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La ciencia de la creatividad: ¿se puede medir o entrenar?

Durante siglos, la creatividad fue vista como un don místico, reservado a genios solitarios, artistas atormentados o pensadores que desafiaban su tiempo. Sin embargo, en las últimas décadas, la ciencia ha desmontado parte del mito y se ha preguntado: ¿es la creatividad una cualidad inmutable o puede ser comprendida, medida y, más aún, entrenada? La respuesta es más fascinante que un simple sí o no, y abre nuevas posibilidades tanto para la educación como para el desarrollo personal y profesional.

¿Qué es exactamente la creatividad?

Aunque todos reconocemos la creatividad cuando la vemos —una sinfonía inolvidable, una solución técnica revolucionaria, un chiste brillante—, definirla no es tarea fácil. En términos científicos, se suele describir como la capacidad de generar ideas nuevas y útiles. Esto implica dos componentes clave: originalidad y adecuación al contexto.

Desde la psicología, el concepto ha evolucionado desde enfoques centrados en la personalidad del individuo creativo hasta modelos más amplios que consideran también el proceso, el producto y el entorno. El modelo de los "cuatro P" —persona, proceso, producto y presión (contexto)— se utiliza comúnmente en investigación para abordar la creatividad desde múltiples ángulos.

Medir lo intangible

Uno de los grandes desafíos para los investigadores ha sido encontrar herramientas fiables para cuantificar la creatividad. Aunque no existe una “prueba universal” como ocurre con el coeficiente intelectual (CI), se han desarrollado métodos estandarizados.

La más conocida es la prueba de pensamiento divergente, que evalúa la capacidad de generar múltiples soluciones ante un problema abierto. Por ejemplo, al pedirle a un sujeto que enumere todos los usos posibles para un ladrillo, se miden variables como la fluidez (cantidad de ideas), la flexibilidad (variedad de categorías) y la originalidad (novedad de las respuestas).

Otras pruebas, como el Test de Torrance de Pensamiento Creativo (TTCT), están más estructuradas y se aplican en entornos escolares. No obstante, muchos científicos advierten que estas mediciones capturan solo una parte del fenómeno creativo y que la subjetividad del evaluador sigue siendo un factor relevante.

El cerebro creativo

Gracias al avance en las neurociencias, hoy sabemos que la creatividad no se localiza en un único “centro” cerebral, como se creía antaño con el mito del hemisferio derecho. Más bien, es el resultado de una compleja interacción entre múltiples redes neuronales.

Tres de estas redes son particularmente importantes:

  • Red por defecto (Default Mode Network): relacionada con la introspección, la imaginación y los recuerdos autobiográficos.
  • Red ejecutiva central: implicada en la planificación, toma de decisiones y control cognitivo.
  • Red de saliencia: que actúa como “interruptor” entre las dos anteriores, ayudando a priorizar estímulos y alternar entre modos de pensamiento divergente y convergente.

Los estudios con neuroimagen revelan que las personas creativas muestran una conectividad más flexible entre estas redes, lo que sugiere que la creatividad es tanto una cuestión de estructura como de dinámica cerebral.

¿Se puede entrenar?

La buena noticia es que la creatividad no es un recurso limitado. Numerosos estudios han demostrado que puede cultivarse con el tiempo y la práctica adecuada. Programas de entrenamiento en pensamiento lateral, resolución creativa de problemas o improvisación artística han mostrado efectos positivos en diversas poblaciones, desde escolares hasta empleados de empresas tecnológicas.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi, creador del concepto de “flow”, sostenía que la creatividad florece cuando se encuentran desafíos estimulantes, libertad para experimentar y un entorno que valore la innovación. De hecho, los contextos rígidos o excesivamente jerárquicos tienden a sofocar la expresión creativa.

En el ámbito educativo, se ha comprobado que metodologías activas —como el aprendizaje basado en proyectos, la gamificación o el trabajo interdisciplinar— fomentan el pensamiento original mejor que los métodos tradicionales centrados en la memorización.

Más allá de las artes

Si bien aún hay mucho por descubrir sobre la naturaleza de la creatividad, la evidencia científica actual nos invita a desmontar el mito del “genio innato” y a abrazar una visión más democrática: todos somos creativos en potencia. Medirla con precisión absoluta puede ser un reto, pero estimularla y cultivarla está al alcance de cualquiera.

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