
Durante décadas, la sexualidad femenina ha sido objeto de mitos, tabúes y descubrimientos progresivos. Uno de los temas más recientes en la investigación sexológica es el punto A, una región anatómica menos conocida que el famoso punto G, pero igualmente intrigante. Diversos estudios y experiencias clínicas sugieren que su estimulación puede aumentar la sensibilidad vaginal, favorecer la lubricación y generar orgasmos profundos.
El punto A, también llamado punto de Anterior Fornix Erogenous zone (AFE zone), se encuentra en la pared anterior de la vagina, entre el punto G y el cuello uterino. Anatómicamente, corresponde al fornix vaginal anterior, una zona donde convergen terminaciones nerviosas, vasos sanguíneos y tejido relacionado con el plexo uterovaginal.
Fue descrito por primera vez en la década de 1990 por el ginecólogo malasio Dr. Chua Chee Ann, quien observó que ciertas mujeres experimentaban un incremento notable en la lubricación y placer al estimular esa área. Desde entonces, el punto A ha sido objeto de estudios clínicos y también de curiosidad en la terapia sexual, aunque todavía genera debate entre especialistas.
Mientras que el punto G se ubica a unos 2 a 5 cm de la entrada vaginal, el punto A está más profundo, a unos 7 a 10 cm, justo antes del cuello del útero.
El punto G suele producir sensaciones más directas y explosivas, mientras que el punto A está relacionado con una excitación más intensa, gradual y emocionalmente profunda. No se trata de competir entre zonas erógenas, sino de comprender cómo cada una contribuye al placer individual.
Muchas mujeres describen la estimulación del punto A como una sensación de presión interna placentera, acompañada de aumento del flujo vaginal y orgasmos más duraderos.
La estimulación del punto A no se basa en buscar de manera técnica un lugar exacto, sino en combinar sensibilidad, comunicación y exploración consciente. Algunas recomendaciones generales incluyen:
El autoconocimiento a través de la masturbación también es un camino eficaz. Usar lubricantes a base de agua, explorar el ritmo respiratorio y observar las sensaciones pueden guiar mejor hacia el propio placer sin expectativas.
La evidencia científica sobre el punto A continúa en evolución. Existen estudios que han documentado respuestas fisiológicas vinculadas a su estimulación, como un aumento significativo en la lubricación vaginal y la sensación orgásmica profunda. Sin embargo, la comunidad científica no ha llegado a un consenso absoluto sobre su existencia anatómica como estructura independiente.
Más que un punto aislado, muchos investigadores lo consideran parte de un complejo erógeno que conecta el clítoris interno, la pared vaginal anterior y el cuello uterino. Este conjunto de estructuras conformaría un sistema continuo de placer que varía sustancialmente entre mujeres.
Lo importante no es tanto nombrar el punto A como evidencia anatómica, sino reconocer que el placer femenino es diverso, fluido y extremadamente sensible a lo emocional y lo físico.
El placer no es solo una cuestión de anatomía. La estimulación del punto A, al estar vinculada a zonas internas profundas, suele generar sensaciones de intimidad emocional intensa. Algunas mujeres describen una conexión más profunda con su pareja o con ellas mismas, vinculando estas sensaciones con estados de entrega y vulnerabilidad emocional.
En terapia sexual, abordar el punto A puede ser una herramienta útil para trabajar bloqueos relacionados con la penetración, la dificultad para alcanzar el orgasmo o la falta de lubricación. No obstante, los sexólogos siempre enfatizan que ninguna mujer “debe” sentir placer de una manera determinada. El objetivo no es alcanzar un ideal de orgasmo, sino ampliar las posibilidades del placer y la autoconciencia corporal.
En muchos casos, el interés por el punto A se ve rodeado de expectativas irreales promovidas por la pornografía o las redes sociales. Buscarlo con ansiedad o presión puede generar frustración. El placer no se encuentra con un mapa anatómico, sino a través de la exploración libre de juicios y la conexión con el propio cuerpo.
Hablar del punto A abre un diálogo más amplio: el derecho de las mujeres a conocerse, a gozar y a despojarse de tabúes históricos. La sexualidad femenina no tiene un único centro de placer, sino múltiples puertas que se abren cuando hay curiosidad, respeto y autoestima.