
La jornada de Champions League de este martes dejó un sabor agridulce para el fútbol español. Tres representantes salieron a escena en una noche de máxima exigencia que demostró, una vez más, que la máxima competición europea no concede margen para el error. Barcelona, Villarreal y Athletic vivieron partidos con guion propio, cargados de emociones, giros inesperados y resultados que marcan el futuro inmediato de cada uno en la fase de grupos.

El Camp Nou se vistió de gala para recibir al Paris Saint-Germain en un duelo que, sobre el papel, era una de las grandes citas de la jornada. Y no defraudó. El Barcelona, que llegaba con la necesidad de dar un golpe de autoridad en Europa, arrancó con determinación. Ferran Torres, siempre incisivo, adelantó a los azulgranas en el minuto 19 con un disparo ajustado que levantó a la afición de sus asientos.
Durante la primera mitad, los de Xavi Hernández dominaron el juego, con posesiones largas y presión alta que incomodaron al conjunto parisino. Sin embargo, la historia cambió tras el descanso. El PSG salió con otra cara y encontró premio rápidamente: Federico Gatti, con una acción acrobática en el área, firmó el empate que silenció al estadio.
A partir de ahí, el choque se convirtió en un intercambio de golpes. El Barça tuvo ocasiones claras, pero le faltó precisión en los metros finales. Cuando el partido parecía condenado al empate, apareció Gonçalo Ramos en el minuto 90 para silenciar al coliseo culé con un tanto que completaba la remontada francesa. El mazazo fue brutal: de tenerlo todo bajo control, los blaugranas pasaron a quedarse sin puntos en casa.
El resultado deja tocado al Barcelona, que deberá reaccionar en las próximas jornadas si no quiere complicarse el pase a octavos.

En La Cerámica, el Villarreal protagonizó un partido cargado de emociones ante la Juventus. Los de Marcelino empezaron fuertes y se adelantaron pronto gracias a un tanto de Georges Mikautadze en el minuto 18. El gol encendió a la afición amarilla, que empujó a su equipo en busca de un triunfo vital.
Pero la Juventus, con oficio y pegada, supo reaccionar. Federico Gatti niveló el choque en el arranque de la segunda mitad y Francisco Conceição culminó la remontada con un tanto que dejaba al submarino contra las cuerdas. Los minutos finales se convirtieron en un asedio del Villarreal, con la grada convertida en un jugador más.
El esfuerzo tuvo su recompensa en el minuto 90, cuando Renato Veiga, con un cabezazo imponente, firmó el 2-2 definitivo. La celebración fue tan intensa como un gol de clasificación, consciente de que ese punto podría resultar clave en el futuro del grupo.
El Villarreal mostró carácter y resiliencia, dos virtudes indispensables para competir en Europa. Aunque el empate sabe a poco por lo visto en la primera parte, el equipo se mantiene con opciones intactas y la sensación de que puede plantar cara a cualquier rival.

La visita del Athletic a Alemania se preveía complicada y así lo fue. El Borussia Dortmund, siempre poderoso en casa, no dio margen a la sorpresa y se impuso con autoridad por 4-1. Los leones intentaron mantener el pulso en el arranque, con presión alta y transiciones rápidas, pero la calidad ofensiva del conjunto alemán terminó marcando la diferencia.
Con el paso de los minutos, los de Edin Terzić encontraron espacios y castigaron a la defensa bilbaína. Aunque el Athletic recortó distancias en la segunda parte para alimentar la ilusión de una posible remontada, el Dortmund volvió a acelerar en los instantes finales y cerró el choque con un marcador que refleja su superioridad.
La derrota deja al Athletic en una situación delicada, obligado a sumar en los próximos encuentros si quiere mantener vivo el sueño de seguir en la Champions. El grupo se aprieta y cada error puede resultar fatal.
La jornada de los equipos españoles fue un reflejo de la competitividad feroz que se vive en la Champions League. El Barcelona mostró destellos de calidad, pero su falta de contundencia en los momentos decisivos le costó caro ante un PSG pragmático y letal. El Villarreal demostró que nunca se rinde, con un empate de esos que fortalecen la moral del vestuario. Y el Athletic comprobó de primera mano lo difícil que es imponerse en uno de los estadios más complicados de Europa.