
El Gran Premio de Las Vegas 2025 tuvo todos los ingredientes de una película de acción: luces, drama, velocidad y un giro de guion que nadie esperaba. Lo que comenzó como un fin de semana soñado para McLaren terminó en una pesadilla. Mientras tanto, Max Verstappen (Red Bull) se marchó del desierto con una sonrisa y una victoria que lo devuelve a la pelea por el campeonato.
En el circuito urbano del Las Vegas Strip, con sus rectas interminables y su ambiente de espectáculo total, los pilotos se enfrentaron a un desafío singular. Las bajas temperaturas nocturnas y el escaso agarre complicaron la gestión de neumáticos y la estabilidad del coche, especialmente en frenadas. Aun así, el neerlandés de Red Bull impuso su ley desde el inicio.
Lando Norris partía desde la pole position tras marcar un tiempo de 1:47.934, seguido de Verstappen y Piastri. El británico llegaba en un momento dulce de la temporada, liderando el campeonato y con la oportunidad de ampliar su ventaja. Pero todo cambió en los primeros segundos: Verstappen le ganó la partida en la curva 1, aprovechando una mejor tracción y un arranque impecable.
A partir de ahí, la carrera tomó un rumbo claro. Verstappen mantuvo un ritmo demoledor y se mostró implacable en la gestión de los neumáticos. Norris y Piastri intentaron seguirle el paso, pero la diferencia de rendimiento del Red Bull en las rectas fue determinante. Detrás, los Mercedes de George Russell y el joven Kimi Antonelli se mantuvieron a la expectativa, preparados para aprovechar cualquier error.
La noche avanzó entre estrategias de boxes, banderas amarillas y tensión. Cuando la bandera a cuadros cayó, todo parecía indicar un resultado lógico: Verstappen primero, Norris segundo, y Piastri cuarto. Sin embargo, el verdadero terremoto llegó horas después.
Tras la carrera, la FIA anunció la descalificación de los dos McLaren. El motivo: un desgaste excesivo en la “skid plank”, la placa inferior del monoplaza que regula la altura mínima respecto al suelo. Es una pieza que, si se erosiona más de lo permitido, puede implicar una ventaja aerodinámica al reducir la resistencia del coche.
El equipo británico alegó las condiciones irregulares del asfalto y las vibraciones del circuito urbano como causas del desgaste, pero el reglamento fue inflexible. Los comisarios excluyeron a ambos coches de la clasificación final, desatando el caos en el paddock.
El nuevo podio quedó así:
Lo que iba a ser una fiesta naranja se convirtió en una noche roja y plateada. McLaren perdió no solo un doble podio, sino también una oportunidad de oro para sentenciar el campeonato.
Antes del Gran Premio de Las Vegas, Lando Norris lideraba con comodidad, seguido de Oscar Piastri y de un Verstappen que necesitaba un milagro para seguir soñando con el título. Ese milagro llegó. Con la sanción a los McLaren, el neerlandés recortó de golpe toda la distancia.
La clasificación tras el GP deja un panorama apasionante:
A falta de solo dos carreras, el margen es de 24 puntos entre los tres candidatos. Un error, una mala parada o una sanción podrían decidirlo todo. Lo que parecía un paseo hacia el primer título de Norris se ha transformado en una batalla épica.
La victoria de Verstappen no solo fue una muestra de talento y consistencia, sino también un golpe psicológico para sus rivales. Red Bull llevaba varias citas lejos del protagonismo, pero el neerlandés demostró que aún tiene hambre de títulos. “Sabíamos que necesitábamos una noche perfecta, y la tuvimos”, declaró al bajarse del coche.
En Mercedes, la alegría fue doble. Russell volvió al podio y Antonelli firmó su primer top 3 en Fórmula 1, confirmando que la apuesta por el joven italiano empieza a dar frutos. “No esperábamos esto, pero lo tomamos con los brazos abiertos”, bromeó Toto Wolff tras la carrera.
El campeonato llega a su tramo final con una tensión máxima. McLaren tendrá que recuperarse del golpe anímico y revisar cada detalle técnico para no repetir errores. Red Bull intentará mantener el impulso y aprovechar cualquier desliz de sus rivales. Y Mercedes, en su papel de tercero en discordia, puede convertirse en juez inesperado del título.
En el asfalto, quedan dos pruebas donde todo puede pasar. Norris sigue dependiendo de sí mismo, pero Verstappen ha vuelto a hincar el diente, y Piastri no piensa rendirse. La Fórmula 1 vuelve a demostrar que no hay guion predecible: en Las Vegas, la fortuna cambió de color. Y el campeonato, que parecía decidido, se jugará al todo o nada. Porque como bien sabe Verstappen, las carreras no se ganan hasta que cae la bandera… y habla la FIA.