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Los grandes proyectos científicos que buscan vida extraterrestre

¿Estamos solos en el universo? Esta es una de las preguntas más antiguas e intrigantes de la humanidad. A lo largo de la historia, ha sido abordada desde la filosofía, la religión y la ficción. Hoy, la ciencia ha tomado la delantera en intentar responderla con datos, tecnología y telescopios que escudriñan los rincones más lejanos del cosmos. La búsqueda de vida extraterrestre ya no es un asunto de ciencia ficción, sino un campo científico activo, multidisciplinario y en constante expansión.

Vida tal como la conocemos… o no tanto

Cuando los científicos hablan de vida extraterrestre, no se refieren necesariamente a civilizaciones avanzadas o formas humanoides. La mayor parte de los esfuerzos actuales se centran en encontrar vida microbiana o indicios de condiciones habitables. Esto implica buscar planetas con agua líquida, atmósferas estables y fuentes de energía.

La base de esta búsqueda es la conocida “zona habitable”, el rango de distancia de una estrella en el que un planeta podría albergar agua en estado líquido. Sin embargo, la astrobiología —disciplina que estudia el origen, evolución y distribución de la vida en el universo— también contempla formas de vida extremófilas, capaces de sobrevivir en condiciones que serían letales para nosotros: ambientes ácidos, helados, sin oxígeno o con altísima radiación. En la Tierra, ya se han encontrado organismos así, lo que amplía enormemente la lista de posibles mundos habitables.

Telescopios espaciales: ojos hacia exoplanetas

Uno de los pilares de la búsqueda de vida es la identificación de exoplanetas —planetas que orbitan estrellas fuera del sistema solar— que tengan características similares a la Tierra. Desde el lanzamiento del telescopio Kepler en 2009, se han confirmado más de 5.500 exoplanetas, algunos de ellos potencialmente habitables.

La nueva generación de telescopios, como el James Webb Space Telescope (JWST), lanzado en diciembre de 2021, permite analizar las atmósferas de estos mundos lejanos con una precisión sin precedentes. JWST puede detectar componentes químicos como oxígeno, metano o dióxido de carbono, que en conjunto podrían indicar procesos biológicos. Uno de los objetivos más ambiciosos del James Webb es justamente identificar lo que se conoce como “biofirmas” en planetas similares a la Tierra.

Por otro lado, la misión ARIEL de la Agencia Espacial Europea, que será lanzada en 2029, tiene como propósito estudiar las atmósferas de cientos de exoplanetas. Esta información podría ayudar a construir un mapa más detallado de la diversidad de mundos y condiciones en los que podría surgir la vida.

Marte y las lunas del sistema solar

Mientras los telescopios miran hacia planetas a años luz de distancia, otros esfuerzos científicos se centran en lugares más cercanos: nuestro propio sistema solar. Marte ha sido, durante décadas, el candidato ideal. Su pasado acuático y la posibilidad de que existan reservas subterráneas de agua salada lo mantienen en el punto de mira.

La misión Perseverance de la NASA, activa en Marte desde 2021, está recolectando muestras de suelo en busca de posibles señales de vida microbiana pasada. Estas muestras serán traídas a la Tierra por futuras misiones, probablemente a finales de la década.

Más allá de Marte, dos lunas destacan como candidatas a albergar vida: Europa, luna de Júpiter, y Encélado, luna de Saturno. Ambas tienen océanos subterráneos bajo gruesas capas de hielo. La NASA tiene previsto lanzar en 2024 la sonda Europa Clipper, que estudiará la superficie y el subsuelo de Europa, buscando indicios de actividad biológica.

En cuanto a Encélado, las observaciones de la sonda Cassini detectaron géiseres de vapor de agua y compuestos orgánicos emanando del subsuelo. Estos datos abrieron la puerta a la posibilidad de que, en su océano, puedan existir formas de vida similares a las que habitan las profundidades marinas de la Tierra.

SETI: escuchando al universo

Además de buscar vida microbiana, algunos proyectos se centran en detectar señales de vida inteligente. El más conocido es SETI (Search for Extraterrestrial Intelligence), una iniciativa que utiliza radiotelescopios para buscar señales de radio artificiales procedentes del espacio profundo.

Aunque hasta ahora no se ha detectado ninguna señal confirmada, el proyecto ha evolucionado enormemente desde sus inicios en los años 60. Hoy en día, con la ayuda de inteligencia artificial y acceso a mayores bases de datos, SETI puede analizar millones de frecuencias de forma simultánea y detectar patrones que antes habrían pasado desapercibidos.

En 2015, el proyecto recibió un fuerte impulso con la iniciativa Breakthrough Listen, financiada por el multimillonario Yuri Milner. Este programa ha permitido el acceso a algunos de los radiotelescopios más potentes del mundo, como el de Green Bank en Estados Unidos o el Parkes en Australia.

¿Qué pasaría si encontráramos vida?

El descubrimiento de vida extraterrestre, incluso en su forma más simple, sería uno de los hallazgos más revolucionarios de la historia de la humanidad. Confirmaría que no estamos solos y obligaría a replantear muchas de nuestras ideas sobre la biología, el origen de la vida y nuestro lugar en el universo.

Por eso, aunque todavía no se ha encontrado evidencia concluyente, la ciencia continúa con paciencia y rigor, explorando cada rincón del cosmos. En esta búsqueda no solo estamos intentando responder una gran pregunta, sino también conociéndonos mejor a nosotros mismos y al planeta que habitamos.

Como suele decirse en el ámbito de la astrobiología: no buscamos solo vida en el universo, buscamos la posibilidad de que la vida, en todas sus formas, sea una constante cósmica y no una excepción.

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