
Si hace unos años hablábamos de “me dejó de llamar” o “ha desaparecido sin avisar”, hoy tenemos un glosario entero para describir cómo el amor digital nos trae de cabeza. Bienvenida al vocabulario de las citas en 2025: “ghosting”, “orbiting”, “breadcrumbing” … palabras que no encontrarás en la RAE, pero que probablemente ya hayas sufrido en carne propia.
Todos sabemos de qué va porque, tarde o temprano, nos ha pasado. Todo fluía: mensajes a diario, planes para verse, esa chispa que parecía de película. Y de repente… silencio. Nada de “ya no quiero seguir”, ni un “mejor dejarlo aquí”. Simplemente desaparece. Como un fantasma.
El “ghosting” es tan común que ya nadie se sorprende. Lo grave es que deja al otro sin cierre, con la cabeza llena de dudas y revisando cada mensaje como si allí estuviera la explicación. Y lo peor: la tentación de pensar “¿qué hice mal?”. La realidad es más simple: quien desaparece elige el camino fácil. Porque sí, decir adiós da pereza, pero la desaparición duele el doble.
El “orbiting” es ese limbo extraño en el que alguien corta el contacto, pero no del todo. No te escribe, no te llama, pero ahí está, presente en tu vida digital. Mira todas tus historias, da like a tus fotos, incluso deja algún comentario de vez en cuando. Está en tu órbita, pero sin acercarse demasiado.
Es un comportamiento que confunde, porque envía un mensaje contradictorio: no quiero estar contigo, pero tampoco quiero que te olvides de mí. Y claro, a veces te encuentras interpretando señales que no significan nada. Es simplemente una forma de seguir presente sin compromiso.
Quizá el término más desgastante de todos. El “breadcrumbing” consiste en darte lo justo para mantenerte enganchada, pero nunca lo suficiente para que pase algo real. Un mensaje suelto, un emoji ambiguo, un “¿qué tal?” cada dos semanas. Nunca planes, nunca avances, solo pequeñas dosis que generan expectativa.
¿El resultado? Te quedas atrapada en una espera interminable, como si en cualquier momento fuese a llegar algo más. Pero no llega. Porque no es interés de verdad, son migas emocionales. Y lo cierto es que enganchan, porque mantienen viva la ilusión… aunque sea a base de nada.

Por si no fuera suficiente, en 2025 el glosario amoroso ha crecido. Estos son los términos que ya circulan por todas partes:
“Zombieing”: cuando alguien que desapareció de repente reaparece meses después con un mensaje casual, como si no hubiera pasado nada.
“Cushioning”: tener varios “cojines” emocionales de repuesto, por si la relación principal falla.
“Fizzling”: dejar que una relación se apague poco a poco, sin cortar del todo, hasta que muere sola.
“Slow fading”: parecido al “fizzling”, pero intencional: reducir el contacto poco a poco para desaparecer sin decirlo.
“Stashing”: cuando alguien te esconde. No te presenta a amigos ni familia y evita mostrarte en redes sociales.
Son palabras nuevas, sí, pero todas describen la misma realidad: maneras de no afrontar las cosas de frente.
Las citas digitales tienen sus ventajas: conocer gente con un “swipe”, hablar con alguien a kilómetros de distancia, sentir que hay infinitas posibilidades. Pero esa sobreoferta también tiene un lado oscuro: la sensación de que siempre habrá alguien más. Y cuando creemos que las opciones son infinitas, los compromisos se vuelven frágiles.
A eso se suma el miedo al conflicto. Desaparecer parece más fácil que escribir un “oye, no me apetece seguir conociéndote”. Y claro, con redes sociales, un simple me gusta o un emoji se convierte en una forma rápida de mantener la conexión sin invertir tiempo ni energía real. Todo rápido, todo superficial. El resultado son vínculos líquidos, frágiles, en los que es fácil entrar… y aún más fácil salir.
El primer paso es identificarlo. No todo mensaje suelto es “breadcrumbing” ni todo silencio es “ghosting”. Pero si ves patrones, si notas que la otra persona solo aparece cuando le conviene, es señal de alerta.
Algunas claves para no caer en el juego:
Fíjate en las acciones, no en los likes. El interés real se nota en hechos, no en migajas digitales.
Pon límites. Si alguien desaparece y vuelve meses después como si nada, decide si quieres abrir esa puerta o cerrarla para siempre.
No normalices las migas. Un emoji cada dos semanas no es interés.
Habla claro tú también. Aunque sea incómodo, decir “no quiero seguir” es siempre mejor que desaparecer.
Entre tanto término tóxico, también hay esperanza. Cada vez más gente habla de responsabilidad afectiva, esa idea de ser claros y respetuosos con lo que sentimos. No es moda, es una necesidad. Incluso algunas aplicaciones ya incluyen recordatorios para fomentar conversaciones honestas y frenar comportamientos poco empáticos.
Quizás el “ghosting” nunca desaparezca del todo, pero al menos ahora sabemos ponerle nombre. Y saber identificarlo es el primer paso para elegir mejor dónde invertir nuestro tiempo, nuestra energía y nuestro corazón.