
En una noche cargada de tensión, emoción y fútbol de alto nivel, el FC Barcelona logró sellar su pase a la final de la Copa del Rey al imponerse por la mínima al Atlético de Madrid (0-1) en el Estadio Cívitas Metropolitano. El conjunto azulgrana, liderado por un brillante Lamine Yamal y con Ferran Torres como autor del gol decisivo, disputará la final del torneo el próximo 26 de abril en La Cartuja de Sevilla ante el Real Madrid. Un Clásico que promete ser histórico.
El conjunto dirigido por Hansi Flick llegaba a la capital con la presión de resolver una eliminatoria abierta tras el empate 4-4 en la ida. Consciente de la necesidad de un buen inicio, el Barça mostró desde el primer minuto una clara intención de dominar el balón y marcar el ritmo del partido. El centro del campo, comandado por Pedri y De Jong, supo interpretar los espacios y activar constantemente a sus extremos, Lamine Yamal y Raphinha, quienes buscaron romper las líneas rojiblancas.
La superioridad azulgrana se tradujo en gol en el minuto 27. Lamine Yamal, de apenas 17 años, firmó una jugada que recordó a los grandes asistentes de la historia reciente del club: control, pausa y pase filtrado con precisión quirúrgica para encontrar a Ferran Torres dentro del área. El delantero valenciano no dudó y batió a Musso con un disparo cruzado que silenció al Metropolitano. El gol ponía a los culés por delante en el global (5-4) y obligaba al Atlético a reaccionar.
Diego Simeone, visiblemente frustrado con el rendimiento de su equipo, movió fichas en el descanso. Introdujo a Clément Lenglet, Javi Galán y Alexander Sørloth en busca de mayor intensidad ofensiva. La entrada del noruego se notó de inmediato: presión alta, lucha constante y una oportunidad clara en el minuto 70 que acabó en gol... anulado por fuera de juego. Fue un jarro de agua fría para los colchoneros, que veían cómo el tiempo corría en su contra.
A pesar de los intentos del Atlético por volcarse al ataque, el FC Barcelona mostró una versión madura y competitiva en defensa. Szczesny, seguro bajo palos, apenas fue exigido gracias a la solidez de la zaga liderada por Pau Cubarsí e Iñigo Martínez. Koundé y Balde, desde los laterales, también fueron piezas clave para cerrar espacios y anular las bandas rojiblancas. El Atlético, impotente en los metros finales, no logró realizar ni un solo disparo a puerta en todo el encuentro.
El estadio fue testigo de una atmósfera vibrante, con más de 69.000 espectadores empujando a los suyos. Pero ni el aliento de la afición ni los ajustes tácticos de Simeone fueron suficientes para alterar el destino de una eliminatoria que terminó decantándose del lado azulgrana. Incluso en los últimos minutos, con el portero Musso sumándose al ataque en jugadas a balón parado, el milagro no llegó.
Con la eliminación de la Copa, el Atlético de Madrid ve cómo se esfuman sus opciones de levantar un título esta temporada. Tras quedar fuera de Champions, descolgarse de la lucha por LaLiga y ahora caer en semifinales de Copa, el equipo rojiblanco entra en una fase de autocrítica y reconstrucción. José María Giménez, uno de los capitanes, no ocultó su decepción al término del partido y pidió perdón a la afición por la falta de resultados.
Por el contrario, el FC Barcelona vive un momento dulce. Con la posibilidad real de pelear por un triplete —LaLiga, Copa y Champions—, los de Hansi Flick encaran el tramo decisivo de la temporada con optimismo y una plantilla en crecimiento. El técnico alemán se mostró satisfecho en rueda de prensa, destacando la madurez del equipo, la evolución de los más jóvenes y la capacidad de competir en escenarios complicados como el Metropolitano.
En el horizonte, ya asoma un Clásico que paralizará al país. La final del 26 de abril en Sevilla entre Barcelona y Real Madrid será la primera en más de una década que enfrenta a los dos colosos del fútbol español por este título. La expectativa es máxima y ambos equipos llegan en dinámicas ascendentes. Será un duelo no solo por la gloria, sino por la supremacía simbólica en una temporada que todavía tiene mucho que ofrecer.
Las estadísticas del partido refuerzan la sensación de superioridad azulgrana: el Barça tuvo un 60% de posesión, disparó en 15 ocasiones —5 de ellas a portería— y se mostró más preciso y efectivo en los momentos clave. El Atlético, por su parte, apenas inquietó y se fue sin disparar entre los tres palos. Un dato que resume a la perfección la impotencia ofensiva que sufrió el equipo de Simeone durante todo el encuentro.