
Los Juegos Olímpicos de Paris 2024 llegaron a su fin este domingo 11 de agosto con una ceremonia de clausura que destacó por su emotividad, simbolismo y espectáculo. La ciudad de las luces ofreció un cierre memorable, que combinó el arte, la música y la tradición olímpica en una despedida que dejó huella. El evento se llevó a cabo en dos ubicaciones emblemáticas de la capital francesa: el Jardín de las Tullerías y el Stade de France, simbolizando tanto la historia como el futuro del olimpismo.
La ceremonia comenzó en el Jardín de las Tullerías, donde se vivió un momento cargado de simbolismo y emoción. La artista Julien Duvivier interpretó Sour le ciel de Paris, una pieza del compositor francés Hubert Giraud, acompañada por un coro que resonó en todo el lugar, dando la bienvenida a uno de los grandes protagonistas de estos Juegos: Léon Marchand. Este joven nadador francés, de tan solo 22 años, se consagró como una de las figuras más destacadas de Paris 2024, ganando cuatro medallas de oro, una de bronce y estableciendo dos nuevos récords olímpicos. En él recayó la responsabilidad de apagar el pebetero olímpico, situado en este icónico jardín parisino.
Marchand se acercó al pebetero, que había brillado cada noche durante los Juegos, gracias a un globo aerostático que lo elevaba sobre la ciudad, creando una de las imágenes más memorables de esta edición olímpica. Con un gesto solemne, el nadador apagó el fuego olímpico, reduciéndolo a una pequeña llama que fue guardada en una lámpara especial. Este acto marcó el cierre simbólico de los Juegos, mientras la ciudad de París se despedía del evento que había reunido al mundo entero.
Después de este conmovedor inicio, la ceremonia continuó en el Stade de France, donde se celebró el acto principal de clausura. La noche comenzó con la entrada de los deportistas de todas las delegaciones, quienes desfilaron bajo los vítores del público, seguidos de un emotivo homenaje a los voluntarios que hicieron posible la realización de los Juegos. El estadio, lleno de energía y emoción, fue el escenario de un espectáculo titulado Récords, dirigido por Thomas Jolly, que capturó la esencia del olimpismo a través de una narrativa futurista y simbólica.
El espectáculo comenzó cuando las luces del estadio se apagaron y un "Viajero Dorado" descendió desde el cielo. En el relato, el Viajero Dorado representaba un futuro distópico en el que los Juegos Olímpicos habían sido olvidados. A medida que exploraba este mundo, descubría los vestigios del olimpismo y, con la ayuda de la Victoria de Samotracia, una representación de la Diosa Niké, lograba restaurar los cinco aros olímpicos, simbolizando el renacimiento de los valores del olimpismo. Este segmento fue una poderosa metáfora del legado de Pierre de Coubertin, el visionario que revivió los Juegos Olímpicos en el siglo XIX.
La banda de indie rock Phoenix y el DJ Kavinsky, ambos iconos de la música francesa, se encargaron de mantener el ambiente festivo en el estadio, interpretando éxitos que resonaron en todo el Stade de France. La ceremonia continuó con la entrega protocolaria de la bandera olímpica, un momento que simbolizó la transición de París a Los Ángeles. El presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), Thomas Bach, junto con la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, entregaron la bandera olímpica a Karen Bass, alcaldesa de Los Ángeles, quien estuvo acompañada por Simone Biles, la legendaria gimnasta estadounidense.
Uno de los momentos más espectaculares de la noche fue protagonizado por el actor estadounidense Tom Cruise. En un guiño a su papel en la franquicia Misión Imposible, Cruise hizo una entrada dramática desde el techo del Stade de France, descendiendo hasta el centro del estadio. Allí, tomó la bandera olímpica y la llevó consigo en una motocicleta, como si estuviera realizando una de sus famosas escenas de acción. La bandera fue trasladada hasta Los Ángeles, donde fue recibida en una ceremonia en el Memorial Coliseum, el histórico estadio que ha sido sede de los Juegos Olímpicos en dos ocasiones anteriores, en 1932 y 1984.
La ceremonia en Los Ángeles continuó con una celebración en la playa, donde actuaron algunos de los nombres más icónicos de la música californiana. La banda Red Hot Chili Peppers ofreció una electrizante presentación, seguida por Billie Eilish, quien interpretó Birds of Feather. El relevo también contó con la participación del rapero Snoop Dogg, originario de Long Beach, acompañado por Dr. Dre, otro peso pesado de la música de la costa oeste.
De vuelta en París, Thomas Bach, presidente del COI, pronunció un discurso de clausura en el que destacó el carácter de estos Juegos. En su discurso, Bach elogió el esfuerzo y dedicación de todos los atletas, así como la hospitalidad y organización de la ciudad de París, que supo estar a la altura de este gran evento deportivo.
El cierre de la ceremonia lo puso la cantante y modelo francesa Yseult Onguenet, quien interpretó una emotiva versión de My Way. Esta canción, originalmente francesa de 1967 y adaptada al inglés por Paul Anka, fue popularizada por Frank Sinatra y se convirtió en el himno perfecto para despedir a Paris 2024. Con la llama olímpica apagada y los aros olímpicos recomponiéndose, el espíritu de los Juegos se mantuvo vivo en el corazón de todos los presentes.
Paris 2024 será recordado no solo por las impresionantes actuaciones deportivas, sino también por una ceremonia de clausura que capturó el espíritu del olimpismo y lo proyectó hacia el futuro. La ciudad de las luces se despidió con un espectáculo que celebró lo mejor del deporte, la cultura y la unidad global, dejando un legado duradero que inspirará a generaciones futuras. Mientras tanto, el mundo ya empieza a mirar hacia Los Ángeles, donde en 2028, el fuego olímpico volverá a arder, llevando consigo el sueño olímpico hacia nuevas alturas.