
Con el sello de la épica, el Chelsea derrotó 4-1 al Real Betis en la final de la Conference League disputada en Wrocław y completó así el póker de títulos continentales que ningún otro club posee: Champions, Europa League, Recopa y ahora la tercera competición de la UEFA. El conjunto londinense, que llegó al descanso en desventaja, firmó una remontada de manual gracias a un segundo tiempo eléctrico guiado por la inspiración de Cole Palmer, elegido Jugador del Partido.
El escenario fue el Tarczynski Arena (Stadion Wrocław), vestido con sus mejores galas y con 39 754 espectadores –mitad verdiblancos, mitad “blues”– que desbordaron decibelios y pasión desde el himno inaugural. Bajo un cielo sin tregua de bengalas y cánticos, la tensión se trasladó incluso a la plaza del mercado, donde la policía polaca dispersó choques aislados de aficionados horas antes del pitido inicial.
Manuel Pellegrini planteó un once valiente, con Isco manejando los tiempos y Abde Ezzalzouli desbordando por la izquierda. Precisamente el extremo marroquí abrió el marcador en el 9’, culminando una asistencia de fantasía del malagueño ante una defensa londinense mal basculada. El Betis dominó la posesión y obligó a Djordje Jorgensen a una parada felina a disparo de Bakambu, mientras el Chelsea apenas conectaba tres pases seguidos.
La noche empezó a torcerse para los andaluces con la lesión de Ricardo Rodríguez justo antes del descanso; Pellegrini se vio forzado a recomponer su costado izquierdo con Perraud y a retrasar líneas. “El plan se nos cayó con esos cambios”, admitió el técnico chileno, lamentando no haber podido sostener la presión alta que tan buen resultado le dio en la primera mitad.
En el otro banquillo, Enzo Maresca –antiguo pupilo de Pellegrini en Málaga– quitó a Malo Gusto, dio entrada a un Reece James encendido y liberó a Palmer en la mediapunta. El Chelsea pasó a un 4-2-3-1 más agresivo y, sobre todo, elevó su ritmo de circulación: de 487 pases en la primera parte a 307 solo en el primer cuarto de hora tras la reanudación.
El volantazo táctico encontró premio en el 65’. Palmer rasgó líneas entre centrales y cedió atrás para que Enzo Fernández fusilara con la zurda desde la frontal. El mazazo se sintió en la grada verdiblanca, que pasó de la euforia al murmullo cuando el marcador se equilibró 1-1.
Cinco minutos después llegó la inversión total: nuevo pase milimétrico de Palmer y definición cruzada de Nicolas Jackson. El senegalés, que había vivido de espaldas a la portería todo el primer tiempo, apareció para convertir el 2-1 y disparar la moral blue. Pellegrini intentó reaccionar con Ruibal y Lo Celso, pero la pelota ya tenía dueño.
El Betis se volcó con más corazón que cabeza y dejó autopistas a su espalda. En el 83’, Jadon Sancho clavó el 3-1 con un derechazo a la escuadra tras combinación con Kiernan Dewsbury-Hall. En el añadido, Moisés Caicedo cazó un rechace en la media luna y selló el 4-1 definitivo, redondeando una ráfaga de cuatro goles en 26 minutos que congeló cualquier atisbo de suspense.
El comité técnico de la UEFA no dudó: Cole Palmer orquestó la resurrección londinense con dos asistencias, 11 pases progresivos y un 93 % de acierto global. “Este club vive para estos escenarios”, declaró el inglés, trofeo al mejor jugador en mano. Maresca, por su parte, elogió “la resiliencia y el aprendizaje” de un grupo que comenzó la temporada con dudas y la termina levantando plata europea.
Pellegrini, visiblemente golpeado, resaltó “la valentía de un equipo que jugó su primera final europea” y señaló que las lesiones de Abde y Rodríguez “inclinaron la balanza” en la reanudación. Maresca correspondió con respeto hacia su “padre futbolístico” y subrayó que la victoria “debe ser el punto de partida de un proyecto ambicioso”.
Con el trofeo en las manos, el Chelsea añadió un peldaño más a su palmarés continental y, pese a tener ya asegurada la plaza de Champions mediante la Premier, envió un aviso a la élite europea. El Betis, en cambio, se marcha dolido pero con la recompensa de jugar la próxima Europa League y la experiencia invaluable de haber saboreado una noche grande. La fiesta en la grada bética, que se quedó coreando al equipo aun con el marcador adverso, fue la mejor prueba de que el sueño continúa.