
El Real Madrid se marchó de Inglaterra con una amarga derrota por 1-0 ante el Liverpool, en un encuentro donde los de Xabi Alonso fueron incapaces de imponer su estilo. El gol de Alexis Mac Allister, tras un preciso centro de Dominik Szoboszlai en el minuto 61, bastó para decidir un duelo táctico que exigió concentración y energía en cada metro del campo.
El partido comenzó con un ritmo frenético. El Liverpool, fiel a su ADN de presión alta, se lanzó a la caza del balón desde el pitido inicial, incomodando cada salida blanca. Jude Bellingham y Tchouaméni se vieron forzados a retroceder para auxiliar en la construcción, mientras Vinícius y Rodrygo apenas recibían balones limpios en ataque. Ancelotti apostó por mantener la calma, esperando que el vértigo inglés se desgastara con el paso de los minutos, pero los locales no bajaron el ritmo.
Courtois, de regreso tras varias semanas lesionado, fue una de las notas positivas. El belga sostuvo al equipo con varias intervenciones de mérito ante Salah y Núñez. Sin embargo, el dominio de los ‘Reds’ terminó por concretarse pasada la hora de juego: Szoboszlai recibió en la derecha, levantó la cabeza y puso un centro medido que Mac Allister cabeceó al fondo de la red, adelantándose a Camavinga
El tanto desató la locura inglesa y dejó sin respuesta al Madrid. Los cambios, con el regreso de Trent a Anfield, no lograron alterar el guion. Faltó profundidad, claridad en el pase final y, sobre todo, presencia ofensiva. El 1-0 resultó corto por ocasiones, pero justo por méritos. Los blancos, que habían ganado sus tres primeros partidos de grupo, ven ahora cómo se aprieta la clasificación.
En el Metropolitano, el Atlético de Madrid vivió una noche mucho más plácida. Los rojiblancos vencieron 3-1 al Union Saint-Gilloise, un rival belga que sorprendió en los primeros compases, pero que terminó sucumbiendo ante la eficacia del conjunto de Diego Simeone.
El Atlético salió con una alineación ofensiva, con Griezmann, Julián Álvarez y Llorente compartiendo la delantera. El plan dio frutos pronto: en el minuto 39, un robo en campo rival permitió a Koke asistir a Julián Álvarez, quien definió con precisión al palo corto. El tanto calmó los nervios iniciales y permitió al equipo imponer su ritmo.
El conjunto visitante, sin embargo, no se rindió. Antes del descanso, Vanzeir aprovechó un despiste en la defensa para poner el empate. Fue un aviso que encendió las alarmas en el banquillo local. Simeone respondió moviendo el esquema y pidió a su equipo más agresividad en las bandas.
La reacción no tardó. En el minuto 72, Conor Gallagher —que se ha adaptado de forma brillante al mediocampo colchonero— marcó el segundo tras una jugada combinada que pasó por los pies de De Paul y Griezmann. El tercer tanto llegó en el 96’, obra de Marcos Llorente, culminando un contragolpe de manual que sentenció el partido.
Más allá del marcador, el Atlético mostró una versión sólida y ambiciosa. Controló la posesión, generó numerosas ocasiones y volvió a ser un bloque difícil de penetrar. Oblak apenas tuvo trabajo en la segunda mitad. El resultado deja al conjunto madrileño con seis puntos en cuatro jornadas, igualado con el Feyenoord, y con opciones claras de clasificación si mantiene este nivel en las próximas fechas.
La próxima jornada será decisiva. El Real Madrid viajará fuera de casa para buscar más puntos ante el Olympiacos, mientras que el Atlético recibirá al Inter de Milán de nuevo en casa. La capital española, una vez más, mira a la Champions con esperanza y tensión a partes iguales.