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Una tarde de espectáculo en el GP de México 2025 que ya espera el regreso de Checo Pérez

El domingo en el Autódromo Hermanos Rodríguez, la Fórmula 1 vivió un auténtico festival de emociones: desde la pasión desbordada de las gradas hasta un dominio tan contundente que dejó poco margen para la sorpresa. Con más de 400 mil aficionados en las tribunas, el ambiente fue una verdadera fiesta mexicana, con banderas, mariachi y el rugido de los monoplazas resonando a más de 2,200 metros de altitud.

La largada prometía un inicio vibrante. Los motores rugieron al mediodía bajo un sol intenso, y los pilotos se preparaban para la vigésima carrera del calendario. Sin embargo, pese al escenario perfecto, el desenlace fue previsible: Lando Norris partió desde la pole y, salvo algunos intentos de presión por parte de sus rivales, controló la carrera de principio a fin para firmar una victoria sin sobresaltos.

El británico de McLaren no dio respiro. Defendió con firmeza la punta en la salida y, desde las primeras vueltas, comenzó a construir una ventaja que, aunque no espectacular en pantalla, fue inalcanzable en ritmo y consistencia. Detrás, Charles Leclerc (Ferrari) se mantuvo sólido en la segunda posición, mientras Max Verstappen (Red Bull) completó el podio pese a no encontrar el desempeño que esperaba en una de sus pistas favoritas.

La afición mexicana volvió a ser protagonista. Miles de seguidores, ataviados con camisetas, gorras y pancartas, convirtieron las gradas en un carnaval tricolor. El Gran Premio celebró diez años desde su regreso al calendario de la Fórmula 1, y el público lo vivió como una conmemoración nacional, orgulloso de ver cómo México se ha consolidado como una de las citas más vibrantes del campeonato.

Aunque la pelea por el liderato fue clara, hubo espacio para las sorpresas. El joven Oliver Bearman (Haas) firmó una destacada actuación al terminar cuarto, recordando que incluso en las carreras más controladas siempre hay lugar para el atrevimiento y el talento emergente.

El trazado capitalino volvió a demostrar su carácter único. Su altitud extrema, combinada con curvas lentas y sectores técnicos, puso a prueba tanto a pilotos como a ingenieros. La delgada atmósfera obligó a los equipos a ajustar sus estrategias y a gestionar con precisión el desgaste, convirtiendo cada giro en un desafío distinto.

Sin embargo, entre el color y la euforia, hubo una ausencia que no pasó desapercibida: la de Sergio “Checo” Pérez, ídolo local y referente del automovilismo nacional. Su nombre resonó en los cánticos de las gradas, que coreaban “¡Checo, Checo!” mientras el tapatío observaba desde fuera del asfalto. Los aficionados no solo celebraban la carrera, sino también el anuncio de su inminente regreso a la Fórmula 1 en 2026 con Cadillac F1 Team.

El legado de Pérez sigue vivo en cada rincón del Autódromo. Aunque no compitió este año, su presencia simbólica se mantuvo en las camisetas, los souvenirs y la ilusión colectiva de verlo nuevamente al volante. Mientras la Fórmula 1 se encamina hacia el cierre de la temporada, México ya mira al futuro: al año en que su héroe vuelva a correr en casa, para encender una vez más la pasión del público que nunca dejó de esperarlo.

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