
Grecia lleva escribiendo historias de amor desde que Homero imaginó a Penélope aguardando a Ulises. Hoy, ese mismo mar de leyendas sigue llamando a parejas españolas que buscan una escapada cercana a apenas tres horas y media de vuelo directo Madrid-Atenas. Entre ruinas clásicas que hablan de eternidad, playas mineralizadas que viran del turquesa al esmeralda y tabernas donde el tiempo se detiene con cada copa de ouzo, el país heleno se ha consolidado como uno de los destinos de luna de miel más deseados del planeta.
“¡Santorini para siempre!” exclaman Instagram y las listas de los turoperadores. No es casual: la isla-caldera es el icono global de los atardeceres violáceos y las suites excavadas en roca volcánica. Pero 2025 trae un giro: nuevas miradas apuntan a islas menos masificadas como Astipalea o Lipsi, recomendadas por ‘The Times’ como refugios “slow” donde el canto de los grillos sustituye al clic de los obturadores. La fama, por tanto, se diversifica y permite diseñar itinerarios que combinen la postal de siempre con rincones aún vírgenes.
Gracias a su cercanía y a una oferta aérea cada vez más amplia, Grecia se ha consolidado como un destino casi tan accesible como volar a Canarias. Compañías como Aegean, Iberia o la española Volotea operan rutas directas con una frecuencia generosa, lo que permite encontrar billetes desde 60 euros por trayecto incluso en temporada media. En apenas tres horas y media, es posible aterrizar en Atenas o Tesalónica y comenzar una luna de miel que combina belleza mediterránea con comodidad absoluta.
Más allá de la conexión, hay una afinidad cultural que convierte el viaje en una experiencia familiar y exótica al mismo tiempo. La gastronomía griega comparte el alma de la dieta mediterránea: aceite de oliva, verduras frescas, pan artesanal y vino local, aunque con el añadido de un carácter insular que lo cambia todo. Cenar frente al mar, con los pies en la arena y sin aglomeraciones, es una escena habitual incluso en pleno agosto, algo que en muchas zonas costeras españolas resulta casi imposible.
Además, las conexiones entre islas han mejorado notablemente. La mayoría de ferris parte desde El Pireo o Rafina, ambos puertos situados a menos de una hora del aeropuerto internacional de Atenas, lo que facilita los traslados. Plataformas como Ferryhopper permiten consultar y reservar rutas con muchos meses de antelación. El resultado es una luna de miel con aroma a sal, ritmo lento y encanto mediterráneo, perfecta para quienes sueñan con romance pero sin complicaciones logísticas.

Si vuestro sueño es recorrer el Egeo entre pueblos blancos, aguas turquesa y cenas al atardecer, Grecia ofrece rutas ideales de siete a diez días. La primera opción incluye Santorini, Milos, Paros, Antiparos y Naxos: una combinación perfecta entre lo icónico y lo auténtico. La segunda apuesta por el lujo tranquilo: Folegandros, Astipalea, Ikaria y Lipsi, donde el tiempo se detiene.
Consejo experto: descargad la app de Ferryhopper y comprad los billetes nada más salgan. Ahorraréis tiempo y dinero.
Desde suites sobre el cráter en Santorini hasta casas rurales ecológicas en Ikaria, Grecia ofrece alojamientos con alma.
Reserva con al menos cinco meses de antelación. Muchos hoteles ofrecen paquetes románticos con masajes y sesiones fotográficas.
Lo que convierte una luna de miel en inolvidable son los detalles: una cena de autor en Selene o Nōema, una cata al atardecer con vistas a la caldera, una excursión arqueológica privada en Delos, un spa termal en Ikaria o una sesión de fotos profesional al atardecer en Oía.
Para viajar de forma más sostenible: optad por ferris convencionales, alojamientos con sello ecológico y llevad vuestra propia cantimplora.

Organizar la luna de miel perfecta no va solo de vuelos y presupuestos; se trata de construir un viaje que cuente vuestra historia, con momentos que os definan como pareja. Grecia, con su luz dorada, sus pueblos encalados y su ritmo pausado, no solo acompaña ese relato, sino que lo enriquece.
Y aunque nadie puede prometer que el “para siempre” sea literal, sí es casi seguro que una parte de vuestro corazón se quedará entre las casas blancas, las buganvillas en flor y las baldosas azules de este rincón del Mediterráneo. ¡Kalo taxidi, amantes!