
El verano de 2025 quedará registrado como uno de los más intensos y millonarios en la historia reciente del fútbol. Con las principales ligas europeas buscando renovar sus plantillas y competir en un calendario exigente. Liverpool, Manchester United y Arsenal fueron protagonistas indiscutibles de un mercado donde también aparecieron sorpresas desde destinos menos tradicionales.
El mercado internacional de fichajes vivió su gran bombazo con la llegada de Alexander Isak al Liverpool por 150 millones de euros, la cifra más alta jamás pagada en la historia de la Premier League y la tercera en el fútbol mundial, solo por detrás de Neymar (222) y Mbappé (180). El delantero sueco, que firmó hasta 2031, se convierte así en el fichaje más caro del mercado internacional, superando incluso la reciente incorporación de Florian Wirtz por 137,5 millones, también realizada por los reds. El traspaso, cerrado tras semanas de negociaciones con el Newcastle y marcado por la presión del propio jugador, confirma el poderío económico y deportivo de un Liverpool decidido a dominar tanto en Inglaterra como en Europa.
A estas operaciones, se sumó otra bomba en Liverpool: la llegada de Hugo Ekitike desde Eintracht Frankfurt por 69 millones de libras fijas (unos 80 millones de euros) más bonificaciones que pueden elevar el traspaso hasta los 95 millones de euros. El delantero francés, considerado uno de los atacantes jóvenes más prometedores, aterrizó en Inglaterra con la misión de reforzar el frente ofensivo junto a Darwin Núñez y Wirtz.
Manchester United fue otro de los clubes que más dinero puso sobre la mesa. Los de Old Trafford concretaron la llegada de Bryan Mbeumo desde Brentford por 71 millones de libras (82 millones de euros en total), una cifra récord para un jugador procedente de un club considerado “mediano” en la Premier. El delantero camerunés llega tras firmar campañas notables y se perfila como un refuerzo inmediato para el ataque. Pero no fue el único: los “Red Devils” también ficharon a Matheus Cunha por 74,2 millones de euros y a Benjamin Šeško por 76,5 millones de euros, completando así un verano de gasto descomunal que demuestra el deseo de Erik ten Hag de reconstruir un equipo competitivo en todas las líneas.
En Londres, el Arsenal respondió con su propia ofensiva millonaria. Los “Gunners” cerraron la llegada de Martín Zubimendi desde la Real Sociedad por 70 millones de euros, una operación que llevaba meses gestándose y que finalmente se concretó tras la insistencia de Mikel Arteta, convencido de que el mediocampista español es la pieza ideal para controlar el juego. Además, el club contrató a Eberechi Eze desde Crystal Palace por 69,25 millones de euros y a Viktor Gyökeres por 65,8 millones, reforzando tanto su medio campo como su ataque.
La lista de movimientos también incluye a clubes con apuestas estratégicas. Mohammed Kudus, centrocampista ghanés que brillaba en el West Ham, fue traspasado al Tottenham por 63,8 millones de euros, convirtiéndose en el fichaje más caro en la historia reciente del club. Kudus llega con la expectativa de aportar desequilibrio y polivalencia, y su incorporación fue celebrada por la afición como un paso adelante en la reconstrucción del equipo londinense. En paralelo, el Chelsea sumó a João Pedro por 63,7 millones de euros, en la que busca recuperar protagonismo tras campañas decepcionantes.
Más allá de Inglaterra, hubo un movimiento que sorprendió al mundo: el traspaso de Mateo Retegui al Al Qadsiah de Arabia Saudita por 68 millones de euros. El delantero ítalo-argentino, que había sido seguido por clubes europeos, eligió el proyecto saudí en una decisión que mezcla ambición deportiva y atractivo financiero. Su llegada refuerza el plan de expansión del fútbol en Medio Oriente, que sigue atrayendo figuras con inversiones multimillonarias.
Estos diez nombres reflejan cómo el verano 2025 se ha convertido en un laboratorio de poder económico, donde los clubes de la Premier concentran la mayoría de los desembolsos, pero también donde destinos emergentes como Arabia Saudita demuestran que tienen la capacidad de competir en cifras. En total, las diez operaciones más caras superan ampliamente los 800 millones de euros, lo que confirma que la inflación en el fútbol no se detiene y que los precios por el talento de élite continúan rompiendo barreras.