
El año 2024 ha sido un periodo de contrastes para la Selección Mexicana de Fútbol, marcado por cambios en la dirección técnica y resultados dispares en competencias internacionales. La gestión de Jaime Lozano al frente del equipo comenzó con expectativas altas, pero los resultados no acompañaron, lo que llevó a su salida y al retorno de Javier Aguirre como seleccionador nacional.
En la Copa América 2024, México integró el Grupo B junto a Jamaica, Venezuela y Ecuador. A pesar de una victoria inicial contra Jamaica, el equipo sufrió una derrota ante Venezuela y un empate sin goles frente a Ecuador, resultados que no fueron suficientes para avanzar a los cuartos de final.
La eliminación temprana en la Copa América generó críticas hacia el desempeño del equipo y cuestionamientos sobre la dirección técnica. La falta de contundencia ofensiva y debilidades defensivas fueron aspectos señalados por analistas y aficionados, aumentando la presión sobre la Federación Mexicana de Fútbol para realizar ajustes significativos.
Posteriormente, en la Liga de Naciones de la Concacaf, México enfrentó a Honduras en los cuartos de final. Tras una derrota de 2 - 0 en el partido de ida, el equipo mostró carácter en el encuentro de vuelta, logrando una remontada con una victoria de 4 - 0 en el Estadio Nemesio Díez, asegurando su pase a las semifinales con un marcador global de 4-2.
A pesar de este triunfo, las inconsistencias en el rendimiento del equipo a lo largo del año se reflejaron en el ranking de la FIFA. México descendió al puesto 19, siendo superado por Estados Unidos en la clasificación de la Concacaf, lo que evidenció la necesidad de una reestructuración y mejoras en el desempeño general del conjunto nacional.
El regreso de Javier Aguirre al banquillo trajo consigo la esperanza de recuperar la estabilidad y competitividad del equipo. Sin embargo, los desafíos persisten, y el tiempo apremia de cara a las próximas competencias internacionales, incluyendo un mundial para el que México no tendrá clasificación.
A medida que se aproxima el 2026, donde México será coanfitrión de la Copa del Mundo, la presión por conformar un equipo competitivo aumenta. La Federación Mexicana de Fútbol enfrenta el reto de implementar estrategias efectivas que permitan al Tri no solo participar, sino trascender en la máxima justa del fútbol mundial.
En resumen, el 2024 ha sido un año de aprendizajes y llamados a la reflexión para la Selección Mexicana. Los altibajos experimentados deben servir como punto de inflexión para realizar los cambios necesarios que conduzcan al equipo hacia una senda de éxito y consolidación en el panorama futbolístico internacional. La afición mexicana, conocida por su pasión y lealtad, espera que los ajustes realizados en el cuerpo técnico y la plantilla den frutos en el corto plazo, devolviendo la ilusión y el orgullo de ver a su selección competir al más alto nivel.