
San Mamés acostumbra a ser un estadio incómodo para cualquiera que se atreva a visitarlo, pero anoche el Real Madrid entró con una determinación que desactivó al Athletic desde el minuto siete. Ese fue el tiempo que necesitó Kylian Mbappé para abrir el marcador, en una jugada que sintetiza la esencia del francés: recepción orientada, aceleración sin aparente esfuerzo y un disparo cruzado imposible para Unai Simón. El golpe dejó desconcertado al Athletic, que había salido con intenciones de presionar arriba, pero cuya estructura se diluyó en cuanto el Madrid encontró espacios.
El equipo de Xabi Alonso, que llegaba tras tres empates consecutivos en liga, mostró desde el inicio una versión más reconocible: líneas juntas, circulación rápida y una agresividad medida que impidió al Athletic progresar por dentro. Nico Williams, una de las bazas ofensivas más temidas, apenas pudo participar durante el primer tramo del encuentro. Cada intento rojiblanco se encontraba con un muro blanco, liderado por un Camavinga omnipresente.
El Athletic quiso reaccionar buscando a Guruzeta y generando alguna llegada lateral, pero nunca consiguió amarrar dos o tres acciones consecutivas que hicieran creer a San Mamés que podía cambiar el guion. Al contrario, la sensación fue que el Madrid manejaba el partido a su antojo.
El encuentro maduró hacia el dominio blanco sin necesidad de un ritmo vertiginoso. El Real Madrid manejó la posesión, 62% al final del partido, sin caer en la previsibilidad que lo había lastrado semanas atrás. Bellingham se movió con comodidad entre líneas, Rodrygo estiró el campo por la derecha y Camavinga se convirtió en la brújula y el motor del equipo.
El Athletic comenzó a perder metros, y con ello, confianza. Sus acercamientos se volvían esporádicos y poco profundos, mientras que el Madrid aceleraba cuando detectaba fisuras. Una de esas rupturas llegó al filo del descanso: Mbappé recibió entre central y lateral, levantó la cabeza y sirvió un pase medido a Camavinga, que atacó el área con determinación para firmar el 0-2. Un gol que cayó como un jarro de agua fría y que dejó a los rojiblancos con gesto resignado camino a vestuarios.
La segunda parte trajo un guion similar. El Athletic quiso adelantar líneas, pero cada intento de presión era desactivado con pases firmes y movimientos coordinados de un Real Madrid que volvió a sentirse dueño de la noche. En el minuto 59, Mbappé sentenció: recibió en la frontal, se perfiló hacia su mejor pierna y colocó el balón lejos del alcance de Unai Simón. La calidad en la ejecución fue la prueba de que, cuando el francés decide, el partido cambia de nivel.
Con el 0-3, San Mamés quedó en silencio. El Athletic no encontró forma de inquietar a Lunin, mientras que el Madrid cerró el duelo con oficio y sin precipitarse, manejando los tiempos y evitando riesgos innecesarios. Las estadísticas finales mostraron un partido controlado por los blancos: más llegadas, más remates y una sensación constante de superioridad.
Después del triunfo, el Real Madrid sube a 36 puntos tras 15 jornadas, quedándose a solo un punto del liderato. Más allá de la clasificación, la victoria tiene un valor anímico enorme: el equipo reencontró su equilibrio futbolístico, apoyado en el talento individual pero también en una estructura que funcionó como no lo había hecho en semanas. El rendimiento de Camavinga, la influencia constante de Mbappé y la madurez táctica demostrada en un estadio exigente refuerzan la sensación de que los blancos siguen en la carrera grande.
Para el Athletic, en cambio, la derrota abre interrogantes. El equipo mantiene 20 puntos y se queda octavo, todavía cerca de la pelea por Europa pero lejos de los puestos de privilegio. Más allá del resultado, la preocupación está en las sensaciones: por momentos, el equipo parecía superado en energía, ideas y personalidad. Su presión quedó desactivada, y la falta de profundidad ofensiva le impidió competir el partido.
La ausencia de alternativas desde el banquillo y la desconexión entre líneas dejaron claro que el Athletic necesita ajustar mecanismos si quiere mantener el ritmo de los equipos que pelean por Europa. La Liga queda ahora más apretada en la parte alta, con un Real Madrid que vuelve a sonar a candidato serio, a solo un punto del FC Barcelona, y con un Athletic que deberá reinventarse para no perder contacto con la zona noble.