
El fútbol volvió a regalar una jornada llena de tensión para los equipos madrileños. Real Madrid y Atlético de Madrid encararon sus compromisos europeos con escenarios muy distintos, pero ambos acabaron celebrando victorias que pueden marcar sus respectivos caminos en la Champions League. Fue una noche de grandes nombres, goles decisivos y sensaciones que invitan a pensar en lo que viene.
El Real Madrid visitó Grecia con la obligación de reencontrarse con su mejor versión. La necesidad era evidente, y la respuesta llegó de la mano de un futbolista que, cuando entra en combustión, lo desordena todo: Kylian Mbappé. Los blancos ganaron 4-3 ante Olympiacos en un partido vibrante, caótico por momentos, pero inolvidable para el francés, autor de los cuatro goles.
El encuentro no fue cómodo para Xabi Alonso. El Olympiacos, empujado por un estadio en ebullición, aprovechó las dudas defensivas del Madrid para mantener vivo el duelo hasta el final. Pero cada acometida local encontraba respuesta inmediata en Mbappé, que firmó un hat-trick exprés en apenas seis minutos y medio. Tres acciones diferentes, tres maneras de definir y la sensación de que el partido giraba únicamente alrededor de él.
La defensa blanca, sin embargo, dejó más preguntas que respuestas. A pesar de los destellos ofensivos, el equipo permitió demasiadas facilidades en su área, lo que mantuvo al Olympiacos con vida incluso cuando parecía superado. El 4-3 final tuvo algo de alivio y algo de advertencia: el Madrid encontró a su líder, pero todavía debe afinar su estructura.
Aun así, la victoria supone un golpe anímico importante. Después de varias jornadas sin encontrar continuidad, este triunfo coloca a los blancos en una posición favorable para asegurar el pase a la fase eliminatoria. Y lo hace con un Mbappé que, jornada tras jornada, empieza a sentirse plenamente dueño del escudo.

Si el Madrid vivió una montaña rusa, el Atlético apostó por un guion más propio de su ADN. El 2-1 ante el Inter de Milán en el Metropolitano fue una demostración de carácter, resistencia y oportunismo. Diego Simeone buscó intensidad desde el arranque, y la encontró temprano con el gol de Julián Álvarez, que volvió a mostrarse incisivo en los primeros metros. La jugada, revisada por el VAR, confirmó la ventaja rojiblanca y obligó al Inter a asumir riesgos.
La reacción italiana fue seria. El Inter manejó la posesión, buscó espacios por dentro y exigió al Atlético en duelos individuales. Fue un partido cargado de choques, interrupciones y pequeños detalles tácticos en los que los locales se mantuvieron firmes. El empate visitante no descompuso al equipo, que supo aguantar sin perderse en transiciones imprecisas.
El desenlace llegó en un momento marca de la casa: un córner en el tiempo añadido, un envío preciso y un remate imponente de Josema Giménez. El central apareció donde más duele y firmó un gol que vale más que tres puntos. La celebración lo dijo todo: liberación, orgullo y la sensación de que el Atlético sigue siendo un rival incómodo para cualquiera, incluso cuando no domina el juego.
Con esta victoria, el conjunto rojiblanco suma nueve puntos en su grupo y depende de sí mismo para asegurar su clasificación. Más allá del resultado, la imagen del equipo fue la de un bloque que sabe sufrir y que encuentra soluciones incluso cuando el partido se complica.
Los triunfos de Real Madrid y Atlético dejan conclusiones diferentes, pero igualmente relevantes. El Madrid encontró en Mbappé al futbolista que puede cambiar temporadas. Su actuación no solo resolvió un partido que se enredó más de la cuenta, sino que también devolvió la confianza a un equipo que necesitaba un golpe de autoridad lejos del Bernabéu. El Atlético, por su parte, volvió a demostrar que su identidad competitiva sigue intacta. No fue un ejercicio de brillantez, pero sí de madurez, disciplina y determinación, ingredientes que alimentan sus aspiraciones europeas.
Ambos equipos cierran la jornada con sensaciones positivas y un mensaje claro: cuando la Champions exige carácter, Madrid y Atleti saben responder. Aunque ese no fue el mismo caso para el FC Barcelona, Athletic y Villareal.