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Por qué la piel de mantequilla se ha convertido en el acabado más deseado de 2025

Un brillo cremoso, pulido y sin excesos que reivindica el arte de preparar la piel como el verdadero secreto del maquillaje.

El 2025 está siendo el año de la piel. No porque antes no lo fuera, sino porque nunca hasta ahora el sector había asumido con tanta claridad lo que maquilladores profesionales llevan diciendo décadas: el resultado final depende, en gran medida, de cómo trates tu piel antes de aplicar una sola gota de base. La tendencia de preparar el lienzo se ha consolidado como un paso irrenunciable tanto para creadoras de contenido como para maquilladoras de backstage. Ya no se concibe un ‘look’ impecable sin un protocolo previo de hidratación profunda, sellado de la barrera cutánea y un pulido suave que aporte elasticidad.

En este contexto de culto al ‘glow’ controlado surge la “butter skin”, la evolución más natural y menos teatral de las pieles efecto “glass” o “dolphin”. Si aquellas buscaban un brillo casi especular, la llamada piel de mantequilla se mueve en un terreno más cremoso, cálido y realista. Es una piel que refleja salud más que luz, a medio camino entre la hidratación intensa y la suavidad aterciopelada, como si toda la superficie del rostro estuviera ligeramente fundida y uniforme, sin aristas, sin zonas resecas, sin brillos incómodos. Un acabado cero graso, pero muy jugoso.

Qué es realmente la “butter skin”

La traducción literal —“piel de mantequilla”— puede llevar a malentendidos, porque no se trata de un rostro brillante o aceitoso. La clave está en la textura: la tendencia persigue un acabado flexible, esponjoso a la vista y que transmite un aspecto pulido. La “butter skin” no busca cubrir las imperfecciones a capas, sino ir corrigiendo solo donde se necesita, trabajar la superficie para que la luz rebote de forma suave y crear un efecto crema que recuerde a una piel muy bien cuidada, incluso sin maquillaje.

Su base es una rutina de skincare puntual y muy enfocada a reforzar la barrera cutánea. Hidratantes ricas, pero de rápida absorción, tónicos calmantes, sérums con ingredientes que aportan elasticidad y luminosidad desde dentro, y un buen sellado final con emolientes ligeros. Es, en el fondo, una tendencia que reivindica la constancia más que la acumulación de productos.

Y aunque la estética nace en redes sociales, ya se ha asentado en alfombras rojas y editoriales. Actrices como Daisy Edgar Jones, cuyo acabado jugoso, pero ultrapulido ha sido una constante en su tour promocional este año, son un ejemplo evidente. También Greta Lee, que ha abrazado ese brillo interno sin caer en el exceso reflectante, y Hailey Bieber, que ha pasado de la “glazed donut skin” a este acabado más cálido y cremoso que suaviza los rasgos sin borrar la textura natural.

Cómo conseguirla este acabado desde el principio

Lograr una “butter skin” empieza en el baño, no en el neceser de maquillaje. Para preparar la piel, el primer paso es apostar por una limpieza que respete el manto hidrolipídico. Cuando la piel queda tirante después del limpiador, ningún acabado cremoso se sostiene. Un gel con pH equilibrado o una leche limpiadora que mantenga la piel flexible es la base perfecta.

A continuación, entra en juego un tónico o esencia hidratante que permita que el resto de los productos penetren mejor. En esta tendencia no buscamos exfoliaciones agresivas ni fórmulas demasiado astringentes, sino texturas que aporten calma y elasticidad. Ingredientes como la glicerina, la betaína o el pantenol son aliados ideales.

El sérum es fundamental para ese efecto jugoso desde dentro. Los más eficaces son los que combinan péptidos con ácido hialurónico de distintos pesos moleculares, capaces de rellenar visualmente la piel desde las capas más superficiales. También funcionan muy bien las fórmulas enriquecidas con vitamina B5 para recuperar la barrera tras periodos de estrés o clima cambiante.

La hidratante es la estrella de todo el look. Para la “butter skin”, funcionan especialmente bien las cremas de textura cremosa que se funden de inmediato y dejan un halo sedoso. Las que incluyen ceramidas o escualano proporcionan esa mezcla de nutrición y ligereza que hace que la base, después, no se apelmace ni migre. A modo de toque final, unas gotas de aceite facial ultraligero sellan la hidratación y suavizan la textura general.

Dos productos que encajan a la perfección en esta tendencia son Toleriane Sensitive Fluido de La Roche-Posay, que aporta hidratación calmante sin peso, y The Rich Cream de Augustinus Bader, un icono de textura sedosa que deja la piel flexible y muy luminosa sin sensación grasa.

El maquillaje que acompaña a la piel mantequilla

Una vez que la piel está hidratada y nutrida, el maquillaje debe trabajar con ella, no contra ella. La base ideal tiene cobertura ligera a media, acabado satinado y capacidad para fundirse sin dejar marcas. Lo más habitual es aplicarla en el centro del rostro y difuminar hacia fuera, buscando ese aspecto fresco y elástico característico de la tendencia. El corrector, en cambio, se utiliza solo donde sea estrictamente necesario.

Para unificar sin perder naturalidad funcionan especialmente bien bases como True Match Nude Serum Foundation de L’Oréal Paris, que aporta luz natural sin sensación aceitosa, y NARS Light Reflecting Foundation, una fórmula que deja un acabado suave, cremoso y equilibrado.

Iluminadores que se funden y coloretes que despiertan la piel

El iluminador en esta tendencia debe parecer un reflejo interno, no un toque metálico encima de la piel. Se prefieren texturas cremosas, en bálsamo o stick, que se integren con el resto del maquillaje sin dejar vetas ni partículas evidentes. Uno de los favoritos para este acabado es Merit Day Glow Highlighting Balm, un bálsamo cremoso que aporta un brillo suave y pulido que no marca textura.

En cuanto a coloretes, los más buscados son los de textura crema o gel, porque aportan ese rubor fresco que parece venir de la propia piel. Su función dentro de la butter skin no es solo dar color, sino mantener esa sensación de jugosidad que caracteriza la tendencia.

Westman Atelier Baby Cheeks Blush Stick es uno de los más celebrados por su textura “buttery” que se funde con la piel y deja un rubor suave, saludable y muy elegante.  La aplicación es clave: con los dedos o con una brocha de pelo suelto, presionando ligeramente para que la textura se integre con la hidratación previa. El resultado son mejillas elásticas, como si la piel hubiera recuperado su mejor versión.

¿Y la creatividad en el maquillaje?

Aunque la butter skin apuesta por una base suave y luminosa, no significa que el maquillaje deba quedarse en lo neutro. De hecho, este acabado tan pulido funciona como un lienzo perfecto para jugar con la creatividad en ojos y labios. Las sombras nude pueden reinventarse con matices melocotón, rosados o tierra satinados que aportan dimensión sin romper la armonía del look, mientras que los labios en tonos beige o caramelo permiten acabados innovadores gracias a glosses cremosos, fórmulas efecto bálsamo o mezclas personalizadas que combinan lápiz y brillo para lograr un volumen sutil. ¿Quieres inspiración para aplicarlo? Busca el trabajo de la maquilladora del momento, Nina Park.

La “butter skin” ha triunfado porque es realista. Favorece a pieles secas, mixtas y maduras porque no exige perfección, sino nutrición y equilibrio. Se adapta a looks diarios y a maquillaje más elaborado, y revive incluso los días de cansancio. Es un glow que respira, que se siente cómodo y que apoya la idea de que la belleza más favorecedora no es la que oculta, sino la que acompaña.

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