
Carlos Alcaraz volvió a dar un golpe de autoridad en el US Open. El murciano, número dos del mundo, derrotó este martes al checo Jiri Lehecka con una solvencia casi insultante: 6-4, 6-2, 6-4 en menos de dos horas de juego. Con este triunfo, se instaló en las semifinales sin haber cedido un solo set en todo el torneo, algo que no ocurría en un jugador tan joven desde Rafael Nadal en 2008.
A sus 22 años, Alcaraz no solo deslumbra por su tenis eléctrico y variado, sino por una madurez que sorprende en una pista como el Arthur Ashe, escenario donde ya levantó el título en 2022. Ante Lehecka, apenas dio concesiones: 28 golpes ganadores por solo 17 errores no forzados, un servicio intratable —ganó 55 de sus últimos 56 puntos al saque— y ni una sola bola de break en contra. La sensación fue clara: el español juega a un nivel muy por encima de sus rivales.
“Me siento con confianza, fresco y disfrutando del torneo”, dijo Alcaraz, que incluso se permitió bromear sobre jugar al golf en su día libre. La imagen que transmite es la de un joven sin presión, pero consciente de que está ante la oportunidad de firmar un US Open histórico: ganarlo sin ceder un set, algo nunca logrado.
Horas después, fue el turno de Novak Djokovic, quien sigue empeñado en desafiar al tiempo. El serbio, a sus 38 años, superó en cuatro sets al local Taylor Fritz: 6-3, 7-5, 3-6, 6-4 en un partido mucho más exigente que el de Alcaraz. Durante más de tres horas, “Nole” tuvo que emplearse a fondo ante un rival que lo llevó al límite en algunos tramos, especialmente en el tercer parcial.
Djokovic arrancó con fuerza, quebrando de inmediato y resistiendo cinco bolas de break en un maratón de 12 minutos. Aunque perdió el tercer set, supo rehacerse con la templanza que le caracteriza para cerrar el partido en el cuarto. Al término del duelo, reconoció estar fatigado, pero confía en que los dos días de descanso antes de semifinales serán suficientes para recuperar energías.
“He visto que Carlos no ha perdido un set. Es impresionante”, admitió el serbio. “Será un partido muy duro, diferente al de Australia, pero quiero estar fresco y listo para dar lo mejor de mí”. Djokovic busca su 25º Grand Slam, un récord absoluto que lo consolidaría aún más como el jugador más laureado de la historia.

El calendario ya lo marca en rojo: viernes 5 de septiembre, Arthur Ashe Stadium. Ese día se vivirá la semifinal soñada entre Carlos Alcaraz y Novak Djokovic. Un duelo de generaciones que simboliza el relevo —o la resistencia— en la cima del tenis mundial.
Alcaraz llega lanzado, con números demoledores y la opción de recuperar el número uno si Jannik Sinner no alcanza la final. Djokovic, por su parte, afronta quizá una de sus últimas grandes batallas en Nueva York, donde aspira a seguir ampliando un legado inigualable.
Para los expertos, el español parte con ligera ventaja por su frescura y el nivel mostrado. Sin embargo, pocos saben manejar escenarios de máxima tensión como Djokovic, que ya ha demostrado en mil ocasiones que nunca se le puede dar por vencido.
El choque va mucho más allá de una semifinal. En juego está la narrativa del tenis actual: la explosividad y ambición de un Alcaraz que se ha propuesto reinar en cada superficie frente a la consistencia y veteranía de un Djokovic que quiere demostrar que, aun en el tramo final de su carrera, sigue siendo capaz de domar al futuro.