. La idea puede haber surgido de observaciones anecdóticas y de la expectativa de los padres, lo que influye en su percepción del comportamiento de sus hijos.
Un cuarto mito es que las vacunas causan autismo. Este mito se originó en un estudio fraudulento publicado en 1998, que ha sido completamente desacreditado. Numerosos estudios grandes y rigurosos han demostrado de manera concluyente que no existe un vínculo entre las vacunas y el autismo. Las vacunas son seguras y efectivas, y son fundamentales para la prevención de enfermedades infecciosas.
También es falso que las uñas y el cabello continúan creciendo después de la muerte. Esta creencia puede surgir de la observación de que la piel se retrae debido a la deshidratación post-mortem, dando la impresión de que las uñas y el cabello han crecido. En realidad, el crecimiento de las uñas y el cabello cesa inmediatamente después de la muerte.
Otro mito persistente es que los humanos tienen cinco sentidos. Aunque es cierto que tenemos cinco sentidos principales (vista, oído, olfato, gusto y tacto), los científicos han identificado muchos más. Entre ellos se encuentran la propiocepción (la percepción del cuerpo en el espacio), la nocicepción (la percepción del dolor), la termocepción (la percepción de la temperatura) y varios otros sentidos internos.
La idea de que los rayos nunca caen dos veces en el mismo lugar es incorrecta. Los rayos pueden, y de hecho lo hacen, golpear el mismo lugar varias veces, especialmente en lugares altos y expuestos como los rascacielos o las torres de comunicación. El Empire State Building, por ejemplo, es golpeado por rayos alrededor de 100 veces al año.
Finalmente, la creencia de que se puede atrapar un resfriado simplemente por estar expuesto al frío es un mito. Los resfriados son causados por virus, y la temperatura fría en sí misma no provoca la enfermedad. Sin embargo, es cierto que las personas tienden a estar en espacios cerrados durante el clima frío, lo que facilita la propagación de virus.
Estos ocho ejemplos destacan la importancia de cuestionar las creencias populares y de basarse en evidencia científica para entender el mundo que nos rodea. La ciencia nos proporciona herramientas para desmitificar estas falsas creencias y nos acerca más a la verdad.