
Después de conquistar el Mundial en 2023 y la Nations League en 2024, el combinado dirigido por Montse Tomé se quedó a un suspiro de completar el ansiado triplete. Inglaterra, vigente campeona continental, volvió a imponer su ley desde los once metros y revalidó su corona en una final épica que terminó 1‑1 en el tiempo reglamentario y se decidió por penaltis (3‑1) en el estadio St. Jakob-Park de Basilea.
España llegaba a la Eurocopa 2025 como favorita tras una preparación impecable y un equipo consolidado. En la fase de grupos arrasó con autoridad: 5‑0 ante Portugal, 6‑2 a Bélgica y 3‑1 frente a Italia. Un despliegue ofensivo sin fisuras que le otorgó confianza para los cruces eliminatorios.
En cuartos de final, la anfitriona Suiza no pudo contener el ímpetu de La Roja. Athenea del Castillo y Clàudia Pina sellaron un 2‑0 sólido y sin sobresaltos. La semifinal ante Alemania, ocho veces campeona de Europa, supuso el gran salto cualitativo. En un duelo táctico, de enorme tensión y desgaste, Aitana Bonmatí decidió en el minuto 113 con una jugada de clase y determinación. España se colaba por primera vez en la historia en una final de Eurocopa.
La trayectoria del equipo fue celebrada por la crítica y la afición. Bonmatí fue elegida mejor jugadora del torneo y Esther González, máxima goleadora. El fútbol español femenino vivía su momento más dulce.
El enfrentamiento contra Inglaterra era más que una final: representaba el pulso entre dos estilos. La técnica y posesión de España frente al orden, la fortaleza física y la capacidad de resistencia inglesa. Y el guion fue el esperado.
España dominó con claridad durante todo el encuentro. Mariona Caldentey abrió el marcador en el minuto 25 tras un centro preciso de Ona Batlle. Con una posesión cercana al 67 %, la Roja tejió su fútbol en corto y generó numerosas llegadas al área rival. Sin embargo, la falta de acierto en los metros finales condenó al equipo.
En el 57, Alessia Russo aprovechó una jugada ensayada y empató con un cabezazo impecable tras centro de Chloe Kelly. La igualdad llevó el partido a la prórroga, donde el equilibrio fue mayor, pero sin ocasiones claras.
El título se decidió desde los once metros, un escenario históricamente esquivo para España. Inglaterra fue más efectiva: Beth Mead falló el primero, pero luego acertaron Lauren James, Ella Toone y Kelly. Por su parte, Mariona, Aitana y Salma Paralluelo no lograron superar a la portera Hannah Hampton, quien se convirtió en heroína con dos paradas decisivas. Solo Jenni Hermoso marcó para España.
Con el penalti final de Chloe Kelly, Inglaterra alzó su segundo título europeo consecutivo y se convirtió en la segunda selección en lograrlo tras Alemania. El combinado dirigido por Sarina Wiegman volvió a demostrar su temple y solidez en escenarios de máxima tensión.
Orgullo, lágrimas y promesa de futuro
Tras el pitido final, las lágrimas de las jugadoras españolas inundaron el césped. No era para menos. El esfuerzo, la entrega y la ambición no fueron suficientes esta vez. Pero la sensación generalizada era de orgullo.
Montse Tomé fue clara en rueda de prensa: “Este equipo merecía más. Hemos dominado, hemos generado ocasiones, pero el fútbol a veces es injusto. Estoy muy orgullosa de lo que han hecho las jugadoras. Hemos hecho historia y esto no ha terminado aquí”.
La seleccionadora también puso el foco en la falta de acierto desde el punto fatídico: “Fallamos tres de cuatro penaltis. Debemos mejorar en este aspecto. Pero el crecimiento del equipo es innegable”.
Pese a la derrota, el paso de España por la Eurocopa 2025 consolida su posición de élite en el fútbol internacional. Su estilo de juego, basado en el toque, la paciencia y la movilidad, ha sido elogiado en toda Europa. La juventud de muchas de sus figuras y la experiencia acumulada auguran una etapa prolongada de éxito.
Además, se confirmó el liderazgo de futbolistas como Aitana Bonmatí, que asumió el timón en los momentos más delicados, y de nuevas referentes como Teresa Abelleira, Salma Paralluelo o Cata Coll, cuyo desempeño bajo palos fue determinante en semifinales.
Por su parte, Inglaterra coronó un torneo mucho más discreto en cuanto a juego, pero tremendamente eficaz. Supo sufrir, resistir y acertar en los momentos clave. El carácter competitivo de las Lionesses, forjado tras años de trabajo, se impuso otra vez.
La capitana Millie Bright alzó el trofeo y declaró emocionada: “Sabíamos que sería un partido durísimo. España es un equipo fantástico. Pero demostramos que nunca dejamos de creer. Este grupo es especial”.
Más allá del resultado, la Eurocopa 2025 deja un legado potente. Ha sido el torneo con mayor asistencia y cobertura mediática de la historia del fútbol femenino europeo. La final, con más de 34.000 espectadores en el estadio y millones siguiéndola por televisión, es prueba del creciente interés y evolución del deporte.
Para España, la historia no se detiene. Lo vivido en Suiza servirá como aprendizaje y combustible para próximos desafíos. El horizonte ya apunta al Mundial 2027, donde esta generación buscará el desquite con el talento y el hambre intactos.