
En una de las noches más vibrantes de la Champions League 2025-26, el Real Madrid cayó 4-2 en el Estádio da Luz frente al SL Benfica y se quedó fuera de los ocho primeros equipos clasificados directamente a octavos de final. El partido, repleto de emociones hasta el último segundo, marcó un punto de inflexión en la campaña europea de los madrileños.
El choque tenía un matiz especial: además de ser una final de fase de grupos, enfrentaba a Álvaro Arbeloa, técnico del Real Madrid, contra José Mourinho, ahora en Lisboa y ante su exequipo, en un escenario cargado de simbolismo para ambos conjuntos. El Madrid llegaba con la posibilidad de asegurar la clasificación directa a octavos si ganaba, mientras que el Benfica, ya eliminado, buscaba sellar su continuidad europea entrando en el “top-16” que da acceso a la ronda de playoffs.
El inicio fue favorable a los blancos: Kylian Mbappé adelantó al Madrid con un cabezazo rumbo al minuto 30, mostrando su instinto goleador habitual. El francés, que suma una cifra amplia de tantos en esta Champions, parecía encaminar un triunfo que habría simplificado la vida de los madridistas en Europa.
Benfica no se vino abajo tras el gol visitante. Con orden y energía, los portugueses recuperaron terreno y Andreas Schjelderup empató primero y después adelantó a su equipo antes del descanso, poniendo al Madrid contra las cuerdas. A esos goles se sumó un tanto desde el punto de penalti que consolidó el 3-1 parcial para los locales.
El choque se intensificó, con dos expulsiones en el bando madridista (Raúl Asencio y Rodrygo) dejando a los blancos con nueve jugadores en los minutos finales. El Benfica entonces jugó sus cartas a la perfección. Ya con la prórroga casi empezada, el portero Anatoliy Trubin se elevó para marcar de cabeza el 4-2 definitivo, un tanto que desató la locura en Lisboa y certificó la clasificación del Benfica entre los 24 equipos que seguirán en Europa tras la fase de grupos.
Desde la perspectiva española, la derrota en Lisboa fue recibida con frustración. El Real Madrid, que dominó gran parte de la posesión y mostró superioridad en fases del encuentro, no supo neutralizar las transiciones del Benfica ni gestionar la presión cuando los locales se hicieron con el control.
Las expulsiones complicaron aún más la situación, y la falta de cohesión defensiva en momentos clave fue un problema evidente para Arbeloa. Aunque Mbappé marcó por partida doble y estuvo entre los más destacados, la actuación colectiva no fue suficiente para superar a un Benfica muy motivado y tácticamente sólido.
Este resultado también tiene un impacto importante en la temporada del Real Madrid: el equipo deberá jugar una ronda extra de playoffs en febrero, en lugar de acceder directamente a los octavos de final, lo que complica su itinerario continental y añade desgaste competitivo.
Para los madridistas, esta derrota en Lisboa no solo es un resultado adverso, es una advertencia clara sobre la necesidad de afinar detalles defensivos y de cohesión táctica en los momentos decisivos de la temporada. La Champions vuelve a mostrar que cada partido se juega con intensidad máxima y que ningún rival, ni siquiera un equipo ya eliminado como el Benfica, se puede subestimar.