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¿Los suplementos que tomas te están sentando mal?

Una guía clara para entender la tendencia y aprender a detectar cuándo tu cuerpo te está avisando.

En los últimos años, los suplementos se han convertido en una extensión natural de nuestras rutinas de belleza y bienestar. Ya no se trata solo de cremas, sérums o tratamientos capilares: ahora buscamos resultados que comienzan desde dentro. Colágeno en el café de la mañana, magnesio en la mesilla de noche, probióticos junto al desayuno y biotina en el bolso “por si acaso”. La tendencia no es casual. Vivimos un momento en el que la salud se ha vuelto más consciente y, al mismo tiempo, más accesible.

Sin embargo, esta popularidad también ha traído nuevas preguntas. Una de las más comunes es si todos estos suplementos nos están ayudando realmente o si, sin darnos cuenta, nos están sentando mal. Y sí, es algo que puede ocurrir más a menudo de lo que pensamos. El cuerpo tiene su manera de comunicarse y, cuando algo no le convence, lo dice. Solo hace falta saber interpretarlo.

La cara y la cruz de los suplementos

Por un lado, pueden cubrir déficits reales y mejorar síntomas concretos: digestiones más ligeras, piel más luminosa, menos estrés, mejor descanso. Son fáciles de incorporar y, bien elegidos, acompañan procesos estéticos y de salud con resultados visibles.

Pero también tienen su parte menos amable. No todas necesitamos las mismas cantidades ni los mismos formatos, y a veces los tomamos por tendencia, no por necesidad. Pueden causar molestias, interactuar entre sí o simplemente no encajar con nuestra biología. Y aquí es cuando aparece la gran cuestión: ¿cómo saber si lo que estoy tomando no me está funcionando?

Para ayudarte a identificarlo, repasamos los suplementos más populares y las señales que podrían indicar que necesitan un ajuste.

Colágeno

Es uno de los reyes del bienestar, pero no siempre sienta bien a todo el mundo. Si notas digestiones lentas, hinchazón o una sensación de pesadez después de tomarlo, puede que tu cuerpo no esté digiriendo bien ese tipo de colágeno. En ese caso, cambiar de origen o reducir la cantidad suele ser más efectivo que insistir. A veces, enfocarte en una dieta rica en proteína y vitamina C es suficiente para mejorar la síntesis natural sin necesidad de suplementar a diario.

Magnesio

Se ha vuelto el favorito para dormir mejor o regular el estrés, pero puede provocar diarrea o retortijones si el tipo no es el adecuado para ti. También es habitual sentir un cansancio extraño cuando el cuerpo no necesita más magnesio del que ya tiene. Si te ocurre, mover su toma a la noche o cambiar de formato suele ser clave para evitar molestias.

Probióticos

Aunque los relacionamos con digestión equilibrada, paradójicamente pueden causar más gases, distensión y sensación de “estómago lleno” cuando no son las cepas adecuadas. El intestino es extremadamente sensible a los cambios y a veces solo necesita empezar con menos cantidad. Antes de rendirte, prueba ajustar la dosis o explorar probabilidades más específicas según tus síntomas.

Biotina

Promete fortalecer el cabello, pero muchas veces termina manifestándose en la piel. Si notas más brotes de acné, aumento de sebo o un empeoramiento temporal del cabello, puede ser una señal de exceso. La biotina funciona mejor cuando está equilibrada con otras vitaminas del grupo B, y suele ser más útil revisar alimentación, estrés y cuidado capilar antes de recurrir a dosis altas.

Vitamina D

Es una de las más recomendadas, pero es también de las que más se acumulan en el organismo. Cuando no la necesitamos, puede causar dolores de cabeza, náuseas o un cansancio poco habitual. Lo ideal es confirmarla siempre con una analítica y ajustar la dosis según la estación y tus hábitos de exposición al sol.

Omega 3

Uno de los más nobles, pero no todas toleran bien ciertas calidades o recubrimientos de cápsulas. Si aparece reflujo con sabor a pescado o náuseas, podría tratarse más de la pureza del producto que del omega 3 en sí. Tomarlo con comida o apostar por opciones de mayor calidad suele mejorar mucho la experiencia.

Complejos para “piel, cabello y uñas”

Su fórmula multifunción suena perfecta, pero precisamente por mezclar tantos nutrientes pueden causar digestión pesada, un nerviosismo extraño o pequeños brotes. Son útiles cuando se toman por periodos cortos y cuando realmente cubren una necesidad concreta. A veces, una fórmula más simple —y más personalizada— da mejores resultados.

Cuando el cuerpo habla, conviene darle atención

La industria de los suplementos sigue creciendo y seguirá haciéndolo. Es una tendencia que responde a una búsqueda real: queremos sentirnos bien y cuidar de nosotras desde dentro. Pero la clave no está en acumular envases, sino en aprender a escucharnos. Cuando un suplemento no encaja, el cuerpo lo nota antes que nosotras. Pequeñas molestias, cambios en la piel, digestiones extrañas o sensaciones nuevas que no tenías antes pueden ser señales de que necesitas ajustar, reducir o incluso pausar.

Lo más valioso de esta tendencia no es la lista infinita de productos disponibles, sino la posibilidad de construir rutinas más conscientes. Observarnos, entender lo que realmente necesitamos y, si es necesario, pedir orientación profesional convierte al suplemento en un aliado y no en una carga. La belleza que empieza desde dentro solo funciona cuando lo de dentro está en equilibrio. Y esa conversación, por mucho que esté de moda suplementar, siempre empieza por escucharte.

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