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El adiós al “Choli” y salto al Super Bowl 2026 de BadBunny

Cuando Bad Bunny anunció su residencia en su tierra natal con la promesa de treinta conciertos consecutivos en el Coliseo José Miguel Agrelot, o “Choli” como es conocido en San Juan, muchos lo tomaron como un gesto simbólico, casi romántico, de reconexión con sus raíces. Pero lo que ocurrió tras bambalinas fue algo más parecido a una gesta monumental: un verdadero acto de reivindicación cultural, artística y comercial en Puerto Rico.

El plan original era realizar 21 conciertos, pero la avalancha de demanda obligó al equipo a ampliar el ciclo hasta 30 fechas, extendidas entre el 11 de julio y el 14 de septiembre, ubicadas mayormente en fines de semana. A lo largo de estas semanas, el “Choli” fue testigo de noches memorables, lágrimas, puentes entre generaciones y un sentido colectivo de que algo histórico estaba ocurriendo.

La residencia fue bautizada con un nombre cargado de intención: “No Me Quiero Ir De Aquí”, una declaración de amor hacia Puerto Rico que reverberó más allá de la música.

Lo que vivieron treinta noches en “El Choli”

Cada fin de semana, de viernes a domingo, el recinto se llenaba con una mezcla de puertorriqueños y visitantes internacionales atraídos por el fenómeno. La movilidad urbana se tensionaba; los hoteles se saturaban. Según varios reportes, el impacto turístico fue notable: miles de personas llegaron exclusivamente para asistir a los conciertos.

En cuanto a boletería, se estima que se vendieron entre 400.000 y 465.000 entradas a lo largo del ciclo, y el público total movilizado generó ingresos proyectados que algunos analistas ponen entre 200 y 400 millones de dólares. En Puerto Rico, estos números representan no solo una victoria artística, sino una jugada de impacto socioeconómico.

Noche tras noche: cambios y constantes

Aunque cada concierto tenía una base común —sus éxitos emblemáticos, su estructura narrativa, una puesta en escena cuidada—, hubo noches que sobrepasaron lo esperado: colaboraciones sorpresa, variaciones en el setlist, momentos de improvisación y homenajes locales.

Por ejemplo, en noches selectas subieron al escenario figuras como Maluma, Zion & Lennox, Nio García, Chencho Corleone y The Marías. También hubo declaraciones en mitad del show, mensajes en contra del odio y a favor del amor, conexiones profundas con su isla. En la clausura, titulada “Una Más”, Bad Bunny interpretó hasta 42 canciones, un repertorio extenso que atravesó toda su trayectoria.

Según fuentes, en varios de los primeros conciertos se reservaron plazas preferenciales para residentes locales, con ventas de boletos presenciales, con el fin de garantizar que boricuas pudieran acceder. Además, hay reportes de que nueve de los conciertos tuvieron un público completamente local (es decir, con control de acceso para puertorriqueños) para reforzar la conexión con su comunidad más cercana.

Un dato anecdótico: la ambientación en muchas noches apostó por imágenes de palmeras, paisaje tropical boricua, y un hilo narrativo que recurre al orgullo isleño, la memoria colectiva, la resiliencia psicológica.

El broche (“Una Más”) y el cierre

El concierto final, “Una Más”, fue transmitido en streaming para que fans fuera de Puerto Rico pudieran ser parte del cierre simbólico. Bad Bunny quiso que esa última noche fuese un ritual colectivo, una despedida con la isla como centro del universo. Se interpretaron 42 canciones, hubo invitados sorpresas, momentos emotivos, abrazos y un público que sabía que asistía al cierre de un ciclo.

Con esto, la residencia llega oficialmente a su fin. Aunque algunas fuentes mencionan 31 conciertos totales —sumando un cierre extra o un show de despedida adicional— lo que subraya la dimensión flexible y orgánica del proyecto. Desde ahora, el “Choli” vuelve a recuperar su silencio tras semanas de himnos, saltos y voz colectiva. Pero la huella permanece.

Bunny encabeza el medio tiempo en el Super Bowl 2026

El 28 de septiembre, durante el intermedio del partido de “Sunday Night Football”, la NFL y Roc Nation anunciaron oficialmente que Bad Bunny será el artista principal del half-time show del Super Bowl LX, a celebrarse el 8 de febrero de 2026, en el Levi’s Stadium de Santa Clara, California.

Este anuncio marca su regreso a un escenario estadounidense tras su decisión de evitar giras convencionales en EE. UU., una postura motivada por preocupaciones sobre redadas del ICE y la vulnerabilidad que eso podría generar para sus seguidores latinos. En su discurso de aceptación, el artista lo expresó claramente:

“Lo que siento va más allá de mí. Es por los que vinieron antes de mí, que corrieron yardas incalculables para que yo pudiera entrar y hacer un touchdown… esto es para mi gente, mi cultura y nuestra historia. Ve y dile a tu abuela que seremos el HALFTIME SHOW del Super Bowl.”

El hecho de que algo tan global como el Super Bowl haya elegido poner sobre su escenario principal a un artista que canta mayoritariamente en español —y cuya residencia en Puerto Rico acaba de concluir— es un mensaje de cambio de paradigma: una afirmación de que la música latina es hoy central en la cultura global.

Ahora, todo el universo musical latinx tendrá los ojos puestos en ese medio tiempo. ¿Quién lo acompañará? ¿Qué repertorio elegirá? Lo que está claro es que, tras 30 noches en el “Choli”, Bad Bunny se prepara para pisar el escenario más viral del planeta, llevando con él la voz de Puerto Rico.

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