
El FC Barcelona está de vuelta entre los cuatro mejores equipos de Europa. Lo ha logrado sufriendo, como manda la tradición en noches de Champions, con más dudas que certezas, pero con la eficacia suficiente para volver a unas semifinales que no pisaba desde 2019. En un Signal Iduna Park que fue un auténtico hervidero, el Borussia Dortmund firmó un gran partido y ganó 3-1 con un inspirado Serhou Guirassy, pero no logró revertir el 4-0 encajado en la ida.
El equipo de Hansi Flick cayó en la vuelta, sí, pero avanzó con el global a su favor y sigue soñando con la orejona. No fue una noche cómoda para los culés. El Dortmund salió con el cuchillo entre los dientes, dispuesto a dejarse el alma por la remontada. Y por momentos, parecía posible.
Desde el primer minuto, el equipo de Edin Terzić se volcó sobre la portería de un Wojciech Szczesny que no tardaría en ser protagonista. En el minuto 10, el portero polaco cometió penalti sobre Yan Couto. Guirassy, con una tranquilidad pasmosa, lo transformó a lo Panenka, desatando la locura en las gradas. El gol encendía la chispa de la remontada y sembraba las dudas en la zaga del Barça.
El Barcelona se mostraba impreciso, superado por la intensidad del rival y por la presión ambiental. Terzić apostó por un once ofensivo, con Malen y Reus muy activos en los costados, mientras que Emre Can mandaba en la medular. El equipo alemán creía y transmitía esa fe en cada balón dividido.
En la reanudación, el guion se mantuvo. El Dortmund necesitaba goles y Guirassy volvió a aparecer. En el minuto 49, el delantero guineano conectó un cabezazo letal tras un centro medido de Ryerson. Era el 2-0, y por primera vez, la eliminatoria pendía de un hilo. El Barcelona parecía no tener respuesta. El Muro Amarillo rugía como pocas veces.
Flick no tardó en mover el banquillo. Dio entrada a Gavi y Fermín para refrescar el medio campo, y el equipo comenzó a ganar metros, aunque sin demasiado peligro. Pero cuando peor lo pasaba, el Barça encontró aire. En el minuto 54, Robert Lewandowski presionó a Ramy Bensebaini en un centro lateral, y el defensor argelino, intentando despejar, marcó en su propia portería.
Ese 2-1 fue un jarro de agua fría para el Dortmund, que necesitaba marcar tres goles más para clasificar. Aun así, no se rindieron. Guirassy firmó su hat-trick en el minuto 76 aprovechando un error grosero de Christensen, pero ya no quedaba tiempo ni energía para más.
Al término del encuentro, Hansi Flick no escondió que el equipo había sufrido. “Sabíamos que no sería fácil. El Dortmund tiene talento, ritmo y una afición que empuja como pocas. No ha sido nuestro mejor día, pero estamos en semifinales, y eso es lo que cuenta”, explicó el técnico alemán.
El Barça, que llegó al partido de vuelta con una ventaja cómoda, se mostró vulnerable ante la presión y el ritmo del rival. Aun así, supo aprovechar el gol en propia puerta como tabla de salvación, y mantuvo el tipo en el último tramo, cuando los alemanes ya no tenían gasolina.
Uno de los más destacados fue Lewandowski, que si bien no marcó, generó constantemente peligro y fue clave en el error de Bensebaini. También fue notable el ingreso de Gavi, que con apenas 20 minutos cambió la dinámica en el centro del campo.
Para el Borussia Dortmund, la eliminación duele, pero no mancha la imagen ofrecida. El equipo se vació y dio una lección de carácter. Guirassy, autor de los tres goles, fue ovacionado por la afición. Con sus tantos, se convierte en el primer jugador del club en anotar 13 goles en una misma edición de la Champions League, superando registros históricos del club.
"Nos vamos con la cabeza alta", dijo Terzić tras el pitido final. “Jugamos el partido que queríamos, pero el resultado de la ida fue muy duro. Hoy demostramos que este equipo está para competir contra cualquiera”.
Con el pase asegurado, el Barcelona ahora espera rival en semifinales. Será el ganador del duelo entre el Inter de Milán y el Bayern Múnich, que se resuelve esta noche. Sea quien sea, el Barça afrontará una eliminatoria de alto voltaje, con el reto de volver a una final de Champions por primera vez desde 2015.
La sensación que deja esta eliminatoria es agridulce: el Barça vuelve a estar entre los grandes, pero mostró fisuras que deberá corregir si quiere alzar la orejona. Por ahora, el objetivo está cumplido. Sufriendo, pero cumplido.