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El Atlético de Madrid se despide del Mundial de Clubes con victoria insuficiente

Los colchoneros cierran así una temporada irregular, sin títulos ni finales y con dudas en la dirección del equipo.

El Atlético de Madrid cerró su participación en el Mundial de Clubes 2025 con una victoria amarga: un 1-0 frente a Botafogo que, lejos de suponer una clasificación épica, certificó su eliminación en la fase de grupos. A pesar del triunfo, los de Diego Pablo Simeone dijeron adiós al torneo con seis puntos, los mismos que sus rivales directos, pero una diferencia de goles inferior que los condenó.

En el imponente marco del Rose Bowl de Pasadena, con más de 90.000 aficionados en las gradas, el conjunto rojiblanco necesitaba una hazaña para acceder a los octavos de final: ganar por tres goles de diferencia. El objetivo no era imposible, pero sí requería una versión del Atlético que apenas ha aparecido esta temporada: contundente, fluida y eficaz. Lamentablemente para sus intereses, sólo una parte de esa ecuación se cumplió. El equipo dominó, generó ocasiones y mostró carácter, pero volvió a fallar en el remate y terminó pagando caro los errores del pasado.

El escenario: presión, necesidad y urgencia

El Grupo B del Mundial de Clubes se había convertido en una ruleta rusa para Atlético, PSG y Botafogo. Todos llegaban con tres puntos al cierre de la fase. El PSG, gracias a su contundente 4-0 inicial ante los colchoneros, tenía la ventaja en la diferencia de goles. El Atlético, que venía de imponerse 3-1 al Seattle Sounders, necesitaba una goleada para superar al equipo brasileño, que también había derrotado a los estadounidenses.

El contexto cargaba de presión al equipo español, que saltó al campo con una mezcla de titulares habituales y cambios estratégicos. Simeone, sabedor de la necesidad de ir a por el partido desde el inicio, apostó por una línea ofensiva en la que destacaban Morata y Correa, con Lino y De Paul aportando profundidad por bandas.

Dominio sin gol: la historia repetida

El Atlético se adueñó del balón desde el primer minuto. La defensa brasileña se vio sometida a una presión alta y constante, que provocó pérdidas y permitió a los madrileños instalarse en campo rival. Sin embargo, lo que parecía una avalancha se fue diluyendo por culpa de la falta de acierto en los últimos metros.

Morata lo intentó de cabeza, Correa buscó el disparo cruzado y Lino tuvo una gran ocasión tras un pase filtrado de De Paul, pero la pelota no encontraba el fondo de la red. El portero de Botafogo, John Victor, se convirtió en figura, frustrando cada embestida con intervenciones de reflejo puro.

A medida que pasaban los minutos, el nerviosismo se apoderaba de los rojiblancos. Las miradas se cruzaban con frustración, y Simeone agitaba los brazos en la banda como queriendo empujar él mismo el balón a portería.

Griezmann y el gol de la esperanza

El segundo tiempo mantuvo el mismo guion. El Atlético aumentó el ritmo y Simeone dio entrada a Antoine Griezmann y a Julián Álvarez para intentar cambiar el rumbo del partido. Fue precisamente el argentino quien se inventó una asistencia brillante al espacio que el francés, con su habitual elegancia, transformó en gol con una definición cruzada en el minuto 87.

Era tarde. El tanto provocó un estallido de ilusión, pero duró apenas segundos. Los jugadores sabían que necesitaban más. El Atlético siguió atacando, colgó balones al área, buscó el milagro en un córner final, pero la pólvora seguía mojada. El pitido final fue un mazazo. La victoria no evitaba la eliminación.

La polémica arbitral y el enfado rojiblanco

La actuación del árbitro mexicano César Ramos dejó un sabor amargo en el banquillo rojiblanco. Hasta tres jugadas en el área de Botafogo fueron reclamadas como penalti por los jugadores del Atlético. La más clara, una caída de Julián Álvarez tras un contacto evidente con un defensor, fue ignorada tanto por el colegiado como por el VAR.

Simeone no ocultó su enfado en la rueda de prensa posterior: “El equipo compitió, luchó y mereció más. Hay decisiones que no entiendes y que te marcan el partido. Lo que más duele es la sensación de que no dependía solo de nosotros”.

Balance de una temporada sin títulos

La eliminación en el Mundial de Clubes supone el último capítulo de una temporada decepcionante para el Atlético de Madrid. Sin títulos, sin finales y con una imagen irregular, el club se despide del curso 2024/25 con más preguntas que respuestas. En La Liga perdió comba con el liderato en el tramo final, fue eliminado en octavos de Champions y cayó en semifinales de Copa del Rey.

Esta participación en el renovado formato del Mundial de Clubes debía ser una ventana de redención. Lo fue solo a medias. El equipo ganó dos partidos, sumó seis puntos, pero no le alcanzó. El sistema de clasificación penalizó con dureza aquella derrota inicial ante el PSG. El club francés avanzó como primero de grupo y Botafogo, beneficiado por un mejor diferencial, lo acompañó.

El futuro: decisiones urgentes y una plantilla por reforzar

La eliminación deja al Atlético ante un verano crucial. Se avecinan movimientos en la plantilla. Jugadores como Griezmann, Koke o Morata podrían replantearse su futuro, y el club ya trabaja en incorporaciones. Se habla de refuerzos en defensa, un centrocampista de jerarquía y un delantero que aporte los goles que esta temporada han faltado en los momentos clave.

El “Cholo” sigue contando con el respaldo del club, pero sabe que la próxima temporada no puede permitir otro año en blanco. La exigencia es máxima y el margen de error, mínimo. El Atlético necesita reencontrarse con su identidad y volver a competir con los grandes. El Mundial de Clubes se escapa, pero el aprendizaje queda.

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