
Una noche de Champions con sabor a vértigo europeo terminó inclinándose del lado del Manchester City en el Santiago Bernabéu. El Real Madrid se adelantó con autoridad, pero no pudo sostener la ventaja y acabó cediendo por 1-2 ante un City que aprovechó los errores locales para darle la vuelta al marcador y acercarse con fuerza en la fase de liga de la UEFA Champions League.
Desde el pitido inicial se respiró tensión en el coliseo blanco. El Real Madrid dispuso las líneas con ambición y pronto se encontró con una recompensa que parecía casi inevitable. Rodrygo, con un disparo ajustado y lleno de convicción, rompió su sequía goleadora y puso al Madrid por delante en el minuto 28, provocando la euforia de la grada.
Pero ese ambiente se tornó en inquietud antes del descanso. Un error compartido, primero en la salida y luego en defensa, permitió a Nico O’Reilly empatar tras reaccionar con rapidez a un rebote que Courtois no pudo controlar. Ese golpe anímico para los blancos fue apenas el preludio de la remontada: pocos minutos después, fruto de una falta al borde del área, Erling Haaland transformó un penalti con su maestría habitual y desató la tensión visitante.
Con la igualada y la ventaja parcial para el City, la segunda mitad se jugó con una intensidad que desbordó cualquier pronóstico. El Madrid buscó rearmarse con balón, pero los ingleses mostraron más claridad en cada transición ofensiva y supieron contener los ataques de los locales, incluso cuando estos se lanzaron con más corazón que precisión hacia el empate.
El Real Madrid ofreció una de sus versiones más entusiastas de lo que va de temporada. La actitud colectiva mejoró con respecto a partidos recientes y la propuesta fue siempre ofensiva, con Rodrygo y Vinícius marcando ritmo y profundizando por las bandas. Sin embargo, las pérdidas en zonas comprometidas y la falta de contundencia defensiva terminaron marcando la diferencia.
Xabi Alonso, cuya continuidad como entrenador ha sido objeto de debate, vio cómo se intensificaba la presión sobre su proyecto. La ausencia de Kylian Mbappé por molestias físicas condicionó la capacidad goleadora del equipo y dejó al técnico con menos recursos ofensivos de los esperados.
Por su parte, el Manchester City volvió a demostrar su instinto letal en momentos decisivos. La reacción tras el gol inicial del Madrid fue fría y calculadora, con Nico O’Reilly punzando en cuanto tuvo oportunidad y Haaland rubricando la remontada con solidez desde los once metros. El conjunto de Pep Guardiola se mostró sólido sin brillar en exceso, eficiente en cada balón dividido y con una lectura táctica que supo castigar los errores rivales.
La segunda mitad estuvo marcada por un equilibrio que favoreció al visitante: el City supo gestionar las transiciones y, aunque el Madrid lo intentó con cambios ofensivos, incluida la entrada de Endrick y Brahim, no logró encontrar el resquicio necesario para al menos igualar. El intento de Endrick encontró el larguero en el tramo final, lo que resumió a la perfección la mezcla de ambición y mala fortuna local.
Este triunfo coloca al Manchester City en una posición más cómoda de cara a la clasificación en la fase de liga de la Champions League. Con 13 puntos tras seis jornadas, los ingleses se meten de lleno en la pelea por terminar en el ‘top 8’ que da acceso a la siguiente ronda, y lo hacen con un impulso notable tras una remontada de mucho carácter.
El Real Madrid, pese a la derrota, sigue con 12 puntos y dentro de los ocho mejores, aunque la sensación es de fragilidad tras encadenar dos derrotas en casa consecutivas. El calendario que enfrentará a los blancos con rivales como Mónaco y Benfica en enero se antoja clave para sus aspiraciones europeas.
Más allá de los puntos, el choque dejó un mensaje claro: el Madrid debe pulir detalles defensivos y encontrar variantes ofensivas más allá de su tridente habitual si quiere competir a alto nivel europeo de forma sostenida. El City, mientras tanto, exhibe esa mezcla de pragmatismo y ambición que caracteriza a los equipos que saben leer los momentos cruciales de una temporada.
La derrota también reaviva el debate en torno al proyecto liderado por Xabi Alonso. La grada del Bernabéu, exigente como pocas, vivió momentos de euforia y frustración en el mismo encuentro, recordando que en el fútbol moderno los márgenes de error son cada vez más estrechos. Un partido que comenzó prometiendo grandes cosas para los blancos terminó siendo un aviso de la competitividad feroz que impone la Champions.
En ese contexto, el Real Madrid debe reaccionar rápido. Las próximas semanas definirán si esta caída es una anomalía o el síntoma de un problema más profundo. La Champions no espera.