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En el ajetreado mundo actual, los niveles de estrés se han convertido en una preocupación constante. Nos esforzamos por equilibrar trabajo, familia, salud y vida social, sin darnos cuenta de que algunas tensiones se manifiestan de formas más silenciosas, como el bruxismo. Este trastorno, que afecta a millones de personas en el mundo, consiste en apretar o rechinar los dientes de manera involuntaria, especialmente durante la noche. Aunque suele pasar desapercibido, sus consecuencias pueden ser significativas.
El bruxismo es una parafunción mandibular, es decir, un hábito anormal que no cumple ninguna función fisiológica. Consiste en apretar o rechinar los dientes, lo cual puede producirse tanto durante el sueño como en vigilia. Aunque muchas personas no son conscientes de que lo padecen, los signos pueden ser evidentes: dolores de cabeza al despertar, tensión mandibular, sensibilidad dental e incluso desgaste prematuro de las piezas dentales.
Existen dos tipos principales:
Aunque inicialmente se pensaba que el bruxismo era un problema estrictamente dental, hoy se sabe que tiene un componente multifactorial. Los factores más comunes incluyen:
En los últimos años, los expertos han observado un incremento en los casos de bruxismo, especialmente tras la pandemia de COVID-19. El confinamiento, la incertidumbre económica y los cambios en el estilo de vida dispararon los niveles de ansiedad en gran parte de la población. La mayor parte de los nuevos casos se concentraron en mujeres jóvenes y profesionales que trabajan desde casa, según varios estudios, lo que evidencia un vínculo directo con el entorno emocional y laboral.
El bruxismo no tratado puede desencadenar una serie de problemas físicos y emocionales:
A largo plazo, el desgaste dental puede requerir tratamientos complejos y costosos, como coronas, implantes o incluso cirugías.
La mayoría de las personas no se dan cuenta de que tienen bruxismo hasta que su dentista detecta signos visibles. Sin embargo, puedes prestar atención a estos síntomas:
Consultar a un odontólogo o un especialista en trastornos del sueño es clave para obtener un diagnóstico adecuado.
La buena noticia es que el bruxismo se puede tratar y, en muchos casos, reducir considerablemente con ciertos cambios en el estilo de vida. Estas son algunas recomendaciones avaladas por expertos:
El bruxismo es un claro ejemplo de cómo el cuerpo refleja lo que la mente y las emociones no logran procesar. Ignorarlo no solo pone en riesgo la salud dental, sino que perpetúa un ciclo de tensión y malestar general.
Tratar el bruxismo no es solo usar una férula: es una invitación a repensar el estilo de vida, reducir las fuentes de estrés y reconectar con el cuerpo. En un mundo que cada vez exige más, aprender a soltar la mandíbula puede ser el primer paso para soltar muchas otras cosas.