
Un nuevo capítulo europeo deja a Barcelona con envión positivo: 2-1 fue el resultado final ante un Newcastle combativo que mereció al menos empatar, pero sucumbió ante la eficacia del delantero inglés Marcus Rashford, autor de los dos goles azulgrana en la segunda mitad.
El partido comenzó con intensidad altísima por parte de los locales. Newcastle salió a presionar desde el primer minuto, mostrando ganas de hacer daño en campo rival. Barcelona, por su parte, tuvo algunas lagunas defensivas que causarían claro peligro, aunque contaron con salvadas decisivas por parte de su guardameta.
Newcastle llegó con peligro sobre todo por los costados. Anthony Gordon, Harvey Barnes y Anthony Elanga fueron protagonistas durante el primer acto, generando centros, desbordes y tiros lejanos. Sin embargo, la falta de contundencia frente al arco y algunas decisiones precipitadas evitaron que los ingleses tomaran ventaja antes del descanso.
En cambio, Barcelona fue paciente, cediendo un poco la iniciativa para recuperar el balón en zonas medias y esperar transiciones. El mediocampo, con Pedri y Frenkie de Jong, logró contener los embates iniciales y frenó el ritmo elevado que Newcastle intentaba imponer.
En el segundo tiempo, el guion cambió. A los 58 minutos, Rashford rompió la igualdad tras un centro desde la derecha de Jules Koundé: el inglés ganó en el aire y de cabeza batió al portero Nick Pope, aprovechando una marca algo relajada en la defensa local.
Tan solo nueve minutos más tarde, Rashford volvió a aparecer con un golpeo espectacular: recogiendo un rebote cerca del borde del área, recortó hacia adentro y lanzó un tiro potente y colocado que terminó dentro vía la escuadra tras golpear el travesaño. Un tanto de calidad mucho más allá de la definición, que reflejó su mejoría física y anímica.
Barcelona se vio beneficiado no solo por esos goles, también por la gestión del balón tras ponerse arriba: posesión, calma, desplazamientos laterales y cierre de espacios. Eddie Howe, técnico de Newcastle, observó cómo su equipo bajaba la intensidad y perdía fuerzas, especialmente cuando Barcelona comenzó a controlar los tiempos.
A los 90 minutos, cuando ya parecía que Barcelona se llevaba el triunfo sin sobresaltos, Anthony Gordon logró el descuento tras una buena combinación en banda derecha que culminó con un centro rematado de primera. Demasiado tarde, sin embargo, para cambiar el destino del partido.
Newcastle lo intentó hasta el final: cambios, más presencia ofensiva, centros al área, pero la defensa barcelonista supo mantener la compostura. Especialmente destacable fue el trabajo de la zaga y del portero, quienes respondieron en momentos clave. Por su parte, Barcelona, pese a algunas imprecisiones y cierta vulnerabilidad al contragolpe, se mostró sólido a la presión final.
El gran protagonista fue Marcus Rashford, autor de un doblete que confirma su rápida adaptación al esquema de Hansi Flick y le devuelve confianza tras semanas de dudas. Junto a él brillaron Pedri y Frenkie de Jong, que aportaron equilibrio en el centro del campo y fueron claves para resistir los envites iniciales de Newcastle. La defensa culé, liderada por Ronald Araújo, también se mostró firme en los momentos de mayor apremio.
No obstante, el equipo llegó mermado: ausencias como las de Lamine Yamal, Alejandro Balde y Gavi obligaron a reconfigurar la alineación, aunque el grupo respondió con solidez. En el bando local, Newcastle dejó buenas sensaciones colectivas, pero pagó caro el no materializar sus ocasiones durante la primera mitad. Howe reconoció que ese primer gol perdido en los compases iniciales terminó siendo decisivo, evidenciando que en la Champions League los pequeños detalles marcan diferencias.