God of War vuelve al inicio con Sons of Sparta.
El último State of Play dejó una de esas sorpresas que nadie esperaba ya que ni siquiera sabíamos que lo necesitábamos. Entre anuncios esperados y tráilers que ya medio conocíamos, apareció un nuevo God of War que nadie veía venir. Se llama God of War: Sons of Sparta y no solo cambia la escala de la saga, también cambia la forma de contarla.
Esta vez no hay cámara al hombro ni mundo abierto gigantesco, Sons of Sparta es un juego en 2D, con estructura de metroidvania, que se enfoca en los primeros años de Kratos. Antes de los dioses, antes de la venganza, antes de todo. Un Kratos joven, crudo, todavía formándose como guerrero espartano.
Lo mejor es que el anuncio no vino con promesas a futuro ni fechas lejanas, el juego se presentó y, en ese mismo momento, quedó disponible. El cambio a 2D no se siente como algo menor, al contrario, encaja perfecto con la intención del juego: exploración, combate directo, escenarios bien diseñados y esa sensación de avanzar poco a poco, desbloqueando habilidades y entendiendo el mundo a través del juego, no de cinemáticas eternas. Es otro ritmo, más compacto, más concentrado, pero con el ADN de God of War intacto.
Sons of Sparta ya está disponible en PlayStation 5 y se siente como una de esas joyas que nadie pidió, pero que muchos necesitábamos. Un God of War más directo, más contenido, más enfocado en jugar que en impresionar. A veces, volver al inicio es justo lo que hace falta para recordar por qué esta saga importa tanto.