
La exploración espacial, un logro que parece reservado a la imaginación, ha sido posible gracias a la dedicación y el genio de mentes brillantes. Entre estas figuras, las mujeres han ocupado un lugar destacado, superando barreras sociales y culturales para contribuir de manera significativa al avance de nuestra comprensión del universo. Este artículo explora a las científicas más importantes cuya labor en la ingeniería, la física, la biología y otras áreas relacionadas con la exploración espacial ha marcado un antes y un después.
En el amanecer de la era espacial, Katherine Johnson, una matemática afroamericana de la NASA, destacó por sus cálculos precisos de trayectorias orbitales. Fue su genio el que permitió el éxito de la misión Mercury-Atlas 6, en la que John Glenn se convirtió en el primer estadounidense en orbitar la Tierra en 1962. Johnson comprobó personalmente las ecuaciones computarizadas de la época, y su trabajo fue esencial para garantizar la seguridad de la tripulación.
Más allá de sus cálculos, Johnson enfrentó el doble desafío de ser mujer y afroamericana en un entorno dominado por hombres blancos. Su historia, popularizada en la película Hidden Figures (2016), es un recordatorio de cómo la diversidad enriquece la ciencia y la innovación.
Aunque Valentina Tereshkova es conocida principalmente como la primera mujer en viajar al espacio, su legado como científica merece igual reconocimiento. Tereshkova, seleccionada como cosmonauta en 1963, realizó experimentos biológicos para estudiar cómo el cuerpo humano respondía a la ingravidez. Su vuelo en la misión Vostok 6 duró casi tres días, tiempo durante el cual recopiló datos críticos para el diseño de futuras misiones tripuladas.
Después de su vuelo, Tereshkova continuó participando activamente en el programa espacial soviético, contribuyendo a la planificación de misiones posteriores y promoviendo la inclusión de mujeres en la exploración espacial.
En la década de 1960, Margaret Hamilton lideró el equipo que desarrolló el software de navegación para el Programa Apolo, que llevó al ser humano a la Luna. Hamilton acuñó el término ingeniería de software y estableció los principios que hoy guían el diseño de programas para sistemas críticos.
Su equipo creó el software que permitió al módulo lunar Eagle aterrizar en la Luna durante la misión Apolo 11, incluso cuando surgieron problemas inesperados con las alarmas del sistema. Hamilton no solo revolucionó la programación, sino que también estableció estándares de calidad y confiabilidad que siguen siendo la base de las misiones espaciales actuales.
Sally Ride se convirtió en la primera mujer estadounidense en viajar al espacio en 1983 a bordo del transbordador espacial Challenger. Sin embargo, su influencia va más allá de su viaje. Ride, física de formación, realizó investigaciones sobre las propiedades de los materiales en microgravedad y desarrolló herramientas para experimentos a bordo del transbordador.
Tras retirarse de la NASA, Ride dedicó su vida a la educación científica y a promover la participación de niñas en STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Fundó Sally Ride Science, una organización dedicada a inspirar a las futuras generaciones de científicas y astronautas.
En 2019, Christina H. Koch y Jessica Meir realizaron el primer paseo espacial exclusivamente femenino fuera de la Estación Espacial Internacional (ISS). Aunque este evento recibió mucha atención mediática, sus contribuciones científicas son igual de notables. Koch, ingeniera eléctrica, se especializa en sistemas de radiación y energía solar, mientras que Meir, bióloga, estudia los efectos de la microgravedad en los sistemas cardiovasculares y respiratorios.
Ambas mujeres forman parte de la generación actual de astronautas que se están preparando para futuras misiones a la Luna y Marte. Su trabajo no solo fortalece nuestra comprensión científica, sino que también redefine el papel de las mujeres en la exploración espacial.
Aunque no ha viajado al espacio, Sara Seager es una de las astrofísicas más influyentes de nuestra era. Sus investigaciones sobre exoplanetas –planetas fuera de nuestro sistema solar– han revolucionado la búsqueda de mundos habitables. Seager desarrolló herramientas teóricas para identificar atmósferas potencialmente habitables en exoplanetas y lidera el diseño de instrumentos para futuras misiones espaciales.
Como profesora en el MIT, Seager ha formado a generaciones de científicos y es una figura clave en el desarrollo del Telescopio Espacial James Webb y otros proyectos destinados a responder la pregunta fundamental: ¿estamos solos en el universo?
Aunque su trabajo no está directamente relacionado con la exploración espacial tripulada, Katie Bouman merece un lugar en esta lista por su papel en la imagen del agujero negro M87, la primera capturada en la historia. Bouman desarrolló algoritmos innovadores que combinaron datos de telescopios alrededor del mundo para generar esta imagen.
Su contribución al Event Horizon Telescope ha abierto nuevas fronteras en el estudio de la física espacial, proporcionando una herramienta sin precedentes para explorar el cosmos. Bouman es un recordatorio de que la investigación espacial no siempre requiere viajar más allá de nuestro planeta.
Diana Trujillo, una ingeniera aeroespacial colombiana, es una de las líderes detrás de las misiones del rover Perseverance en Marte. Como directora de vuelo del brazo robótico del rover, Trujillo supervisó los experimentos científicos que buscan señales de vida antigua en el planeta rojo. Su historia es un ejemplo de perseverancia, habiendo superado barreras económicas y sociales para alcanzar un puesto clave en la NASA.
Trujillo también ha trabajado para acercar la ciencia al público, ofreciendo transmisiones en español para ampliar el acceso a la información sobre las misiones a Marte.
El camino de las mujeres en la ciencia espacial no ha sido fácil, pero sus logros son un testimonio del impacto que tienen en la comprensión del universo. Desde Katherine Johnson hasta Diana Trujillo, estas pioneras han abierto puertas para futuras generaciones, demostrando que la diversidad es clave para la innovación y el avance científico.
A medida que miramos hacia el futuro con misiones a la Luna y Marte, es fundamental reconocer y celebrar las contribuciones de estas mujeres, cuyas historias nos inspiran a seguir explorando, aprendiendo y expandiendo los límites de lo posible en el espacio y más allá.